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El uso indigno del dolor como consigna para las urnas
La maquinaria propagandística del sanchismo funciona siempre bajo un guion predecible, frío y carente de escrúpulos morales. Pedro Sánchez ha regresado este sábado a la localidad sevillana de Dos Hermanas con la única intención de instrumentalizar la tragedia y la memoria de los más vulnerables en su propio beneficio político. Ahora, según los sondeos, son los españoles quienes dan la espalda a ocho años de gestión, un castigo demoscópico que ha desatado el pánico en la Moncloa. Para frenar este declive, el líder socialista ha arrancado la precampaña electoral con la vivienda como tema principal y la recientemente fallecida Maricarmen Abascal como icono. Esta maniobra constituye un uso vil y descarnado de una figura que la propaganda oficialista convierte de la noche a la mañana en mercancía electoral, un fetiche político para camuflar el fracaso absoluto de sus políticas de vivienda.
La invención de una bandera electoral sobre el olvido de la realidad
La puesta en escena en el feudo socialista del sur de España escenifica el desprecio del Ejecutivo hacia la verdad histórica de los hechos. Sánchez ha desarrollado un discurso en torno a las políticas de vivienda y a la necesidad de la movilización social para seguir realizando “conquistas sociales” frente a la “España en blanco y negro de PP y Vox”. Sin embargo, el sectarismo de su intervención choca frontalmente con la hemeroteca inmediata. En un mitin inusualmente corto, de unos 15 minutos de duración, Sánchez ha ensalzado a Maricarmen como “ejemplo de vida” a la que honrar. El presidente ha obviado, sin embargo, que la anciana mencionó en una entrevista al presidente del Gobierno como uno de los culpables de su desahucio. Este ocultamiento retrata la hipocresía de un mandatario que transforma a las víctimas de su propia inacción en banderas para captar votos de izquierda.
El decreto exprés y el ventajismo legislativo en la Moncloa
Ante la falta de resultados tangibles, la corrupción creciente y con el agua al cuello por el avance de la oposición, Sánchez recurre a la ingeniería legal y al aplauso fácil de sus fieles. El inquilino en funciones de la Moncloa ha presumido de haber vuelto a aprobar en Consejo de Ministros el decreto que fue “tumbado” por el pleno del Congreso de los Diputados, aprovechando la ausencia de Junts en la Diputación Permanente para tratar de garantizar la supervivencia del texto. Esta pirueta legislativa evidencia la debilidad parlamentaria de un Gobierno que utiliza las instituciones del Estado de forma partidista para mantener un discurso de trinchera.
El peligroso llamamiento a la agitación obrera en el espacio público
El aspecto más alarmante de la estrategia sanchista radica en su intento explícito de tensionar y fracturar la convivencia ciudadana a través de la calle. A lo largo de su discurso, Sánchez ha hecho hincapié en varias ocasiones en la importancia de la movilización en las calles, del compromiso de la sociedad para impulsar las luchas sociales frente a la derecha. Este llamamiento directo a la radicalización callejera busca trasladar la frustración gubernamental hacia un escenario de enfrentamiento civil, preparando el terreno ante una posible derrota en las urnas. El presidente utiliza un lenguaje incendiario para polarizar a la población, deslegitimando de antemano el marco democrático y las alternativas políticas que ofrecen sus rivales parlamentarios.
La manipulación del relato histórico y el monopolio del progreso
Sánchez se ha erigido en el principal defensor de todas las políticas sociales de los últimos años, intentando convencer a su electorado de que el colapso de su proyecto personal significaría el fin de los derechos civiles. Frente a este chantaje emocional y la utilización indecente de la memoria de Maricarmen, la sociedad civil debe reaccionar de forma pacífica pero contundente, acudiendo en masa a las urnas y respondiendo al desafío de quien pretende incendiar el país para conservar el poder.
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