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Txema Portillo, víctima de ETA, denuncia que Bildu se está apropiando de la Universidad del País Vasco. El catedrático también criticó la ausencia de una referencia explícita a ETA en los nuevos estatutos
La vergonzosa claudicación moral de la Universidad del País Vasco
La memoria histórica de una sociedad se mide por la firmeza de sus instituciones ante los guardianes del terror. Por desgracia, la Universidad vasca (UPV/EHU) acaba de protagonizar uno de los episodios más tristes y cobardes de su historia reciente. El catedrático de Historia José María Txema Portillo Valdés ha cuestionado públicamente la decisión del rector de la Universidad vasca (UPV/EHU), Joxerramon Bengoetxea, de sustituir la referencia expresa a la «condena del terrorismo de ETA» en los estatutos de la institución por un rechazo genérico a la violencia. Esta maniobra institucional no representa un simple ajuste técnico de redacción; constituye una capitulación ética inaceptable que pretende diluir el rastro de sangre que la banda terrorista dejó en las propias aulas vascas. Portillo considera que se trata de un cambio «enormemente grave» y denuncia una creciente politización de la Universidad. Los nuevos dirigentes académicos eligen el olvido y la sumisión política en lugar de defender la dignidad de las víctimas.
La gravedad de este borrado estatuario adquiere tintes alarmantes cuando observamos las dinámicas de poder que guían al actual equipo rectoral. Durante su intervención en un curso sobre la violencia de ETA y su entorno en las aulas universitarias, celebrado en la UPV/EHU, Portillo afirmó, según recogen El Mundo y El Debate, que «por primera vez, el rectorado ha trasladado el programa de un partido a la Universidad». El historiador calificó este proceso como la «bildurización» de la Universidad pública vasca. Esta expresión resume con precisión el sometimiento de la academia a los dictados de quienes se niegan a condenar de forma explícita el terror de las armas, transformando un espacio de libertad en un altavoz de la amnesia colectiva.
El insulto a las víctimas y el blanqueamiento del terror
El texto de los nuevos estatutos de la UPV/EHU busca equiparar el sufrimiento provocado por un grupo criminal con cualquier otro conflicto menor de convivencia. El catedrático también criticó la ausencia de una referencia explícita a ETA en los nuevos estatutos. A su juicio, no existe una razón para sustituir la condena al terrorismo etarra por una fórmula más amplia de «rechazo a la violencia», especialmente teniendo en cuenta la historia de la propia institución y la persecución sufrida por miembros de la comunidad universitaria durante los años de actividad de la banda terrorista. Ocultar las siglas de los asesinos humilla el recuerdo de los docentes y alumnos que plantaron cara al totalitarismo y que pagaron con el exilio o con su vida la defensa de las libertades democráticas.
Este sectarismo institucional margina además a quienes se sienten orgullosos de su condición de ciudadanos españoles dentro de una comunidad autónoma que forma parte indisoluble de la nación. Portillo aprovechó su intervención para reivindicar además la necesidad de reconocer la identidad española dentro de la Universidad. «No entiendo por qué el Rectorado no asume la identidad española; yo soy español y me molesta que se desprecie esta identidad», afirmó, de acuerdo con las declaraciones recogidas por El Mundo. La cobardía de la universidad se manifiesta también en este desprecio sistemático hacia la pluralidad, asumiendo los marcos mentales exclusivistas del nacionalismo más rancio.
Una historia de terror y resistencia frente al silencio comanche
La complicidad o la tibieza con los violentos no es un fenómeno nuevo para quienes han sufrido en sus propias carnes el acoso mafioso de las pistolas. El historiador conoce de primera mano la amenaza terrorista. En el año 2000 abandonó Vascongadas después de que ETA colocara una bomba bajo su vehículo. Meses antes, el 7 de mayo de ese mismo año, había sido asesinado su amigo y periodista José Luis López de Lacalle. El precio de la disidencia en Vascongadas fue el destierro o la muerte, una realidad incómoda que el rectorado actual pretende borrar con su redacción edulcorada de los estatutos.
Durante la jornada, Portillo recordó también el asesinato del jurista socialista Francisco Tomás y Valiente a manos de ETA en 1996. Según explicó, aquel atentado supuso un punto de inflexión en la respuesta de la Universidad ante la violencia terrorista. Portillo relató que, tras el asesinato, varios profesores colocaron carteles para convocar una concentración en el campus de Leioa, aunque fueron retirados en varias ocasiones. Finalmente, el acto pudo celebrarse bajo el rectorado de Pello Salaburu. «Por primera vez a un asesinato no le seguía el silencio sino la protesta», recordó Portillo. El catedrático situó el origen de ese cambio en los primeros años de la década de los noventa. Hasta entonces, aseguró, el entorno de ETA encontraba un contexto favorable en el silencio de parte de la sociedad vasca ante los asesinatos de policías, guardias civiles y militares. «Eran muertes corrientes», afirmó.
El fin de la decencia en el rectorado de Bengoetxea
La evolución de la estrategia terrorista de ETA amplió el espectro de sus objetivos para aniquilar la resistencia civil de la sociedad civil. Portillo sostuvo que posteriormente la violencia se dirigió también contra políticos, jueces, periodistas y profesores que se enfrentaron públicamente a ETA y a su entorno. Entre ellos situó a López de Lacalle y a sí mismo. Por eso resulta doblemente vergonzoso que la propia institución que sirvió de trinchera ideológica para los demócratas elija hoy el blanqueamiento.
Las declaraciones se producen en un momento de transformación de la UPV/EHU bajo el mandato de Bengoetxea, elegido rector en enero de 2025. El cambio en la redacción de los estatutos y el papel que debe desempeñar la Universidad frente al terrorismo de ETA han reabierto así un debate sobre la memoria de la violencia y la posición de la institución ante su propio pasado. La comunidad universitaria y la sociedad española deben oponerse con firmeza a esta rendición estatutaria, impidiendo que el miedo o el cálculo electoral borren el sacrificio de quienes dieron su vida frente a la barbarie de ETA.
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