Otra de la casta política: los diputados amplían sus vacaciones a todos los festivos autonómicos

vacaciones de los diputados

Las vacaciones de los diputados vuelven a crecer tras la decisión del Congreso de adaptar su calendario a TODOS los festivos autonómicos, aumentando el descrédito de la clase política.

Más sueldo y más vacaciones para la casta política

Las vacaciones de los diputados ya no se limitan a los periodos tradicionales. El Congreso de los Diputados ha decidido ampliar de facto sus días de descanso al suspender los plenos en cualquier festivo autonómico. La medida llega, además, tras aprobarse una nueva subida salarial del 1,5 % para sus señorías.

El mensaje resulta demoledor para millones de españoles. Mientras las familias luchan por llegar a fin de mes, los representantes políticos mejoran su salario y reducen su carga de trabajo. El calendario parlamentario quedará seriamente afectado entre febrero y junio, meses clave para la actividad legislativa y el control al Gobierno.

Las vacaciones de los diputados se multiplican porque el Congreso ya no solo respetará los festivos nacionales. Ahora también tendrá en cuenta los festivos de todas las comunidades autónomas. 17 festivos más que se añadirán a sus ya extensísimas vacaciones. Esta decisión reduce de forma sensible los días hábiles para celebrar plenos.

Fuentes parlamentarias reconocen que la medida obligará a concentrar debates, votaciones e iniciativas de control en menos jornadas. Esa concentración afecta a la calidad democrática y al seguimiento de la acción del Ejecutivo.

Un calendario parlamentario a la carta

El nuevo calendario confirma que las vacaciones de los diputados funcionan bajo criterios ajenos a la realidad laboral del país. Ningún trabajador puede adaptar su jornada a los festivos de otras comunidades. Ninguna pyme puede cerrar cuando le conviene sin asumir consecuencias económicas.

El Congreso, en cambio, sí lo hace. La Cámara Baja ajusta su agenda interna a un mosaico autonómico que paraliza la actividad parlamentaria durante semanas enteras. Este privilegio agrava la desconexión entre representantes y representados. El esfuerzo siempre recae sobre los mismos. La clase política se blinda mientras exige sacrificios al resto.

Las vacaciones de los diputados refuerzan la idea de que el Parlamento opera con reglas propias. Sueldos elevados, dietas poco transparentes y ahora más días sin plenos alimentan el hartazgo social. La falta de explicaciones por parte de la Mesa del Congreso empeora aún más la situación.

52 días sin plenos: el caso de las vacaciones navideñas

El ejemplo más escandaloso de las vacaciones de los diputados aparece durante el periodo navideño y de verano. Por ejemplo, en Navidad, desde el 20 de diciembre de 2025 hasta el martes 11 de febrero de 2026 no habrá plenos ordinarios. Son 52 días sin plenos. Solo se celebrará una sesión extraordinaria el 22 de enero para convalidar o derogar reales decretos-leyes.

El resultado habla por sí solo. Cincuenta y dos días sin actividad plenaria en un momento de crisis institucional, económica y social. Ningún parlamento serio puede permitirse semejante parón sin ofrecer explicaciones claras.

Durante ese tiempo, los ciudadanos seguirán pagando impuestos. Las empresas seguirán abiertas. Los servicios públicos mantendrán su actividad. El Congreso, en cambio, permanecerá prácticamente cerrado.

Las vacaciones de los diputados no responden a una necesidad técnica. Responden a una cultura política instalada en el privilegio y en la falta de ejemplaridad.

Un problema moral y democrático

Este episodio no representa un hecho aislado. Forma parte de un patrón más amplio. La casta política ha perdido el sentido del servicio público. Ha normalizado vivir al margen de las exigencias que impone al conjunto de la sociedad.

Este comportamiento resulta inaceptable. La política debe entenderse como vocación de servicio, no como refugio de privilegios. Las vacaciones de los diputados dañan la confianza institucional y debilitan la unidad nacional.

España necesita instituciones fuertes, no parlamentos semivacíos. Necesita representantes comprometidos, no gestores de su propio bienestar. Cada día sin pleno agrava el descrédito del sistema.

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