Barcelona, el nuevo Zugarramurdi | Carmelo Álvarez Fernández de Gamarra

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El aquelarre de los profesionales de la muerte

Zugarramurdi está en Navarra.

Lo aclaro de entrada porque yo mismo dudaba si era navarro o guipuzcoano. Y puestos a meternos con los demás, conviene al menos saber dónde estamos.

El pequeño pueblo navarro es famoso por sus cuevas y por aquellos aquelarres en los que, según la tradición, se reunían las brujas. Pero aquello pasó de moda. Las brujas se han modernizado. Los aquelarres también.

Y a primeros de octubre no habrá que viajar hasta una húmeda cueva navarra. Bastará con acercarse a Barcelona, convertida durante tres días en el nuevo Zugarramurdi europeo. Del 1 al 3 de octubre se reunirán allí activistas, sanitarios, investigadores, juristas y responsables políticos alrededor de un asunto que no necesita demasiados disfraces: el aborto. El plato principal será la 16.ª Conferencia Internacional de la FIAPAC (Federación Internacional de Profesionales del Aborto y la Anticoncepción), es decir, los profesionales del aborto.

Yo, que soy bastante menos sofisticado, los llamaré profesionales de la muerte.

Sé que la expresión no es políticamente correcta. Precisamente por eso la utilizo. Cuando un congreso se dedica a estudiar cómo facilitar, extender y perfeccionar el aborto, la muerte de un ser humano dentro del reducto pretendidamente seguro y confortable del vientre de su madre, resulta bastante difícil encontrar una denominación más incómoda y, desde mi punto de vista, más clara.

EL AQUELARRE SE HA HECHO CIENTÍFICO

En el antiguo Zugarramurdi había cuevas, hogueras, pócimas y conjuros. En el nuevo tenemos universidades, acreditaciones, PowerPoint, simposios y coffee breaks. Hemos progresado muchísimo.

Ya no hacen falta escobas. Ahora hay subvenciones. Ya no hay calderos. Hay congresos internacionales. Y los conjuros han sido sustituidos por algo mucho más eficaz: los eufemismos.

El programa anuncia, entre otras cosas, «aborto médico muy temprano, ¿por qué esperar?». Eso es eficacia. Vivimos en la sociedad de la inmediatez: la compra mañana, la comida en media hora y, por lo visto, el aborto cuanto antes.

Hay otra joya: «el aborto no es un fracaso sino parte del continuum reproductivo». Confieso mi admiración. Uno creía ingenuamente que un continuum era algo que continuaba. Ahora descubrimos que interrumpirlo forma parte de la continuidad. Maravillas de la neolengua.

SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA: EL PARAGUAS Y EL INVITADO DE HONOR

Y aquí conviene dejar de jugar al escondite con las palabras. Se apela a los llamados «derechos» y a la «salud sexual y reproductiva». Muy bien. Pero ¿qué han convocado en Barcelona? ¿Un congreso sobre infertilidad? ¿Sobre prevención del cáncer ginecológico? ¿Sobre enfermedades de transmisión sexual? No. Han convocado un encuentro internacional cuyo programa está centrado en el aborto.

Por tanto, no soy yo quien ha colocado el aborto en el centro de esa expresión. Lo han hecho los organizadores con sus actos, sus ponencias y sus títulos. Pueden desplegar sobre la mesa el enorme paraguas de la «salud sexual y reproductiva», pero debajo, el invitado de honor tiene un nombre bastante más corto: aborto. El invitado de honor que da sentido a toda su actividad.

El resto de las pretendidas actividades recogidas por la eufemística “salud sexual y reproductiva”, ya las practica la medicina desde hace algún que otro siglo. Es otro de los fraudes de los profesionales de la muerte.

El eufemismo cumple así una función extraordinaria: el envoltorio dice «salud» y el programa explica de qué se va a hablar.

DESPUÉS DE LAS 24 SEMANAS

Y llegamos a uno de los momentos estelares del aquelarre: «tratamientos abortivos después de las 24 semanas: expandiendo el acceso, avanzando en la práctica».

Después de las 24 semanas. Pero observen las palabras: «tratamientos», «expandiendo», «avanzando», «práctica». Todo progreso. Todo avance. Solo falta alguien en la frase: el ser humano en gestación.

Cuanto más avanzada está la gestación, más útil resulta el diccionario. Las brujas antiguas necesitaban pócimas; los profesionales de la muerte modernos necesitan terminología. Primero se hace desaparecer al protagonista del lenguaje. Después todo resulta mucho más aséptico.

