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La deriva institucional que sufre la nación encuentra su reflejo más alarmante en la multiplicación de los focos de ruptura territorial. Cuando el propio Ejecutivo de Pedro Sánchez dinamita la unidad de España y premia la insumisión de las periferias, el contagio resulta inevitable. La falta de un proyecto nacional unificado y sugestivo fomenta que las distintas partes del territorio busquen activamente su propio camino hacia la fragmentación. La máxima que advierte que la ruptura siempre arrastra más ruptura adquiere hoy una vigencia dramática en el corazón de la península ibérica.
El sentimiento separatista ya no constituye un fenómeno exclusivo de las regiones tradicionalmente bilingües o con un historial de conflictividad política como la catalana, la vasca o incluso la gallega. El denominado leonesismo político avanza con paso firme en su estrategia de segregación, utilizando como excusa inmediata la creación de una decimoctava comunidad autónoma. Este nuevo ente administrativo agruparía de forma definitiva a las provincias de León, Zamora y Salamanca, desgajándolas del mapa de Castilla y León. Lo que los promotores presentan como una simple reorganización administrativa representa en realidad un peldaño previo hacia una desafección total con el resto del Estado español.
El avance imparable de las mociones de desconexión local
La Unión del Pueblo Leonés, tal como recoge El Debate. capitanea este desafío rupturista mediante la presentación sistemática de mociones de censura territorial en los diferentes ayuntamientos de la zona. La formación localista aprovecha el descontento socioeconómico y el abandono inversor para sembrar la semilla de la división entre los vecinos. La estrategia de goteo constante cosecha resultados cada semana, sumando voluntades políticas en municipios medianos y pequeñas corporaciones locales del entorno rural.
El partido que promueve las mociones en los pueblos de las tres provincias anunció recientemente que una nueva localidad votó a favor de independizarse de Castilla, elevando la cifra total de municipios rebeldes a 78. El último episodio de esta ofensiva institucional ocurrió en la Junta Vecinal de Otero de Curueño, una pequeña entidad menor perteneciente al municipio leonés de Valdepiélago. El representante del partido leonesista y presidente de la entidad local menor, José Luis Álvarez-Acevedo, presentó y defendió en persona la polémica iniciativa para avanzar en la autonomía de la denominada Región Leonesa.
El comunicado oficial remitido por la organización detalla las condiciones en las que se produjo este nuevo triunfo del localismo identitario. Según refleja el acta del encuentro vecinal, «El pedáneo defendió la necesaria constitución de la Región Leonesa como solución a los problemas socioeconómicos que presenta su territorio. Al concejo en el que se procedió a la votación de esta moción por la autonomía de la Región Leonesa acudieron 25 personas, de los cuales 19 votaron a favor de la misma y seis se abstuvieron».
Una representatividad demográfica en constante crecimiento
La suma de estos pequeños triunfos locales configura ya un mapa político de cierta complejidad que las instituciones centrales no pueden seguir ignorando por más tiempo. Desde la Unión del Pueblo Leonés recuerdan con insistencia que esta moción para constituir una autonomía propia cuenta, por ahora, con el apoyo de 78 municipios que representan al 58 % de la población de la provincia leonesa y otros cinco de las de Zamora y Salamanca. Estas cifras demuestran que el discurso de la separación cala con fuerza entre la ciudadanía, que percibe la ruptura del marco autonómico actual como la única salida a la crisis demográfica y económica.
El rescate de proyectos históricos de la Segunda República
La ofensiva de los partidarios de la división no se limita a la actividad plenaria de los ayuntamientos, sino que abarca también una intensa batalla por el relato histórico. Los colectivos leonesistas dedican grandes esfuerzos a rescatar del olvido antiguos documentos que justifiquen jurídicamente sus aspiraciones de soberanía. Esta búsqueda de antecedentes llevó recientemente al hallazgo de un antiguo borrador institucional diseñado durante el periodo de la Segunda República por un historiador de origen asturiano.
Los representantes de la Unión del Pueblo Leonés registraron una Proposición No de Ley para exigir el traslado de este proyecto de estatuto de autonomía conjunto entre la Región Leonesa y Asturias hacia la ciudad de Salamanca. Los proponentes exigen que el texto reciba custodia en el Archivo General de la Guerra Civil Española tras abandonar su ubicación actual en el Archivo General Militar de Ávila. El documento en cuestión, datado entre los años 1936 y 1937, contemplaba la creación de una gran comunidad autónoma conformada por León, Zamora, Salamanca y la antigua provincia de Oviedo, un plan que el bando republicano pretendía materializar en caso de lograr la victoria militar en la contienda.
El rechazo a la identidad compartida y el aislamiento regional
Los defensores de esta iniciativa desmarcan su identidad de los lazos históricos y culturales que unieron a estos territorios con las regiones colindantes durante siglos de historia común. El rechazo a la condición castellana constituye el eje central sobre el que pivotan sus discursos públicos y sus campañas de agitación social. En sus declaraciones públicas, los portavoces de la formación marcan distancias nítidas con el resto de las comunidades del entorno, perfilando un escenario de exclusión identitaria.
Pese a la herencia compartida dentro de la actual autonomía, los líderes del movimiento precisan de forma categórica que «en León, Zamora y Salamanca ni somos castellanos, ni somos asturianos, somos leoneses, lo que para nosotros significa estar orgullosos de la Región Leonesa, respetando y colaborando con nuestras regiones vecinas, Asturias, Castilla, Galicia y Extremadura, así como con nuestro país hermano, Portugal».
El apoyo del PSOE
La pasividad y complacencia el Gobierno central y el apoyo del PSOE ante estos movimientos provinciales debilita el proyecto común nacional y alienta a quienes desean sustituir la soberanía nacional por un mapa de pequeños estados insolidarios.
En este contexto, el pleno de la Diputación de León aprobó en su día una moción a favor de la autonomía leonesa con los 13 votos a favor de PSOE y Unión del Pueblo Leonés (UPL) y a pesar de los 11 en contra de Partido Popular y Vox. La iniciativa presentada por UPL solicita a la Junta de Castilla y León que se inicien los trámites para la formación de una comunidad autónoma propia para la Región Leonesa, en la que el leonesismo incluye a las actuales provincias de León, Zamora y Salamanca, «amparada en el artículo 2 de la Constitución Española» que reconoce el derecho a la autonomía de las regiones
Esta declaración de principios esconde un paso más en la ruptura de España a través de la fragmentación de sus estructuras históricas fundamentales.
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