Enemigos impenitentes de España y del idioma español | Juan Hernández Hortigüela

Un aula de colegio con un mapa de España colgado en la pared del fondo.

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          Las contradicciones de muchos de los políticos españoles, que presumen de controlar la política en sus encubiertas satrapías, toman decisiones estúpidas y felonas a favor de todo aquello que divida a la nación española. Esta política, que les ha permitido vivir muy bien, incluidas sus familias y allegados, ha sido pagada con la contribución presupuestaria de todos los españoles. Estos corruptos eventos se han hecho notar mucho más en aquellas regiones periféricas del norte geográfico español, tales, las provincias vascongadas, catalanas y gallegas.

          La ultraizquierda socialcomunista tradicional, que ha sobrevivido, y sobrevive gobernando hoy en España, siempre se ha distinguido por su rechazo a todo lo que suponga reconocer la verdadera dignidad histórica, sus tradiciones y, muy especialmente, la unidad de la nación española conseguida durante siglos de lucha y derramamiento de sangre. Lo indecente y raro es comprobar cómo la derecha cerril, y clasista, del estilo más rancio y paleto, se ha conchabado siempre con los socialcomunistas para combatir la unidad de la nación española y contra su idioma. Esta derecha cavernaria, capitalista a ultranza, tradicionalmente cobarde, que suele dejar tirados siempre a sus votantes, y que domina hoy estas regiones, se une a los postulados traidores de la ultraizquierda, incluso superándolos con frecuencia.

          Se sabe muy bien que una forma de “invadir” un país es imponer un idioma. Esta es una máxima que, a lo largo de la Historia, se mantiene con éxito desde los tiempos. Un ejemplo, relativamente reciente, lo tenemos en las Islas Filipinas, cuando los americanos invadieron las islas para echar, con muy malas artes, a los españoles del archipiélago. La primera medida importante adoptada por el invasor americano fue el desembarco de centenares de profesores de su idioma (Tomasinos) el inglés, para invadir  y obligar a las escuelas filipinas y españolas la enseñanza del idioma inglés. La invasión idiomática del inglés fue eficaz y permanente durante 50 años de colonización militar y económica.

          Curiosamente, en los primeros años de la democracia española, siendo presidente de la Comunidad gallega el Sr. Fraga Iribarne (perteneciente a la derecha postfranquista) se le olvidó su nacionalismo español por una temporada, y se le ocurrió luchar, con denuedo personal y político, por la normalización del idioma gallego mediante su famoso Plan General de la Lengua Gallega, acompañada de una legislación de apoyo a la cultura idiomática local introduciéndola, no solamente en el sistema de educación, sino promover el uso del idioma gallego en la administración pública, los medios de comunicación, la justicia, el comercio, en la mayoría de los discursos institucionales, etc. El gran beneficiario político de esta experiencia, fue el partido criptocomunista BNG que, aunque demostraba su descontento por considerar “insuficiente y restrictiva” la norma aplicada,  aplaudía hasta con la orejas la decisión…

          Aquellos “polvos” han continuado generando “lodos” y barros color de la mierda. La política idiomática de Fraga ha tenido éxito y continúa desarrollándose a través de sus sucesores, que no cesan en el empeño, hasta el punto de que el BNG ha perdido mucha fuerza debido a que, conseguido anclar el idioma gallego en perjuicio del idioma español, solo le quedan para sobrevivir otros argumentos comunistas, trasnochados y difíciles de digerir.

          Como ejemplo actual, baste decir que el derechista y presidente gallego, señor Rueda Valenzuela, ha confeccionado en estos días un programa titulado 21 días co galego e máis, para desarrollarse en los centros educativos durante las 24 horas de los 21 días señalados, “incluyendo las relaciones familiares y sociales”. El objetivo de estas experiencias idiomáticas no es otro que la “inmersión”, cada vez más profunda del idioma gallego, con evidente perjuicio de la lengua española. La utilización de los niños, en estos casos, es la herramienta manipuladora más eficaz para la inmersión futura de un idioma.

          En la región vascongada ocurre lo mismo con la derechona cavernaria del PNV, que no quiere apearse del gobierno, cediendo a los bilduetarras los calcetines para calzarse las botas del idioma vasco, con la pretensión de pisar al idioma español y conseguir, rápidamente, su ansiada “independencia”. Si les llegara ese deseado momento de la gran felonía contra la unidad y la Historia común española,  con la anuencia de las múltiples oportunidades felonas que les ofrece el actual gobierno español, la inmersión en el idioma vasco sería más profunda, en perjuicio, sin duda, de la mayoría de sus habitantes.

El actual presidente de la comunidad vasca, Sr. Pradales Gil, también aprovechando las vacaciones estivales, ha maquinado un plan “para cambiar los hábitos de los niños y que no hablen español”. Curiosamente, este señor Pradales Gil, al que tanto le preocupa el idioma español, debería tener presente que sus raíces paternas y maternas proceden de la tierra que vio nacer a Don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, en la muy castellana región de  Burgos…

En Cataluña ha ocurrido lo mismo con los altos representantes de la política de su región. Jordi Pujol, Arturo Mas, Carlos Puigdemont, y otros destacados políticos pertenecientes a la clasista y paleta derecha independentista, han traicionado la Historia de España y su idioma español, por los inventados rencores  que llevan en las entrañas y que son incapaces de echarlos fuera por eso, por paletos empedernidos.

Eso sí, aprovechan el desgobierno del felón Pedro Sánchez, para insultar al resto de los españoles con sus sueños separatistas, pagado siempre el servicio en metálico. Además, estos beneficios estatales no impiden el cobro del 3% habitual de su corrupción. La derecha catalana independentista, de una manera tradicional, ha estado pensando siempre en cobrar el porcentaje de la corrupción, mientras engañaba a sus súbditos bailando la sardana antiespañola.

Esta situación de traición permanente a los valores históricos, culturales y tradicionales de España, es el origen de tanta insidia regional contra España, que se quiere disimular con decretos falsarios de “memoria histórica”, mientras se socaba premeditadamente la sagrada y constitucionalista unidad de la nación.

                             Salardú, gloria de temperatura agosteña, a 9 de agosto  de 2026

Juan Hernández Hortigüela | Historiador y escritor 


TAGS; inmersión, separatismo, galicia, vascongadas, sánchez, idioma, traición

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