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El derrumbe del sanchismo ante la trinchera inexpugnable de los jueces
El autoproclamado poder absoluto de Padre Sánchez está sufriendo su mayor humillación histórica. El Gobierno de Sánchez está perdiendo su guerra abierta contra la Justicia y, lo que es aún más sintomático de su descomposición, el propio Sánchez sus ministros y asesores presidenciales ya lo saben. La maquinaria propagandística del sanchismo ha chocado frontalmente contra un muro insalvable: el estado de derecho. El Ejecutivo central comprueba con pánico cómo sus terminales de presión ya ni imponen las leyes liberticidas que hace ni anula los procesos judiciales ni controla a los cada vez más jueces neutrales que defienden la legalidad frente a la autocracia.
El giro estratégico de las últimas semanas desvela una realidad incontestable sobre el estado de la nación. El Gobierno ha pasado de tratar de ganar influencia en las instituciones judiciales a combatir unas causas que ya no confía en frenar antes de que lleguen a juicio. Se acabó la arrogancia de la impunidad decretada desde el Consejo de Ministros; ahora impera el pánico al banquillo de los acusados.
La caída de la falsa inmunidad en el entorno presidencial
La prepotencia del presidente del Gobierno ha marcado esta legislatura de manera vergonzosa. Pedro Sánchez convirtió hace más de dos años la investigación a su mujer en una batalla política contra una parte de la Justicia. Su soberbia no conocía límites racionales en aquel momento. Sánchez había ganado todas las batallas contra los otros factores de poder – desde los medios de comunicación, al mundo empresarial o la misma Corona- y creía que el de la justicia lo ganaría también.
El despliegue de fango institucional para proteger a su entorno familiar deshonró la dignidad de la presidencia. Desde entonces, el Gobierno ha denunciado lawfare, ha promovido reformas legales, ha cuestionado actuaciones de jueces y tribunales y ha tratado de desactivar en el terreno político unas causas que decía que se habían construido para desgastar al presidente a través de su entorno. Sin embargo, el resultado para los intereses del dictador ha sido de un fracaso total. Los ataques furibundos contra los magistrados no han dado los frutos apetecidos: Sánchez no logra imponer sus leyes y los procesos judiciales continúan su curso implacable.
Un repliegue desesperado que anticipa la sentencia final
El miedo ha cambiado de bando definitivamente en la política española. Ahora, con Begoña Gómez a un paso del banquillo, Moncloa ha rebajado las expectativas sobre su capacidad para detener sus consecuencias. La estrategia de contraataque y demolición institucional ha saltado por los aires ante las pruebas judiciales. El Ejecutivo ya no quiere ganar la batalla porque asume su total incapacidad para doblegar a los tribunales independientes. El sanchismo está a la defensiva. La prioridad del núcleo duro del presidente consiste únicamente en lograr que los daños sean los menores para la supervivencia de la coalición. La historia política enseña que cuando un jugador juega a la defensiva generalmente pierde el partido. Y Sánchez lo sabe perfectamente mientras contempla el avance de las investigaciones.
La crisis del gobierno supera con creces un mero contratiempo. No es únicamente Begoña Gómez. La red de corrupción y sospechas estrecha el cerco sobre el núcleo del poder político socialista en España. Durante estos dos años se han sucedido procedimientos que afectan al entorno personal y político de Sánchez, mientras el Ejecutivo ha intentado combatir simultáneamente sus efectos judiciales, su traducción política y su manera de controlarlos. Cada causa tiene hechos, responsables y recorridos distintos y no cabe presentarlas como partes de un mismo procedimiento.
Para el Gobierno, sin embargo, sí han formado parte de una misma batalla de supervivencia. El tirano de la Moncloa sabe perfectamente que si quiere gobernar sin ninguna oposición tiene que controlar a todos los factores de poder. La sumisión total de la sociedad civil exige la caída del último bastión de la sociedad. Por fortuna para la libertad de los ciudadanos, en la justicia hay algunos jueces que resisten y luchan por la independencia judicial, salvaguardando la sociedad española de la tiranía del sanchismo.
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