Otra vez un 8M, interprétese la M como mejor le cuadre al lector, en mi caso lo tengo muy claro.
Otra vez la marejadilla (cada vez más pequeña afortunadamente) del esperpento antifemenino y soez, antiestético y antirracional, surca con tolerada y pervertida libertad las calles de nuestras ciudades, manchando España de abyección, y el resto del mundo también, que esto de la globalización alcanza a todos.
Aquella marcha la señalan muchos como de orcos, y me parece apropiada la imagen, pues es derivada del inframundo, que, además, con su falaz y mórbido sentido de la libertad, pueden exhibirse por permisión y manipulación de ciertos intereses de las sentinas del mundo.
Un auténtico ataque a belleza.
Y esa falsa libertad que proclaman a berridos enajenados y disonantes, sostenida en mentiras absurdas, es un atentado contra moral, el buen gusto y la razón, incapaces de comprender que la libertad verdadera es consecuencia del más alto sentido del deber, no tanto del derecho.
La libertad es el señorío del alma para poder elegir el bien, y su único norte es el honor; otra cosa es desorden y perdición. Pero, quizá, hablar del alma sea muy poco progresista, muy ajeno a los entes salidos del inframundo.
¡Qué lejos de la verdadera feminidad!, pues ésta se fundamenta en el recato y el pudor de la mujer.
Pero el propósito no es defender la verdad y el bien, el objetivo verdadero detrás de tanta sinrazón, es la destrucción de las estructuras naturales de la sociedad, que son su fortaleza y defensa, especialmente la familia.
En nuestra cultura hispana es consustancial lo femenino, la feminidad, la valoración excelsa de la mujer, y hace muchos siglos que consideramos, nada más y nada menos, a la Virgen María la intercesora entre Dios y los hombres, entre nuestra mezquindad humana y la trascendencia.
Qué lejos estamos de aquellos tiempos magníficos en los que, además de heroicos en lo viril, se tenía a la mujer por cielo en la tierra, que diría nuestro Tirso de Molina.
El recato y el pudor femeninos, eran el acero frente al que el caballero callaba y rendía el gesto.
Dios, nuestro valor y nuestro buen juicio nos asistan.
Amadeo A. Valladares Álvarez | escritor
Tags: 8M, Feminidad, Tradición, Valores, Familia, Crítica social, Humanismo cristiano.




