Disparando a perros: la lista de Ceuta | Javier Toledano

⏲ Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

Hace unos días echaron por la tele “Disparando a perros”, una peli protagonizada por John Hurt sobre la matanza de casi un millón de tutsis a manos de los hutus en apenas un mes. A machetazos. Sin gastar munición, genocidio a gran escala, elaboración artesanal. Un episodio atroz, apocalíptico, que también nos contaron en otra estimable película: “Hotel Ruanda”. Aquí la tragedia, basada en hechos reales, se centra en los refugiados en una escuela politécnica dirigida por un sacerdote católico de origen europeo. Cuentan con la temporal protección de un batallón de la ONU que, blanco y en botella, recibe órdenes de la superioridad de replegarse, dejando a cientos de personas al albur de los matarifes que, para desinhibirse y mejor despedazar a sus víctimas, van hasta el colodrillo de alcohol y de sustancias euforizantes. El papelón de la ONU, el esperado: la inacción. Es una constante histórica. Eso sí, los cascos azules podían disparar a los perros callejeros que repelaban los cadáveres tirados en la calle, despanzurrados, a guisa de profilaxis epidemiológica. Cuando oímos la expresión, “cometieron una carnicería dominados por un odio africano”, nos remite, entre otras, a esa degollina espeluznante.

Preludio de la hecatombe, vemos en una secuencia a un par de funcionarios del gobierno de Kigali, americana y corbata, elaborando tranquilamente una lista en el vecindario. El sacerdote le pregunta a una de sus parroquianas por el cometido de esos dos tipos y ésta le aclara: “están apuntando a los tutsis”. También las masacres tienen sus preliminares, una fase previa, administrativa, su burocracia y su trabajo de oficina. El chivateo requiere de informantes sobre el terreno, de gente conocedora del medio y del paisanaje. En no pocos conflictos a escala doméstica, por así decir, esa función de señalamiento ha correspondido a menudo a los porteros de las fincas y a los carteros, pues sabían de qué pie cojeaba cada quisque y qué vecinos estaban suscritos a ¡Arriba! o a Mundo Obrero. Asimismo, su información fue muy “provechosa” en la antigua Yugoslavia, en aquellas regiones donde la mescolanza étnica era una realidad contrastada y el “esponjamiento” de la población una prioridad política de las diferentes facciones.

Poco después de la invasión perpetrada por 80.000 efectivos marroquíes, que la propaganda gubernamental se empecina en llamar “migrantes”, como si habláramos de cigüeñas, apareció un listado de ceutíes significados por su oposición al asalto. Cada asiento, una foto y una identidad, traía su recompensa. Por ejemplo: “Francisco Lahrari Gómez: 25.000”, que no recuerdo si eran euros, dólares o dírhams (si esto último, unos 2.250 €, una birria de recompensa). Vivos o muertos. La noticia pasó sin pena ni gloria en medio del caudal de horripilancias sobre el caos generado en Ceuta. Por cierto, que hay quien teme una nueva maniobra diseñada por la inteligencia alauita, calcada de la anterior, aunque para mí tengo que es innecesaria, pues con 15.000 efectivos instalados en la ciudad de manera permanente y proactiva, no es preciso enviar refuerzos. El efecto “despachurre colectivo” está garantizado y ha quedado perfectamente retratada la capacidad de respuesta del gobierno enemigo, el nuestro, quiero decir. Que con ello, entiéndase, no se descarta otro arreón multitudinario. Tratándose la crisis de Ceuta de una invasión, que no de un fenómeno migratorio que interese a gente desesperada que huye de la guerra y de la hambruna con un fardo al hombro, es evidente que ese listado echa a rodar por voluntad manifiesta de quien ha organizado el operativo. Por lo tanto, no es una broma, ni un meme. Tanto si Marruecos se cobra Ceuta, en espera de Melilla y de Canarias, como si se detiene el golpe y se revierte la invasión, siquiera momentáneamente, las personas que contiene la lista negra, se saben igualmente con la cabeza pregonada. La escabechina es cuestión de tiempo. Si Ceuta cae, las reunirán en un galpón del puerto o en un polideportivo y les darán un tiro en la nuca. Pero si Ceuta resiste, los agentes infiltrados entre los invasores darán con ellos y harán el trabajo sucio, a medio o largo plazo. Despacito y buena letra. Y ya sabemos, nos lo enseñó ETA, que matando a uno, silencias a mil. A fin de cuentas,  para los musulmanes, los perros son animales impuros, y los infieles, “perros infieles”, que para ellos es un epíteto como para nosotros “la blanca nieve

Javier Toledano | escritor


Tags: Ruanda, Cine, Ceuta, Marruecos, Genocidio, ONU, Historia

Comparte con tus contactos:

Deja un comentario