Los comisarios políticos de Sánchez operan desde las delegaciones del Gobierno como un ejército de control ideológico y territorial, con 6.500 efectivos y más de 350 millones de coste anual.
Un aparato sobredimensionado al servicio del poder
España sostiene un sector público mastodóntico y sobredimensionado que consume recursos sin mejorar la vida de los ciudadanos. Uno de los ejemplos más claros lo representan las delegaciones del Gobierno. Estos organismos carecen hoy de una función real al servicio del interés general.
Existen 19 delegaciones, una por comunidad autónoma, más las de Ceuta y Melilla. De ellas dependen 44 subdelegados provinciales, siete direcciones insulares y cerca de 60 secretarías generales. A esta estructura se suman al menos 150 asesores.
Este entramado cuenta, tal como recoge Voz Populi, con un ejército de unos 6.500 efectivos. Su coste anual supera los 350 millones de euros, de los cuales casi 280 millones corresponden solo a gastos de personal. El ciudadano paga, pero no recibe un servicio proporcional.
Los comisarios políticos de Sánchez no gestionan competencias propias. Muchas de sus funciones se solapan con las comunidades autónomas, los ayuntamientos o la Administración central. La utilidad administrativa resulta mínima. ¿Entonces, para qué sirven? Porque el interés político es máximo.
Delegados nombrados a dedo y conflicto institucional
La ley establece que los delegados representen al Estado en coordinación con los gobiernos autonómicos. En la práctica, ocurre lo contrario. Actúan como oposición extraparlamentaria contra ejecutivos regionales que no controla el PSOE.
Pedro Sánchez nombra a estos cargos por decreto y a dedo. Elige perfiles de su absoluta confianza personal y política. Muchos pertenecen a su círculo más cercano. Otros proceden directamente de la ejecutiva del PSOE.
Al menos cuatro delegados forman parte de la actual dirección socialista. Esta realidad convierte a las delegaciones en una cantera del partido, no en órganos neutrales del Estado. Así funcionan los comisarios políticos de Sánchez.
Solo cinco de los 19 delegados son funcionarios de carrera. La mayoría desconoce el funcionamiento administrativo. No pasan filtros técnicos. Solo superan el filtro de la fidelidad al presidente. Son sus comisarios políticos.
Es evidente que este modelo genera conflictos permanentes con los gobiernos autonómicos. Es lo que quieren. Las delegaciones bloquean decisiones, judicializan competencias y obstaculizan la gestión regional. Sánchez no gobierna algunas comunidades autónomas, pero intenta controlarlas. Para ello está su ejército de comisarios políticos representados por los delegados del gobierno.
Ejemplos que evidencian el sectarismo
El delegado del Gobierno en Madrid procede directamente del equipo de Sánchez en La Moncloa. Siempre ocupó cargos vinculados al PSOE. No representa neutralidad institucional. Representa obediencia política. Y lo demuestra con creces.
En Extremadura, el delegado apenas acredita formación académica relevante. Mantiene una relación personal muy estrecha con Sánchez. De hecho, el presidente lo designó además para dirigir la gestora socialista regional tras un fracaso electoral.
Estos ejemplos reflejan un patrón claro. Confianza y fidelidad pesan más que competencia o mérito. Así se construye un aparato político que sustituye al Estado por el partido.
Los comisarios políticos de Sánchez imponen políticas sectarias. Vigilan a los gobiernos autonómicos. Presionan cuando no ganan en las urnas. Ponen trabas.
Control territorial y deriva dictatorial
La deriva dictatorial de Sánchez no se limita al aparato central. También busca someter las regiones. Cuando no logra vencer en elecciones autonómicas, utiliza las delegaciones del Gobierno como herramienta de control.
Este modelo debilita la autonomía política, erosiona la separación institucional y vacía de contenido el Estado de las Autonomías. No fortalece España. La fragmenta desde el poder. El objetivo resulta evidente. Los comisarios políticos de Sánchez existen para imponer una agenda ideológica ajena a muchos territorios.
Los comisarios políticos de Sánchez simbolizan un uso sectario del Estado. Representan gasto inútil, control ideológico y desprecio a la pluralidad política. España debe suprimir estas estructuras.




