Nueva sumisión de Sánchez, el títere de Mohamed VI: El Gobierno destina 340 millones a obras hidráulicas en Marruecos

Sumisión de Sánchez a Mohamed VI

La deriva política de España bajo el mandato de Pedro Sánchez ha alcanzado una cota de humillación difícil de digerir para cualquier ciudadano que aún conserve un mínimo sentido de la soberanía nacional. El último episodio de esta serie de claudicaciones, que ya parece no tener fin, sitúa nuevamente a Sánchez en el papel de dócil títere de Mohamed VI. La noticia es tan real como indignante: el Ejecutivo español ha decidido regar con 340 millones de euros de dinero público diversos proyectos hidráulicos en Marruecos. Al mismo tiempo, el propio Gobierno se dedica a estrangular de forma sistemática el trasvase Tajo-Segura, condenando a muerte al sureste español.

El vasallaje y la sumisión de Pedro Sánchez ante el trono alauita han dejado de ser una sospecha para convertirse en una política de Estado que prioriza los intereses del país vecino sobre el bienestar de los españoles. La información, adelantada por El Debate, ha caído como una losa sobre la Comunidad Valenciana, la Región de Murcia y Almería. Es en estas tierras donde el sol y el esfuerzo de los agricultores han levantado la huerta de Europa, una infraestructura económica vital que ahora contempla con impotencia cómo sus impuestos se utilizan para modernizar la agricultura de un competidor directo mientras a ellos se les cierra el grifo por decreto.

Marruecos recibe inversiones millonarias mientras el Levante pierde agua

Resulta un insulto a la inteligencia la justificación que el Ejecutivo intenta dar a este apoyo financiero. Según los datos publicados, estos 340 millones de euros se destinarán a infraestructuras para combatir la sequía en Marruecos, incluyendo plantas desaladoras y sistemas de gestión de recursos hídricos. Es decir, Sánchez está pagando con fondos que deberían proteger el territorio nacional las herramientas para que Marruecos gane la guerra del agua y de la exportación agrícola.

La paradoja es sangrienta. Mientras los ingenieros y operarios marroquíes celebran la llegada de capital español, los regantes de Alicante, Murcia y Almería ven cómo el Ministerio para la Transición Ecológica impulsa medidas para reducir progresivamente el caudal del trasvase Tajo-Segura. La estrategia es clara: se imponen caudales ecológicos arbitrarios en el Tajo para justificar el recorte en el Levante, pero no parece haber ninguna preocupación ecológica que impida financiar infraestructuras similares en un país que, lejos de ser un aliado leal, utiliza cada gesto de debilidad de Sánchez para profundizar en su chantaje diplomático.

Crece el malestar y la rabia

El sentimiento de abandono en el sureste español ha mutado en una rabia contenida que amenaza con estallar. Las organizaciones agrarias no dan crédito a lo que consideran una traición en toda regla. No es solo una cuestión de dinero; es una cuestión de supervivencia. En regiones donde el agua es el oro que mueve la economía, cada gota recortada es un puesto de trabajo menos, una familia más en la precariedad y una hectárea de tierra fértil que se convierte en desierto.

En la Comunidad Valenciana, Murcia y Andalucía oriental, el trasvase Tajo-Segura no es un capricho político, sino la columna vertebral de un sistema que permite el abastecimiento urbano de millones de personas y sostiene una industria agroalimentaria que es la envidia de medio mundo. Al limitar estos recursos bajo el pretexto de una supuesta sostenibilidad, el Gobierno de Sánchez no está salvando el medio ambiente; está destruyendo el tejido productivo de España para favorecer la expansión marroquí. Es la imagen perfecta del gobernante que se arrodilla ante el monarca extranjero mientras desprecia a sus propios compatriotas.

Rechazo unánime ante la política de rodillas

La reacción política no se ha hecho esperar, y las críticas ya no solo vienen de la oposición y el colectivo del sector primario sino de una sociedad civil que se siente utilizada. Se denuncia con fuerza la creciente dependencia diplomática de Sánchez respecto a Marruecos. Desde aquel oscuro y nunca explicado giro histórico sobre el Sáhara Occidental, el presidente español parece actuar bajo las órdenes directas de Rabat. La sospecha de que existe algo más que una «buena relación» sobrevuela cada decisión que beneficia al reino de Mohamed VI en detrimento de los intereses nacionales.

Este nuevo acto de sumisión hídrica es visto como el pago de un peaje invisible. ¿Qué le debe Sánchez a Mohamed VI para entregarle 340 millones mientras el campo español agoniza? Esta es la pregunta que resuena en las calles de Murcia y en los despachos de la Generalitat Valenciana. La falta de transparencia y la urgencia con la que se tramitan estas ayudas a Marruecos contrastan con la lentitud y la burocracia castrante que sufren los agricultores españoles cuando solicitan ayudas por las inclemencias del tiempo o la subida de los costes de producción.

La batalla del agua: un frente de traición abierta

El debate sobre el agua ha dejado de ser técnico para convertirse en un campo de batalla identitario y de soberanía. El Gobierno se escuda en criterios de «sostenibilidad hídrica» y cambio climático para justificar el hachazo al Tajo-Segura. Sin embargo, esa supuesta preocupación por el planeta desaparece cuando se trata de financiar obras en Marruecos. ¿Acaso el cambio climático no afecta al otro lado del Estrecho? ¿O es que el agua de Marruecos es más «sostenible» que la de España porque así lo decide el sátrapa de Rabat?

Agricultores y regantes han alertado por activa y por pasiva: estas restricciones podrían destruir miles de empleos y poner en riesgo el sistema agrícola más eficiente y productivo del país. La respuesta de Sánchez ha sido el silencio y la chequera, pero solo para el vecino del sur. La financiación de estas obras en Marruecos añade una presión política insoportable sobre un asunto que ya era explosivo. Es la confirmación definitiva de que España tiene al frente a un gestor que actúa como un delegado de los intereses alauitas, un títere que no duda en sacrificar el futuro de las provincias de Levante si con ello consigue el beneplácito de su señor en el palacio de Rabat. La traición hídrica ya tiene cifra: 340 millones de euros para mayor gloria de Marruecos y ruina de España.


Tags: Pedro Sánchez, Mohamed VI, Marruecos, Trasvase Tajo-Segura, Sequía, Traición al campo, Inversiones hidráulicas

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