La política exterior de una nación soberana no debe ser nunca el tablero de juego personal de un presidente, y mucho menos el botín de un chantaje. Sin embargo, lo que España está presenciando bajo el mandato del socialista Pedro Sánchez no es diplomacia, sino una claudicación y un vasallaje en toda regla. Al entregar el Sáhara Occidental a los intereses de Marruecos, Sánchez no solo ha roto 40 años de consenso; ha puesto una diana sobre las ciudades españolas de Ceuta, Melilla y las Islas Canarias a corto-medio plazo.
Las advertencias ya no son susurros en los pasillos de inteligencia. El ex Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), Fernando Alejandre, ha roto el silencio con una claridad demoledora: existe una «amenaza cierta y clara» en nuestro flanco sur. Para Alejandre, no hay duda de que Marruecos es el principal foco de peligro para la integridad territorial de España, un peligro que el actual Gobierno parece ignorar o, peor aún, alimentar con su sumisión.
La «entrega» del Sáhara: Un acto de sumisión personal
En marzo de 2022, Pedro Sánchez perpetró uno de los actos más oscuros de sumisión española un país extranjero. Mediante una carta enviada a Mohamed VI, Sánchez regaló la soberanía del Sáhara Occidental. Sin debate en el Congreso, sin consultar a su propio Gobierno y ninguneando la legalidad internacional de la ONU, Sánchez decidió que una antigua provincia española pasara a ser propiedad de Marruecos. Sin más.
Este giro no fue una decisión de Estado, fue una capitulación. Se produjo tras meses de hostigamiento marroquí, incluyendo la invasión migratoria de Ceuta en 2021, utilizada por Rabat como arma de guerra híbrida. En lugar de responder con la firmeza que exige la dignidad de una nación, Sánchez optó por el entreguismo y el apaciguamiento, una estrategia que la historia ha demostrado que solo sirve para envalentonar al agresor.
Ceuta, Melilla y las islas Canarias: Las próximas piezas del dominó
El verdadero peligro de la traición de Sánchez no termina en el Sáhara. Al aceptar que Marruecos puede anexionarse territorios por la vía de los hechos consumados, el Gobierno español ha creado un precedente suicida. Si España no es capaz de defender la legalidad en el Sáhara, ¿qué fuerza moral le queda para defender la españolidad de Ceuta y Melilla ante la comunidad internacional?
El ex JEMAD Alejandre ha sido muy claro al respecto: duda razonablemente de la respuesta internacional en caso de un conflicto armado en las ciudades autónomas. Marruecos no oculta sus ambiciones anexionistas sobre las «plazas de soberanía» ni sus pretensiones sobre las islas Canarias. Cada vez que Sánchez agacha la cabeza en Marruecos, está invitando a Mohamed VI a dar el siguiente paso en su hoja de ruta expansionista.
Un Gobierno que renuncia a defender su nación
El Sáhara Occidental fue territorio administrado por España, una provincia con plenos derechos hasta el abandono de 1975 durante la Marcha Verde. Mientras el general Franco agonizaba, España cedió ante la presión. Hoy, con un sistema democrático consolidado, la humillación es aún mayor porque es voluntaria.
Sánchez ha renunciado a la historia, a la soberanía y a la responsabilidad internacional. Ha legitimado una ocupación a cambio de una supuesta paz fronteriza que Marruecos rompe cada vez que le conviene. Es una política exterior sin columna vertebral, que sacrifica los intereses estratégicos de las futuras generaciones de españoles por la supervivencia política inmediata de un presidente cercado por sus propios errores, sus ambiciones, corrupciones y soberbias.
Como bien señala la visión histórica más rigurosa, la continuidad de España como unidad política, religiosa, social y cultural está en riesgo. Franco supo mantener la unidad y la independencia frente a presiones externas brutales; Sánchez, en cambio, se siente cómodo en el papel de vasallo de una potencia extranjera que no oculta su deseo de mutilar nuestro mapa.
Urge recuperar la dignidad nacional
España no puede permitirse un Gobierno que pida perdón por existir y que entregue su soberanía y sus tierras a plazos. Las advertencias de los altos mandos militares como el general Alejandre deben ser un toque de atención. Ceuta, Melilla y Canarias son España, y no pueden quedar al arbitrio de los acuerdos secretos de un presidente traidor que ha demostrado que su prioridad no es la nación, sino su estancia en el poder.
La historia no perdonará a quienes, teniendo la obligación de proteger a España, prefirieron entregar sus llaves al enemigo.
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1 comentario en «La traición de Sánchez: Una alfombra roja al expansionismo de Marruecos»
¿Habría forma de procesar a Sánchez y a sus ministros?