EL DÍA ANTES, CALENTAMIENTO

Como cualquier aquelarre respetable, este necesita una sesión preparatoria. El 1 de octubre se celebrará en el Campus de la Ciutadella de la Universidad Pompeu Fabra el Foro Internacional de Alianzas por el Derecho al Aborto, organizado por la Asociación de Derechos Sexuales y Reproductivos y su programa «Quiero abortar».

Su propio planteamiento habla de transformar sistemas sanitarios y espacios comunitarios y de activismo dentro de los sistemas de salud. Ya no basta con defender que el aborto sea legal. Hay que transformar estructuras, introducir el activismo en ellas y normalizar una determinada concepción del aborto desde dentro.

Resulta enternecedor. Uno imaginaba al activista pegando carteles y peleándose con el poder. El activista moderno ha mejorado notablemente sus condiciones: puede combatir al sistema desde dentro del sistema, con el sistema poniendo el salón, el micrófono y, casi siempre, el dinero.

EL AQUELARRE LO PAGAMOS ENTRE TODOS

Porque existe una diferencia importante entre el antiguo Zugarramurdi y el moderno. Las brujas navarras tenían que pagar sus aquelarres. Nosotros hemos progresado: ahora colaboramos todos.

Según la información recogida sobre el foro, cuenta con apoyo institucional del Gobierno de España y de la Generalidad de Cataluña, y está prevista la presencia de representantes públicos en su apertura y clausura. Estaremos muy atentos a sus palabras.

Y la Asociación de Derechos Sexuales y Reproductivos habría recibido, según los datos citados en el documento de referencia, 3,11 millones de euros públicos en Cataluña desde 2019, entre subvenciones y contratos; 751.460 euros solo en 2025.

Usted madruga, trabaja, paga IVA, IRPF, impuestos especiales, tasas y hasta opta por dejar el coche quieto. Y una parte del aparato público considera oportuno respaldar iniciativas que promueven esta determinada concepción del aborto con ese dinero que tu ahorras.

No está mal para luchar contra el sistema. Yo también quiero una revolución así: con subvención, salón de actos, autoridades en la inauguración y, si puede ser, café durante el descanso.

BARCELONA, OCTUBRE DE 2026

Así que ya está todo preparado. Barcelona. Del 1 al 3 de octubre. El nuevo Zugarramurdi.

Los profesionales de la muerte llegarán desde distintos lugares. No traerán escobas. Traerán portátiles. No habrá calderos. Habrá proyectores. No pronunciarán conjuros. Pronunciarán palabras como «derechos», «acceso», «continuum», «transformación», «avance» y «salud sexual y reproductiva». Y nadie tendrá que esconderse en una cueva. Este aquelarre dispone de algo infinitamente más poderoso que cualquier hechizo: respetabilidad institucional (caramba, esto sí es progreso, antes a las brujas las quemaban).

Las brujas de la leyenda necesitaban transformar mágicamente la realidad. Nuestros modernos hechiceros han descubierto algo más sencillo: basta con transformar las palabras con las que la nombramos. Han convertido el diccionario en su pócima.

Al aborto lo llamamos derecho. A facilitarlo, acceso. A extenderlo, avance. A introducirlo cada vez más en el sistema sanitario, transformación. Y cuando todo eso se reúne durante tres días alrededor del aborto, lo envolvemos en «salud sexual y reproductiva» (con un precioso lacito).

Después nos dicen que no confundamos el envoltorio con el contenido.

Tranquilos. No lo confundimos. Precisamente por eso miramos el programa.

Y el programa, esta vez, no deja demasiado sitio para el misterio. No vaya a estropearnos el aquelarre.

CREÍAMOS QUE LA EUGENESIA ESTABA MUERTA. PUES NO, SEÑORES. NO. ESTÁ MÁS VIVA QUE NUNCA Y YA SE ESTÁ QUITANDO LA CARETA.

EL NUEVO MUNDO DE LA SELECCIÓN Y EL DESCARTE HA LLEGADO POR LA PUERTA GRANDE. ENHORABUENA A TODOS, TODAS Y TODES.

Carmelo Álvarez Fernández de Gamarra | Colaborador de Enraizados


Tags: aborto, FIAPAC, Barcelona, congreso, subvenciones, eufemismos, política.

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