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Carlos Echeverría, director del Observatorio de Ceuta y Melilla y profesor de Relaciones Internacionales de la UNED es uno de los mayores especialistas españoles en seguridad. Lleva años advirtiendo de que Marruecos no es un buen vecino y de que la condescendencia mostrada por los últimos gobiernos españoles con el vecino sur se ha demostrado ineficaz.
El periodista Grego Casanova le entrevista para Vozpópuli, donde analiza las causas de lo sucedido, el papel de Marruecos, la respuesta del Gobierno y de la Unión Europea, y los retos estratégicos que afrontan dos enclaves que considera esenciales para la soberanía española.
¿La entrada de más de 72.000 personas en Ceuta entre los días 30 y 31 de julio fue una invasión?
Sin duda lo fue, como también lo fue la de mayo de 2021. Aunque el término rechina a algunos, una invasión consiste en entrar en un lugar de forma masiva y sorpresiva, rompiendo el statu quo y alterando la seguridad. Parece que invasión tiene que ser necesariamente una acción militar o protagonizada por militares, pero puede haber, y de hecho las hay, invasiones utilizando a otros actores. Una invasión es entrar en un lugar de forma sorpresiva, de forma masiva, rompiendo un statu quo, alterando una seguridad. Y en mayo de 2021 se produjo una primera invasión de Ceuta, 12.000 personas en pocas horas civiles, e independientemente de que hubiera muchas mujeres y muchos niños y de que fueran civiles la totalidad, aquello lo calificamos de invasión.
¿Tiene alguna duda de que esto ha sido promovido por las autoridades marroquíes?
Es verdad que para hacer afirmaciones contundentes o con plena convicción, como estamos precisamente en un escenario de guerra híbrida y de utilización de herramientas híbridas, hay que ser cuidadoso. Pero Marruecos es un estado autoritario donde el poder está concentrado en la monarquía. Es muy difícil dudar de su implicación cuando permiten que una población controlada se desplace masivamente para violentar una frontera. Aunque no tengamos la certeza absoluta para culpabilizar formalmente a las autoridades, todo indica que es así. Con todos esos argumentos es muy difícil decir que dudamos de que el estado marroquí esté detrás, pero en cualquier caso, como digo antes, la certeza absoluta para culpabilizar a las autoridades marroquíes quizás no las tengamos, pero evidentemente todo apunta a que eso es así.
Se han planteado varias causas: la sentencia del Supremo sobre devoluciones, la visita de Sánchez a Argelia, bulos en redes o incluso la rivalidad por el Mundial. ¿Por qué cree que ha pasado ahora?
Las sociedades democráticas intentamos buscar una explicación lógica, pero el telón de fondo es la actitud caprichosa de un estado autoritario que quiere ese territorio. La visita del presidente Sánchez a Argelia es propia de un país soberano; si a Marruecos le molesta, es su problema. Sobre la sentencia del Supremo, puede haber un efecto llamada, pero pesa más la regularización masiva de más de un millón de personas que el gobierno implementó anteriormente. También utilizan elementos como el Mundial de fútbol para presionar y que seamos condescendientes.
Además, hay factores estratégicos como la proximidad de la cita del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el Sáhara. Marruecos necesita que España mantenga una posición promarroquí y lanza avisos al gobierno actual y a la oposición para que sepan que tienen herramientas de coacción si se intenta cambiar la postura sobre el Sáhara. Pero insisto, estamos elucubrando sobre temas que en cierta medida es una forma de buscarle una razón al comportamiento inaceptable del estado marroquí.
Usted ha criticado la actitud condescendiente de las autoridades españolas. ¿Qué debería haber hecho España?
España debe tener una actitud sólida en defensa del interés nacional, que no tiene por qué coincidir con las prioridades de Marruecos. El paso dado por el gobierno respecto a la autonomía del Sáhara fue confuso y no respeta el rol de España como potencia administradora según el derecho internacional.
En relación con Ceuta y Melilla, España no es lo suficientemente convincente. Debe diseñar una estrategia clara que le demuestre a Marruecos que no conseguirá nada mediante estrategias híbridas o declaraciones inamistosas. La experiencia nos demuestra que ser moderado o componedor no garantiza el respeto de Marruecos. Todo el Estado, desde el gobierno central hasta los poderes locales y la propia Unión Europea, debe actuar con rigor y firmeza.
Algunos analistas opinan que esta vez la jugada le ha salido peor a Marruecos debido a las imágenes de los fallecidos y la presión internacional. ¿Qué opina?
