Sí, ya viene el PP… ¿y ahora qué? | Luis Antequera

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Efectivamente todo apunta a un cambio de ciclo y no precisamente menor… El PP ya gobierna con bríos renovados en comunidades como Madrid, Galicia, Castilla-León, Andalucía, con una presencia que no habría sospechado ni el más optimista de sus dirigentes o simpatizantes. Y muy pronto vendrán elecciones nacionales en las que no es de descartar, ni siquiera, una nueva mayoría absoluta del PP (¡quién lo iba a decir hace sólo un año!)

¿Y ahora qué?

¿Va a bajar el IVA al 18% como se encontraba antes de que subiera Rajoy al poder?

¿Va a bajar la deuda al 70% como se encontraba antes de que subiera Rajoy al poder?

¿Va a bajar el gasto público, actualmente en escandalosos porcentajes que superan el 50%?

¿Va a bajar el precio de la gasolina y de la luz?

¿Va a ponerse fin al despilfarro público en amiguetes, chiringuitos, cargos públicos innecesarios, supuestos “asesores”, OSGs (organizaciones SÏ gubernamentales porque las ONGs no existen) y administraciones paralelas?

¿Va a ponerse fin al crecimiento mastodóntico de la Administración Pública, devolviendo el protagonismo al sector económico que realmente produce y crea riqueza, que no es otro que el sector privado?

¿Van a reducirse drásticamente los cargos públicos?

¿Van a reducirse las trabas a la creación de empresas y de empleo?

¿Va a ayudarse adecuadamente a ese sector castigadísimo de la economía española que son los autónomos?

¿Va a dejar de castigarse a sectores importantísimos de la economía española como lo es concretamente el automovilístico?

¿Va a detenerse la inflación?

¿Va a haber menos abortos –de ilegalizarlo ni hablamos- y se va a ayudar a las madres que quieren serlo?

¿Va a promoverse el crecimiento demográfico español, en vez de promover su estancamiento, el envejecimiento de la población española y su sustitución por poblaciones foráneas?

¿Va a ponerse fin a la inmigración ilegal?

¿Van a defenderse las fronteras españolas como cualquier país defiende las suyas?

¿Va a ayudarse a las familias?

¿Va a derogarse la ley de eutanasia y va a trabajarse de nuevo en una medicina que excluya la muerte como solución? ¿Vamos a dejar de escuchar en los hospitales esa pregunta terrible, “y bien, luchamos o dejamos de luchar”?

¿Va a dejar de perseguirse al varón?

¿Va a recuperarse el sentido igualitario de las leyes sin diferenciación de sexo?

¿Va a acabarse con las cuotas y con los ascensos promovidos por el solo hecho de ser mujer u homosexual?

¿Va a desaparecer el ministerio de Igualdá que le cuesta a cada español 500 euros al año?

¿Va a derogarse la Ley de Memoria Histórica que divide a los españoles en buenos y malos y fulmina el espíritu de la Transición?

¿Va a empezar a respetarse la figura de quien fuera el Jefe del Estado Español durante 39 años, Francisco Franco, y tantos y tantos beneficios trajo a una España devastada por cinco años de nefasta República y tres de guerra, y a todos aquellos españoles que contribuyeron a hacer una España mejor, justamente en los momentos en que más difícil era?

¿Va a volver a estudiarse historia española en todas las escuelas de España?

¿Van a dejar de ser las escuelas españolas centros de adoctrinamiento para volver a ser centros de formación?

¿Va a romperse de una vez con ese constructo infumable de aberraciones humonofóbicas, antinaturales y antieconómicas que es la Agenda 2030?

¿Van a dejar de imponerse los dogmas del cambio climático y aceptar que se trata de una mera teoría sin demostrar, como bien sostenía “el primo de Rajoy” (y Rajoy con él), en la que se ha proscrito toda objeción y se silencia a quienes la intentan argumentar?

¿Van a derogarse todas las leyes inconstitucionales vigentes en Cataluña y tantas otras autonomías españolas?

¿Van a cerrar definitivamente las embajadas catalanas en el extranjero?

¿Va a poder estudiarse en español en Cataluña y en todas las muchísimas comunidades españolas, algunas de ellas por cierto, largamente gobernadas por el PP, donde cada vez es más difícil una cosa tan simple como estudiar en la lengua nacional, así declarada en la Constitución?

¿Van a derogarse las muchísimas leyes que castigan en toda España, incluso en el ámbito profesional, al que habla español?

¿Van a poder hacerse todos los exámenes para ingresar en cualquiera de las Administraciones Públicas, que sean de ámbito nacional, regional o local, en español, en cualquier parte del territorio nacional, para restablecer la igual de oportunidades entre todos los españoles?

¿Va a recuperarse la sagrada inviolabilidad de la propia vivienda y de la propiedad privada?

¿Van a investigarse y perseguirse los cientos de crímenes terroristas que aún permanecen impunes en España?

¿Van a volver los presos etarras a las cárceles en las que cumplían sus condenas antes de ser benevolentemente acercados a cárceles más cómodas, sin ni siquiera tener que condenar los execrables crímenes cometidos?

¿Van a tomarse las medidas absolutamente necesarias para proporcionar al poder judicial una independencia de la que no goza en el sistema constitucional español, reformando el nombramiento del Consejo General del Poder Judicial, el Tribunal Supremo, y como a él, a tantos otros órganos constitucionales que hoy han dejado de ser independientes para convertirse en un instrumento más al servicio del ejecutivo?

¿Va a dejar de subvencionarse el cine de escasísima calidad y menor taquillaje que se hace en España, en detrimento de otras ciencias y de otras artes no menos necesitadas, pero que son en España de mucho mayor calidad, para ayudar así a la investigación, la literatura, el teatro o la música?

Sí, parece que se viene un cambio de gobierno, pero francamente, mucho me temo que no un cambio de políticas. No veo yo al PP respondiendo afirmativamente a muchas (ni a pocas) de las preguntas que le acabo de formular. Y ni siquiera por la falta de coraje que tradicionalmente se le atribuye, -lo que ya estaría bastante mal-, no, sino por algo aún peor: por falta de ganas, por falta de convicción, por no creer en nada o casi nada de lo que se ha expresado en las líneas precedentes.

En pocas palabras: el collar sí cambiará; el perro, mucho me temo, seguirá siendo el mismo.

   Luis Antequera | Escritor

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