En la propaganda del fanatismo climático, negacionista es, como siempre, aquel que no piensa como la «verdad oficial»
El alarmismo de los fanáticos climáticos impone una narrativa oficial que silencia a quien defiende la verdad y la libertad de expresión. Este fanatismo ideológico utiliza la censura para cancelar a los ciudadanos que cuestionan las exageraciones de una agenda globalista impuesta. Detrás de la propaganda verde se esconde, además de un negocio multimillonario y un ataque directo a la soberanía de las naciones. Quienes ostentan el poder pretenden que el consenso político sustituya a la realidad, señalando con el dedo a todo aquel que se atreva a discrepar.
La trampa semántica de los alarmistas del clima
El éxito propagandístico de los alarmistas fanáticos del clima estriba en repetir las mismas ideas-fuerza en los más diversos escenarios y de las más diversas maneras. Los grandes grupos de presión censuran y cancelan a aquellos que no piensan como ellos. Estos sectores utilizan el término «negacionista» como un concepto equívoco y ambiguo. Consiguen convertir esta palabra en el peor de los insultos antes de que la mayoría sepa qué significa realmente. Es una victoria política absoluta: logran que incluso sus adversarios asuman su lenguaje manipulado.
Manipulación del lenguaje y control social
En la propaganda del fanatismo climático, negacionista es, como siempre, aquel que no piensa como la «verdad oficial». No buscan un debate científico honesto ni respetan la libertad religiosa que reconoce la creación. Su objetivo real consiste en uniformar el pensamiento y someter a la sociedad a regulaciones asfixiantes. Los ciudadanos libres rechazan estas etiquetas impuestas por quienes pretenden controlar cada aspecto de nuestra vida privada.
Las imposiciones climáticas ignoran las necesidades reales de nuestros campos y familias, sacrificando nuestra independencia económica en el altar de un impuesto consenso internacional.
No hay negacionistas, hay demagogos y alarmistas
Debemos hablar con claridad sobre la realidad del debate actual. Los supuestos negacionistas no son los que no creen en el cambio climático. Son personas hartas de las exageraciones de los que sí creen, o de los cretinos que creen que un pacto político nacional acabaría con el calentamiento global. Resulta absurdo pensar que el hombre puede cambiar el clima por simple consenso político. No hay negacionistas, hay alarmistas y mucho, mucho demagogo que se cree capaz de detener, él solo, los ciclos de la naturaleza.
El fracaso del intervencionismo político
Los políticos demagogos utilizan el miedo para recortar la libertad. Intentan adoctrinar y manipular a la sociedad con visiones apocalípticas que rompen la paz. El hombre no posee la divinidad necesaria para alterar el clima a su antojo mediante decretos legislativos. Esta soberbia intelectual desprecia la libertad individual y busca crear ciudadanos dependientes del Estado y de sus ayudas «verdes».
Una reflexión necesaria sobre nuestra libertad
La verdadera libertad de expresión exige el derecho a cuestionar las verdades oficiales sin miedo a la muerte civil. España necesita un retorno a la sensatez, donde la ciencia no sirva como excusa para el autoritarismo político ni para la fragmentación de nuestra nación bajo agendas globales.
No hay negacionistas, hay alarmistas y hay mucho cretino que se cree capaz de detener los cambios climáticos por consenso político.
Es hora de levantar la voz contra la demagogia y recuperar el sentido común en nuestras instituciones y en nuestras calles.




