El gobierno Frankenstein en España, sostenido por socialistas, comunistas y separatistas, ha llevado al país a una crisis de gobernanza que amenaza su futuro político, económico y social.
El Frente Popular y la destrucción de la gobernanza
El gobierno Frankenstein en España no surge por accidente. Responde a una suma artificial de fuerzas cuyo único objetivo consiste en romper España, imponer la ideología de género y conservar el poder.
Este Frente Popular moderno agrupa a socialistas, comunistas y separatistas que comparten el rechazo a la soberanía nacional. Ninguno defiende un proyecto común de nación.
En la actualidad, España sufre una grave falta de gobernanza. Sánchez gobierna formalmente, pero no gobierna en sentido real. La acción política permanece paralizada. Los socios se bloquean entre sí con exigencias constantes, chantajes parlamentarios y conflictos internos. La corrupción agrava la parálisis y debilita aún más la autoridad del Estado.
Este gobierno actúa como un mero administrador de lo poco que aún no ha cedido, aunque ya ni siquiera garantiza la estabilidad mínima. Cada decisión depende de cesiones que erosionan el interés general.
El gobierno Frankenstein en España no lidera. Sobrevive día a día mientras el país acumula problemas estructurales sin respuesta.
Un país sin rumbo ante desafíos crecientes
España afronta retos graves a largo plazo que exigen liderazgo, cohesión y visión de Estado. Este gobierno carece de esas cualidades esenciales. El crecimiento económico avanza con extrema lentitud. De hecho ya se habla de decrecimiento. El desempleo se mantiene elevado. La situación fiscal muestra una fragilidad preocupante.
En este contexto, cualquier prioridad presupuestaria genera conflictos internos. Cada socio exige más gasto para su agenda particular, no para resolver los problemas de España.
El gobierno Frankenstein en España no puede abordar reformas profundas. Sus socios ideológicos impiden acuerdos estables y bloquean decisiones estratégicas.
España necesita un gobierno con homogeneidad ideológica y fuerza parlamentaria suficiente. Sin esa base, la gobernanza resulta imposible. El PP tampoco ofrece una alternativa real, ya que sigue una hoja de ruta similar con el PSOE en aspectos clave. El sistema bipartidista ha agotado su credibilidad.
Frankenstein y la política del despiece nacional
La comparación con la novela de Mary Shelley no resulta exagerada. Como Victor Frankenstein, los arquitectos de esta coalición frente populista ensamblan piezas sin coherencia. No importa el origen de cada socio. No importa la incompatibilidad ideológica. Solo importa sumar escaños para mantenerse en el poder. Le da igual el PNV que Bildu, Junts que Podemos. Da lo mismo.
El gobierno Frankenstein en España funciona como una monstruosidad política disfuncional. Cada parte exige dinero, privilegios y concesiones constantes. El bien común queda subordinado al interés particular de cada uno de ellos. España pierde valor político para quienes gobiernan. La nación se convierte en moneda de cambio.
Los socios separatistas exigen cesiones permanentes. El Ejecutivo concede sin resistencia porque necesita cada voto para sobrevivir. Así, el monstruo crece sin ningún componente soberanista español. El objetivo consiste en prolongar el sistema hasta agotar la nación, hasta romperla.
La tentación de un nuevo Frankenstein bipartidista
Ante el fracaso de esta coalición frentepopulista, algunos promueven una nueva fórmula antinatura: la gran coalición PP-PSOE. Este experimento repetiría los mismos errores. Sustituiría un Frankenstein por otro, con distinto maquillaje pero idéntica renuncia a la soberanía.
El gobierno Frankenstein en España demuestra que las coaliciones artificiales solo sirven para aplazar los problemas, nunca para resolverlos.
Mientras tanto, los partidos soberanistas ganan fuerza social. Representan a una parte creciente del pueblo que exige recuperar el control político. Pero las élites políticas prefieren levantar muros ideológicos antes que permitir una alternativa real. Esa actitud agrava la fractura social.
España necesita volver a gobernarse
El gobierno Frankenstein en España simboliza el fracaso de un sistema que prioriza el poder sobre la nación, las partes sobre todo el todo. proyectos parciales y sectarios sobre un proyecto unitario
España no puede permitirse más gobiernos sin proyecto, sin liderazgo y sin respeto por su unidad histórica. La gobernanza exige coherencia ideológica, responsabilidad política y compromiso con el bien común. El futuro de España depende de romper con estas coaliciones antinaturales y devolver la voz al pueblo soberano.