No es motivo de felicitación que le salga mal a ese precio humano. Marruecos solo entra en pánico cuando el asunto se «europeiza», porque respeta mucho más a la Unión Europea que a España como estado miembro. De España recibe muchas dádivas, yo creo que demasiadas. Ayudas incluso para gestionar el tema del control de fronteras, que suena a broma. Ayudas, por supuesto, en otras dimensiones en las que algunos ciudadanos se dicen pues aquí también tenemos necesidades en España que podrían bien ser cubiertas antes de priorizar a un vecino.
A pesar de las condenas del Parlamento Europeo, Marruecos ve que al final no pasa gran cosa y sigue beneficiándose del comercio con la Unión. Además, son capaces de retorcer la narrativa para culparnos a nosotros de las muertes o de la peligrosidad de la frontera. Debemos poner en evidencia que la situación de esas personas es responsabilidad de las autoridades marroquíes y que nuestra obligación es defender las fronteras para que no sean violentadas. Es decir, su imagen está mancillada. Creo que España y nosotros, los medios, las autoridades, los analistas, tendríamos que aprovechar la ocasión para poner a Marruecos en evidencia. Es decir, si esas personas están en la situación en la que están, es por culpa de las autoridades marroquíes, no por el mundo, que es injusto, por una frontera que es una frontera desigual, ni porque España trate de defender su frontera.
¿Cómo debe responder España ante la asfixia económica que aplica Marruecos, como el cierre de aduanas o las trabas al régimen de viajeros?
España debe tener una política más exigente para que el vecino demuestre en el contacto diario que realmente es un buen vecino. Marruecos cerró la aduana de Melilla en 2018 de forma inamistosa y las aduanas actuales, según los empresarios, no funcionan con normalidad. Su objetivo es que la frontera sea un escenario intratable para asfixiar la economía y que la gente se plantee dejar de vivir allí, porque no es un lugar cómodo ni con futuro.
Alguna vez lo hemos dicho y nos miran con sorpresa a veces, pero no es tanto hacer un símil, es simplemente invitar a la reflexión, es decir, que Ceuta-Kuwait, o Ceuta-Singapur, o Ceuta-Melilla-Montecarlo, no es soñar despierto, es decir, es tomarse en serio que hay unos territorios, unas ciudades, con un capital cultural enorme, con una convivencia que no se da en ningún otro rincón de Europa entre comunidades. Debemos reinventar las ciudades aprovechando su enorme capital cultural y una convivencia entre comunidades (musulmanes, judíos, cristianos, hindúes) que no se da en otros rincones de Europa.
Marruecos intenta romper esa convivencia y generar miedo para que no se invierta. Necesitamos medidas españolas que generen inversión y el respaldo de la Unión Europea. La frontera con Marruecos es tan delicada como la de Polonia con Bielorrusia y requiere que Europa nos eche un capote en lugar de intentar arreglarlo solos y fracasar, como en 2021. Por tanto, invertir, es decir, comprarse un piso allí y no vender a trompicones el que tienes porque crees que más pronto que tarde Marruecos se va a quedar con esos territorios.
¿Es una anomalía que el Rey no visite Ceuta y Melilla?
Sí, lo es. El jefe del Estado, el presidente y los ministros deberían ir con frecuencia, con normalidad, como si fueran a Barcelona o Coruña, porque es territorio nacional. Aunque ha habido gestos, como cuando el Rey recibió a los empresarios en la Zarzuela, esa rigidez del Ejecutivo para autorizar los viajes debe ablandarse. Es muy importante la figura del jefe del Estado, su visibilidad allí sería un elemento constructivo y fundamental dentro de una estrategia de soberanía. Pero si estamos pensando que si va a ir y al día siguiente nos van a castigar, seguiremos en el mismo acomplejamiento en el que estamos.
En Google Maps, las fronteras de Ceuta y Melilla siguen apareciendo como zonas en disputa, con las fronteras con líneas discontinuas. El año pasado me comentó que desde el observatorio se habían quejado a Google, ¿ha habido alguna respuesta a sus quejas?
No hemos recibido respuesta a la carta que enviamos a la directora de Google Maps. Es una anomalía que confunde y engaña a los usuarios, y no deberíamos permitirlo. Marruecos es muy incisivo con sus mapas y logra que instituciones oficiales asuman sus planteamientos, como ocurre con el Sáhara Occidental. España debería ser igual de persistente en defender la integridad de sus fronteras en la cartografía digital.
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1 comentario en ««Ser moderados con Marruecos no nos ha garantizado nunca el respeto»- Observatorio de Ceuta y Melilla»
los musulmanes y marroquíes valoran los valientes y desprecian los cobardes y complacientes