La regularización por decreto de extranjeros con 5 meses de estancia en España está removiendo la sociedad española, y poniendo de relieve algunas actitudes gravísimas, pero que no son nuevas, ya que llevan mucho tiempo alentando a ideologías y grupos a actuaciones que no serían explicables sin esta determinación de rechazo, de odio a sí mismo (“autofobia”) que hace rechazar la historia, las costumbres, la cultura y hasta a la propia gente.
Entre los que han expresado ya claramente este planteamiento se encuentra Irene Montero, eurodiputada podemita, que, en un mitin de la campaña aragonesa, ha afirmado el objetivo de un reemplazo poblacional, diciendo “Ojalá teoría del reemplazo, ojalá podamos barrer de fachas y de racistas este país con gente migrante”.
Evidentemente, luego se intenta recoger velas (Echenique afirmó en Cuatro que era un mero recurso retórico porque esa teoría era nazi y absurda) porque ese odio hacia los que no piensan como ellos es, cada vez más fuertemente, fundamento básico de las actuaciones ideológicas izquierdistas, pero no conviene manifestarlo tan claramente.
Lo más grave, en cualquier caso, es esta intolerancia vital hacia los “fachas”, “racistas” y “vividores”, es decir, a todos los que no piensan según sus gustos. A estos epítetos se podrían añadir muchos otros, todos repletos de odio y desprecio, usados por esta facción creciente de la izquierda española, que no sólo se considera superior moralmente, sino que ya no toleran ni su existencia. Por ello, prefieren “reemplazarlos” por inmigrantes que puedan integrarse con ellos (aunque sólo sea por agradecimiento por estas regularizaciones express sin ningún control ni condición lógica).
Y en este rechazo compulsivo para casi todo lo que es (o ha sido) España, cada vez llegan a extremos delirantes. En ellos la Leyenda Negra se agiganta hasta ser España, su cultura y sus habitantes, auténticos monstruos dignos de la extinción total e inmediata, por ello no sólo se aspira a una inmigración lo más masiva y diversa posible, sino que se rechaza cualquier atisbo de integración real, y ahí vemos las loas multiculturales a cualquier manifestación ajena a nosotros (por poner un ejemplo, la matanza de corderos en polideportivos públicos) mientras se rechaza o ataca desproporcionadamente manifestaciones culturales o religiosas propias.
Este rechazo a lo propio es el mejor caldo de cultivo para que se pretenda un auténtico reemplazo no sólo poblacional sino incluso cultural. Si nos odiamos a nosotros mismos la conclusión es que cualquier otro es mejor.
Ante esta actitud, no se trata sólo de buscar que esta explosión inmigracionista no siga adelante, sino sobre todo de que haya un auténtico rearme sociocultural de la sociedad española y sus instituciones. El aprecio por nuestra cultura, nuestra historia, nuestra idiosincrasia debe ser la base de un renacer humano que cambie nuestras actitudes.
Si estamos acomplejados por nuestra sociedad, si no hay esperanza vital, si “compramos” el relato antiespañol que se ha infiltrado en tantos sectores, cómo vamos a prosperar como sociedad, cómo vamos a formar familias fuertes, cómo vamos a sobrevivir….
O cambiamos o terminaremos suicidándonos vitalmente en la tristeza de la frustración propia.
Mariano Martínez-Aedo es Presidente del Instituto de Política Familiar (IPF)




