Feijóo apoya la eutanasia y el aborto y se lo impone a Vox. ¿Qué hará Abascal?

Feijóo asume el aborto y la eutanasia

La hipocresía de Feijóo: se define como provida, pero defiende la eutanasia y el aborto sanchistas

La deriva ideológica de la pseudo derecha convencional en España ha alcanzado su punto de no retorno. Alberto Núñez Feijóo ha consumado una de las mayores estafas políticas de la historia reciente al mimetizarse por completo con la agenda social del sanchismo y del globalismo europeo. Quienes esperaban en el Partido Popular un dique de contención moral frente a las leyes más destructivas de la izquierda han asistido a la rendición incondicional de unas siglas que, bajo el pretexto de la moderación y la gestión tecnocrática, han abrazado sin ambages la cultura de la muerte. La estrategia del PP ya no consiste en derogar el legado de la izquierda, sino en gestionarlo de manera más eficiente, convirtiéndose en el cooperador necesario para la consolidación de un marco legal que atenta contra la dignidad humana.

Esta sumisión cultural e ideológica desvela una preocupante falta de principios. El PP opera bajo la premisa de que los consensos izquierdistas son irreversibles, adoptando una postura de seguidismo que invalida cualquier alternativa real al modelo antropológico de la izquierda. Al validar las leyes del aborto y la eutanasia, los populares no solo abandonan a millones de votantes que confiaban en la defensa de la vida, sino que se convierten en promotores activos de la cultura de la muerte donde la vida humana pierde su valor absoluto y queda supeditada a criterios políticos, presupuestarios o de pura conveniencia electoral.

El olvido de los principios: de aplaudir al Papa a defender la cultura de la muerte

Hace más de una semana que el Papa pisó el Congreso de los Diputados para dar a todos los presentes una gran lección: la importancia del derecho a la vida en un país en el que tanto el aborto como la eutanasia forman parte del marco legal vigente. Tras sus palabras, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, aseguró que compartía de «la A a la Z» el discurso «histórico». Aquellos aplausos en sede parlamentaria y las declaraciones grandilocuentes ante los medios de comunicación parecían indicar un atisbo de coherencia y un compromiso firme con los valores fundamentales de la civilización cristiana. Sin embargo, la puesta en escena duró lo que tardaron en apagarse los focos del hemiciclo.

Una semana después, el líder de la oposición ha cambiado de opinión, se le han olvidado las palabras del Santo Padre. En una entrevista en El Hormiguero de Antena 3, Feijóo defendió las normas que impulsan la cultura de la muerte. Ante una audiencia millonaria, el presidente del Partido Popular dejó claro que su supuesta sensibilidad provida es maleable y estrictamente instrumental. De hecho, se comprometió a reformar la ley de la eutanasia y a elaborar una «nueva redacción» para «perfeccionar» la norma con «garantías» y que las personas tengan «más información médica» y «más libertad» para tomar «una decisión irreversible». Esta declaración es de una gravedad extrema, pues no plantea la abolición de una práctica intrínsecamente perversa, sino su protocolización y asentamiento institucional. Regular el homicidio asistido bajo el eufemismo del «perfeccionamiento» es la estrategia del PP para blanquear las políticas más radicales de la izquierda.

Feijóo impone el consenso europeo para blindar la ley de plazos

En cuanto a la ley del aborto, el presidente del PP negó cualquier posibilidad de modificar la ley de plazos incluso con Vox en un futuro Gobierno de coalición. «Es una ley que se contextualiza en el ámbito de Europa y por tanto somos al final la Unión Europea», afirmó. Esta declaración constituye una capitulación absoluta ante las corrientes globalistas y una renuncia explícita a la soberanía moral de la nación. Al escudarse en el contexto de la Unión Europea, Feijóo asume que el derecho a la vida de los no nacidos es negociable y depende de las modas ideológicas mayoritarias en Bruselas.

El líder del PP le puso líneas rojas a Vox y bloqueó de antemano cualquier debate sobre la protección de la maternidad y la vida prenatal en un hipotético ejecutivo conjunto. El aborto ya no es para el PP una tragedia que se deba combatir o reducir, sino un derecho plenamente consolidado que consideran intocable. El Partido Popular se alinea así con el bloque socialdemócrata europeo, asumiendo los dogmas que desarticulan la familia y desprotegen sistemáticamente al ser humano en su etapa más vulnerable.

¿Qué hará Vox? La encrucijada moral por los sillones del poder

Ante este escenario de asimilación ideológica por parte del centroderecha, la gran incógnita se traslada al otro lado del espectro político. ¿Qué hará Vox? El partido liderado por Santiago Abascal se encuentra ante el examen definitivo que marcará su identidad histórica. Si el PP ya ha dejado claro que es un partido plenamente integrado en el sistema y que promueve la cultura de la muerte a través de la aceptación legal y la consolidación administrativa, Vox debe decidir si actúa como una alternativa real o como un simple monaguillo del poder.

Feijóo le impone las líneas rojas a Vox de forma unilateral y prepotente. Si la formación verde acepta entrar en el gobierno y acatar el aborto y la eutanasia como realidades inamovibles —el divorcio ya ni se discute ni se cuestiona—, se habrá vendido por la poltrona al igual que el resto de los partidos del sistema. Una claudicación de este calibre significaría la pérdida total e irreversible de cualquier autoridad moral ante sus votantes. Vox se convertiría en más de lo mismo: otra fuerza política atrapada por el pragmatismo del poder, vaciada de contenido doctrinal y reducida a una maquinaria de colocación de cargos públicos. Lo que sería aún peor, habría renunciado a sus principios esenciales antes de llegar al poder, invalidando el motivo mismo por el cual nació.

El momento de la verdad para la oposición a la cultura de la muerte

Es el momento de que Vox demuestre qué quiere ser. Del PP ya sabemos exactamente qué esperar: la perpetuación de las políticas de la izquierda globalista con una gestión contable diferente, la sumisión a las directrices de Bruselas y la consolidación definitiva de la cultura de la muerte en España. Ahora le toca a Vox mover ficha. El partido de Abascal no puede limitarse a la pataleta discursiva ni a las declaraciones de principios en la oposición mientras acepta los marcos mentales y las líneas rojas de Feijóo a las primeras de cambio.

Los votantes provida y los defensores de los valores innegociables exigen firmeza. No bastará con conseguir ministerios o consejerías menores si el precio a pagar es la aceptación pasiva del aborto generalizado y la muerte a la carta administrada por el Estado. Si Vox cede ante los ultimátum de Feijóo para asegurar los sillones de un futuro consejo de ministros, confirmará que el sistema de partidos es un engranaje donde las convicciones morales siempre cotizan a la baja. La historia no perdonará a quienes, teniendo la oportunidad de plantar cara al nihilismo imperante, prefirieron la comodidad del coche oficial a la defensa incondicional de la vida humana.


Tags: Feijóo, PP, Vox, aborto, eutanasia, traición, principios

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