Por tierras de España: De Burgos a Silos y Covarrubias | José Riqueni Barrios

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Si nos hospedamos en Burgos capital varios días, una excursión, sin duda inolvidable, será la que nos lleve a Santo Domingo de Silos y Covarrubias, echando la mañana al completo en Santo Domingo, almorzando allí, y tomando café en Covarrubias.

En esto, como madrugar es costumbre asentada y de comprobada eficacia en nuestro natural ser viajero, con las primeras luces del día dimos cuenta de abundante y variado desayuno, a la par fuimos repasando nuestro cuaderno de viajes debidamente completado, sabiendo en gran medida y de antemano todo aquello que deseábamos conocer, dejando hueco a las sorpresas y descubrimientos que a muy buen seguro nos depararía una nueva aventura. De modo y manera que, sin más demora, sorteamos las calles y rotondas de la capital burgalesa con nuestra mirada puesta en Santo Domingo, deseosos de pisar camino prieto llano y despejado para poner nuestros caballos diésel a galope tendido y surcar las carreteras de nuestra amada patria, deleitándonos con el frescor de la mañana, tomando conciencia del olor a pasto, contemplando una vez más la luz en tonos miel que incendia de oro los pastos que orillan la carretera, asistiendo a la fiesta de los pajarillos de la foresta tan contentos en sus alocados vuelos y revuelos de aquí para allá, dando la bienvenida a un nuevo día, experimentando al gozo de vivir que todo ser vivo posee. Siendo tal escenario y horas de gran e intenso bienestar a nuestro ser y estar, culos de mal asiento, cuando el sano e instructivo hábito de andar y desandar caminos llama puntualmente a nuestra alma allá a finales de junio.

Desde Burgos capital, pues, buscamos la autovía A-1 en dirección sur (Lerma-Aranda de Duero) y a unos 9 km, a la altura de Sarracín, tomamos la N-234 en dirección a Soria hasta Hacinas. Allí se gira a la derecha, pasando por Carazo hasta entrar en nuestro destino, Santo Domingo de Silos, un lugar con gran encanto que conserva su lavadero municipal.

Santo Domingo de Silos (Burgos): Paseábamos por las calles de Silos y en esto, las campanas llamaban a misa de 9 am. (los horarios de misa son variables según tipo de día). Así que localizamos la torre de la iglesia y nos acomodamos en la zona central en un banco. Dicha estancia, mermada de luz, es de lo más sencillo que pueda haber. En aquella paz, llegada la hora nona, de repente, sumidos en un silencio sepulcral, los registros del órgano inundaron el espacio y se funcionaron con los cantos melodiosos en gregoriano de un cortejo de monjes encapuchados que embocó el pasillo central del templo desde la entrada, situada a nuestra espalda, y que al llegar a nuestra altura, con nosotros absortos en aquella conjunción divina de acordes de viento y voces, en una seminconsciencia de placer terrenal, no reparamos en tan brusca aparición que a buen ritmo avanzaba por nuestra retaguardia hasta que la inesperada y decidida comitiva nos ganó la acción ¡Madre mía, qué susto! Al llegar al altar, el grupo de cantores se distribuyó a ambos lados en los sillones del coro. Justo entonces, en parte repuestos de aquella aparición de otro mundo, nuestro corazón elevó el ritmo de sus latidos, una manifestación fisiológica de lo inefable de aquellos momentos, un elixir para nuestra kilometreada alma, escena que aún, a día de hoy, constituye uno los recuerdos más inolvidables de nuestras vivencias por mil y un rincones de nuestra amada España, un cromo favorito de nuestro álbum de la nostalgia que no pensamos cambiar por ningún otro, porque en parte es verdad eso de se vive porque se recuerda.

Monasterio de Santo Domingo de Silos

 El claustro (s.XI) del Monasterio de Santo Domingo de Silos es uno de los hitos más sobresalientes del arte románico en España. Se trata de un conjunto de dos pisos con arquerías (60 arcos de medio punto) sostenidas por dobles columnas. La decoración de los capiteles (64) del nivel inferior es magnífica. En el centro de cada galería encontramos grupos de cinco columnas. A la par son de gran belleza los bajorrelieves de las esquinas (8 en total), denominados estaciones, en los que se representan escenas de la vida de Cristo, auténticas obras maestras de la escultura románica. En el patio, enhiesto, aparece el ciprés de Silos (25m, año 1882) que en su día inmortalizase Gerardo Diego en uno de sus poemas.

Bajorrelieve de la Ascensión (Claustro de Silos)

 La decoración de los capiteles comprende motivos animales o florales con claras influencias musulmanas. La vista a este claustro, dada la variedad de decoración de los capiteles, se entiende reposada y sujeta a un folleto o guía que nos vaya localizando cada capitel y explicando el significado de su decoración.

Tras contemplar este inolvidable, sabroso y espectacular claustro, pasamos al museo del monasterio y a su antigua farmacia que conserva una hermosa colección de frascos de Talavera.

El Monasterio de Silos tiene una hospedería muy solicitada, sin duda por la paz que reina en este lugar.

Alrededores: Desfiladero de La Yecla

Si hemos convenido ir a Covarrubias desde Santo Domingo de Silos, hay que tomar la salida en dirección al Lerma y pasado Santibáñez del Val girar a la derecha hasta encontrar Covarrubias.

Covarrubias (Burgos): Covarrubias es Castilla, eso reza en los dichos de estos parajes. Se trata de un pueblo castellano fundado allá en el s. X que conserva parte de sus murallas defensivas y la torre de Doña Urraca. El barrio antiguo se muestra con sus casas de fachadas con entramados de madera y soportales con columnas de piedra.

Covarrubias

En la colegiata de Covarrubias reposan los restos del Conde Fernán González (s. X), artífice de la autonomía castellana, y los de su esposa, delante del altar mayo, y los de la princesa noruega Cristina, que tomó bodas en 1258 con el infante Felipe de Castilla. En total se cuentan más de veinte tumbas medievales. Es recomendable visitar también el museo-tesoro en donde encontraremos un tríptico cuyo panel central se atribuye a Gil de Siloé y una cruz procesional muy trabajada por los orfebres de Calahorra (s. XVI).

Aquel órgano y aquellas voces de la iglesia de santo Domingo de Silos, en una conjunción celestial, van con nosotros desde aquella mañana y nos llaman de tarde en tarde para poner nuestra mirada en santo Silos, un remanso de paz que contrasta sobremanera con nuestra vida de hueros y desnortados urbanitas que, sin saberlo, aceleran eso de tempus fugit, porque sólo el tiempo del gozo cuenta, lo demás es purgatorio, y aquellos que más gozan a diario, más viven y menos mueren.

José Riqueni Barrios  | Escritor