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El declive del campo como síntoma y causa del declive de la civilización. Esta es la tesis de una interesante novedad editorial titulada «El sentido del campo». En una época que idealiza la tecnología y desprecia el campo, el periodista y escritor Julio Llorente plantea que la agricultura no es un sector más de la economía, sino el cimiento mismo de la civilización. Es decir, que sin cultivo no hay cultura, que sin arraigo no hay comunidad y que sin tierra no hay cielo. Como resultado, se puede afirmar que allí donde el campo agoniza, también lo hace una forma plenamente humana de habitar el mundo.
El dilema del urbanista moderno ante la tierra
Llorente se presenta así, y seguro que muchos lectores se identificarán con lo que sigue: «Pertenezco a una familia burguesa, antes proletaria, que ha vivido siempre en la ciudad. Así como los orígenes de muchos de mis amigos están en pueblos agonizantes, los míos están en el barrio de Chamartín, que también morirá algún día, pero probablemente de éxito. Mi vínculo con el campo, como el de tantas otras personas, es estrictamente recreativo. Participo de la sana hipocresía de esos urbanitas que celebran el mundo rural y, a pesar de todo, no terminan de decidirse a vivir en él». Y reconoce que sus conocimientos sobre el objeto de este ensayo no son vivenciales, sino más bien eruditos: «Alguien me acusará de hacer filosofía de salón y yo no podré desmentirle. No pertenezco a la admirable especie de los aventureros; pretendo ser apenas un teórico de la aventura».
El dilema del urbanista moderno ante la tierra
La virtud de este libro, que sigue un modo de Chesterton, es que es un ejercicio de buena puntería de la inteligencia y del corazón. Por eso merece ser recomendado. Es el cultivo como labranza, cultura y culto, con sus supuestos y resonancias, lo que ocupa el centro de las andanzas reflexivas de estas páginas. Nos abre los ojos para advertir lo que antes quedaba inadvertido, para apreciar lo que antes menospreciaba, para gozar o sufrir el aumento o la merma de lo cuidado.
Como comenta el filósofo y profesor Higinio Marín en el prólogo, el agricultor se esfuerza a sabiendas de que no tiene la última palabra sobre lo que hace, y que unos minutos de pedrisco, una breve caída o subida de la temperatura, un hongo o bacteria, la poca o demasiada lluvia pueden arruinar todo lo hecho. Por eso, la labranza es un acto de confianza y de dependencia de la suerte que invita a la súplica. Y ésta convierte la buenaventura del fruto o su abundancia en gratitud, es decir, en reconocimiento de la gratuidad recibida como cumplimiento de lo procurado con esfuerzo. El epílogo va firmado por Chapu Apaolaza y comenta que el autor ha tenido la habilidad de evitar una tentación: idealizar el campo.
Los grandes peligros de la modernidad desarraigada
A lo largo de estas páginas, el autor recorre el ecologismo antiagrario, el nomadismo contemporáneo, la agroindustria, la pérdida de los oficios manuales y el declive del arraigo. Frente a la utopía tecnológica y la fantasía de la autosuficiencia, reivindica la figura del agricultor como custodio de la realidad: alguien que sabe que la vida depende de un don, que el progreso tiene límites y que toda cultura duradera nace del cuidado. El autor dialoga con la tradición humanista y la proyecta sobre los dilemas actuales, combinando el análisis cultural con la invitación filosófica y la intuición poética.
Despoblación y futuro político de las comunidades
Los hombres de campo y de monte, el agricultor, el cazador, el emprendedor, el empresario, deberían ser parte de la prioridad política, para su promoción. La «España vaciada» y el desastre demográfico tienen consecuencias muy serias. En estos tiempos de vacaciones y de verano, donde tanta gente regresa a sus pueblos, es un buen momento para darle una vuelta al sentido del campo, en todas sus dimensiones. En esta reflexión sobre la naturaleza humana, el trabajo, el arraigo y la dimensión espiritual del cultivo late una convicción sencilla: el campo conserva una sabiduría elemental que la ciudad ha olvidado y que ninguna tecnología puede reemplazar.
(Gabriel Cortina)
El sentido del campo
Julio Llorente
Editorial Deusto
180 páginas
TAGS: Agricultura, Civilización, Ensayo, Arraigo, Campo, Tradición, Cultura




