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Así, a primera vista, el título parece una cuestión burocrática o reservada a especialistas, así que lo traduciremos: muerte social por envejecimiento brutal, desaparición de nuestra sociedad y nuestra cultura, a pasos acelerados.
España está siguiendo la senda suicida de Occidente europea, habiendo empezado la última, pero acelerando más que ninguna otra nación.
En efecto en 2025, había en España 6,34 millones de menores de quince años, mientras que los mayores de 65 años llegaban a 10,18 millones. Por tanto, por cada niño menor de quince años había 1,60 mayores de 65 años.
Este índice es menor en hombres: 1,36 y muchísimo peor en mujeres: 1,86, ya que las mujeres viven más, representando el 56,4% de los mayores y nacen menos, siendo el 48,6% de los menores.
Si aplicamos este parámetro a los españoles, la situación es todavía peor: 1,77 niño por cada mayor. Por el contrario, la población extranjera tiene sólo 0,61 menor por cada mayor. Esto es especialmente bajo en los africanos (0,22), asiáticos (0,25), rumanos (0,29) y sudamericanos (0,41). Esto representa que el 14,2% de los niños sea extranjero frente al 5,4% de los mayores. El caso más disonante es el británico, donde hay 6,4 mayores por cada niño.
Y la demografía es algo que cambia lentamente, pero en el caso español, la velocidad ha sido sorprendente: En 2002, había sólo 1,17 mayores por cada niño, lo que supone que en solo 23 años ha subido un 37% la desproporción. La inmigración era mucho menor por lo que no tenía tanto impacto (había un 4,2% frente al 14,1% actual).
Si se analizan los datos a nivel regional, muestra que en ciertas regiones españolas la situación ya llega a límites insostenibles. Asturias (2,89), Galicia (2,52) y Castilla y León (2,50) presentan una situación terrible que les aboca a la extinción literalmente.
Cualquier dato que se revise demuestra esta situación. El problema es que ver los datos y valorar el problema es sólo el primer paso hacia un cambio. Si nos quedamos sólo en lamentar qué mal estamos no resolveremos nada. Y si, encima, se niega el problema como hacen muchos grupos políticos, sociales… todavía es más imposible revertir la situación.
Pensemos que nuestra sociedad, tal como la hemos conocido, va a cambiar radicalmente, conforme la población disminuya, y la proporción de personas mayores aumente. No sólo socialmente, sino económica y políticamente. Dado la evolución hasta el presente y las tendencias, es imposible que evitemos totalmente la catástrofe, pero cuanto antes reaccionemos y empecemos a hacer cosas, podremos mejorar en mayor proporción.
Es necesario una revolución cultural, que devuelva a la familia su papel de forma normal de vida para la inmensa mayoría de las personas, frente a la situación actual, donde el matrimonio es cada vez más una institución débil, devaluada y rechazada por gran parte de la sociedad, al menos a nivel personal. Cada vez más gente se plantea su vida eludiendo cualquier compromiso o proyecto de vida serio e ilusionante, lo que lleva a una disminución progresiva de la natalidad. Es necesario un cambio cultural drástico y un cambio personal capilar, que ayude a la gente a superar el entorno asfixiante que motiva el materialismo, el egoísmo individualista, privando de ilusión a las nuevas generaciones.
No sólo es un problema social o global, es un problema personal, del que depende nuestro futuro.
Mariano Martínez-Aedo es Presidente del Instituto de Política Familiar (IPF)
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