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El implacable plan para destruir la soberanía nacional y fracturar la convivencia en nuestra nación avanza sin máscaras ni disimulos. Mientras el Gobierno de Sánchez activa sus terminales mediáticas y desvía la atención pública con las ruidosas protestas de los perroflautas y la extrema izquierda en la Puerta del Sol, los enemigos declarados de la unidad nacional coordinan su ofensiva definitiva. El expresidente golpista de Cataluña, el profugo Carlos Puigdemont, y el ex pistolero etarra y actual secretario general de los proetarras de Bildu, Arnaldo Otegui, se han reunido este miércoles en Waterloo (Bélgica), concretamente en la residencia del presidente de Junts desde que huyó de España, siendo prófugo de la Justicia desde entonces. Este encuentro desenmascara una alianza perversa cuya única meta real consiste en acelerar la demolición de las instituciones españolas.
Una pantalla de humo en Madrid para tapar la traición en Bruselas
La pasividad del Ejecutivo de Sánchez frente a este desafío intolerable resulta escandalosa y delata una alarmante complicidad. Moncloa utiliza los altercados y las acampadas ultraizquierdistas en el centro de Madrid como una perfecta cortina de humo para que la ciudadanía no perciba la gravedad de lo que ocurre en suelo belga. Bajo este manto de silencio estratégico, dos de los perfiles más sombríos de la política contemporánea consolidan su hoja de ruta rupturista de España. Ambos dirigentes antiespañoles han evaluado el nivel de coincidencia que tienen sus respectivas estrategias separatistas de cara a los próximos meses en los que, muy probablemente, se sucedan las convocatorias electorales en España, tanto a nivel nacional como autonómico. El prófugo de la justicia y el líder proetarra aprovechan la alarmante debilidad del Estado para chantajear de manera conjunta a las instituciones democráticas.
El frente común contra España
Los términos empleados por ambas formaciones políticas demuestran que su pacto ignora los cauces legales y ataca el corazón mismo de la soberanía nacional. En lugar de plantear propuestas que beneficien a los ciudadanos de sus respectivas regiones, el separatismo catalán y el entorno separatista heredero del terrorismo vasco unifican sus fuerzas para debilitar al Estado. Junts y EH Bildu coinciden en la necesidad de «reforzar la colaboración entre sus proyectos» y trabajar conjuntamente por la «plurinacionalidad«, lo que atenta claramente contra España. Los líderes antiespañoles no han anunciado acuerdos operativos concretos (votos, pactos legislativos o calendarios), sino una línea de trabajo común y el intercambio de impresiones sobre los próximos retos. Esta calculada discreción les permite mantener la presión institucional mientras preparan las condiciones para forzar la autodeterminación.
El historial de la complicidad y los desafíos electorales inminentes
Este infame encuentro en Waterloo no representa un suceso fortuito, sino que consolida una peligrosa relación que ambas facciones separatistas mantienen activa desde hace tiempo. Recordemos que el proetarra Otegui ya se reunió con Puigdemont en Waterloo en marzo de 2025 y también en diciembre de 2025, en citas previas centradas en «cooperación y contexto geopolítico». Esta nueva cita refuerza la interlocución habitual entre Junts y Bildu en un momento de alta incertidumbre política y electoral en ambas comunidades. La persistencia de esta mesa de coordinación revela que el golpismo separatista catalán y el separatismo proetarra vasco avanzan de la mano en una estrategia unificada de ruptura. España se encuentra bajo la amenaza de una pinza separatista que explota los recursos públicos para destruir la propia nación, protegida por un Gobierno que prefiere entretener a la opinión pública con perroflautas callejeros antes que aplicar la ley frente a los enemigos de la patria.
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