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La política económica y agraria del gobierno de Sánchez está ejecutando un golpe letal contra las raíces más profundas de nuestra economía rural. Bajo una asfixiante presión burocrática, un ataque de los globalistas de Bruselas y un desprecio ideológico constante hacia el campo, las familias ganaderas tiran la toalla de manera definitiva. Sánchez lo está consiguiendo. El sector primario está desapareciendo. La ganadería española continúa perdiendo músculo. Desde 2020 han desaparecido 27.649 explotaciones y el país cuenta con 4.556.863 animales menos entre vacuno, porcino, ovino, caprino y aves de corral, según los últimos datos disponibles del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación recogidos por El Debate y La Gaceta. El desolador panorama constata a un Gobierno que no solo no protege a sus productores sino que está empeñado en legislar de espaldas y en contra de la realidad de la tierra.
Las causas del deterioro estructural del campo español
El colapso de las granjas españolas no responde a un fenómeno fortuito, sino a una tormenta perfecta que Moncloa promueve sistemáticamente. El retroceso se produce en un contexto marcado por el encarecimiento de fertilizantes, combustible, maquinaria y otros insumos, a lo que se han sumado enfermedades ganaderas, sequías prolongadas y unos precios en origen que numerosos productores consideran insuficientes para cubrir sus costes. Las políticas gubernamentales, lejos de mitigar estos problemas con ayudas directas eficaces y una Ley de la Cadena Alimentaria que de verdad evite la venta a pérdidas, añaden trabas globalistas, ecologistas e impositivas insoportables. El resultado es especialmente visible en algunas de las principales cabañas ganaderas españolas, que menguan a un ritmo jamás visto.
El desmantelamiento de la cabaña bovina y ovina
Los sectores tradicionales del pastoreo y la ganadería intensiva sufren una sangría insostenible que compromete el suministro alimentario del futuro. El vacuno contaba en 2020 con 144.510 explotaciones y 6.636.428 cabezas. A cierre de 2024, España había perdido 16.553 explotaciones y 336.512 animales. La pérdida de estos miles de centros de producción refleja la desesperación de los ganaderos, atrapados entre costes disparados y la indiferencia oficial.
Sin embargo, la catástrofe adquiere dimensiones de auténtico drama histórico cuando se analiza la evolución de los rebaños de ovejas en nuestras provincias. El golpe es todavía mayor en el ovino. De las 15.081.347 ovejas contabilizadas al término de 2020 se ha pasado a 11.093.942 en 2025: una caída próxima a los cuatro millones de animales. En ese mismo periodo desaparecieron 3.944 explotaciones. Un retroceso de esta magnitud no solo arruina la viabilidad de las industrias queseras y cárnicas locales, sino que borra del mapa una actividad milenaria indispensable para limpiar nuestros montes y prevenir incendios forestales de forma natural.
La caída histórica del sector caprino en las provincias
El ganado caprino experimenta su propia debacle, cayendo a niveles críticos que destruyen la soberanía láctea del país. El caprino también ha caído por debajo de los dos millones de animales por primera vez en la serie histórica. España cerró 2025 con 1.926.345 cabras, frente a las 2.651.041 registradas cinco años antes. En ese periodo desaparecieron 5.606 explotaciones. La quiebra masiva de granjas caprinas demuestra que ninguna cabaña ganadera escapa a la asfixia generalizada impuesta por el modelo económico de Sánchez.
El declive de la apicultura y las colmenas españolas
La crisis también golpea de lleno a la producción de miel y al mantenimiento de los polinizadores esenciales para nuestra biodiversidad. También retrocede la apicultura. España contabilizaba a finales de 2025 unas 2,74 millones de colmenas, alrededor de 360.000 menos que en 2020. La entrada masiva de mieles adulteradas de terceros países, la falta de protección frente a especies invasoras y la desatención del ministerio explican este desplome que compromete el equilibrio ecológico del campo.
El drama demográfico y la dependencia alimentaria exterior
El desmantelamiento programado de la ganadería española acarrea consecuencias nefastas que van mucho más allá de los fríos balances macroeconómicos de Madrid. La pérdida sostenida de explotaciones vuelve a alimentar las advertencias del sector sobre el futuro del campo español. Cada cierre no supone únicamente la desaparición de una actividad económica: en muchas comarcas rurales significa también menos empleo, menos población y mayor dependencia alimentaria del exterior. Comprar fuera lo que antes producíamos aquí con la máxima calidad nos vuelve vulnerables y destruye el sustento de las comarcas rurales. El Gobierno de Sánchez pasará a la historia por desahuciar al campo y obligar a España a depender de las importaciones para llenar la cesta de la compra.
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