Hay imágenes que retratan una época mejor que mil discursos. Una de ellas es la de Cándido Conde-Pumpido sentado, hoy, en el sillón presidencial del Tribunal Constitucional. La misma persona que durante los siete años del zapaterismo —el mandato más largo de un Fiscal General del Estado en democracia— convirtió la Fiscalía en una extensión de Moncloa, preside ahora el tribunal de garantías. Si alguien busca un símbolo del deterioro del Estado de Derecho en España, lo tiene ahí, en el Tribunal Constitucional, vistiendo toga.
El pasado de Conde-Pumpido: Del «polvo del camino» a la negociación con ETA
Conviene recordar de dónde viene este señor. Fue el Fiscal General de aquella negociación con ETA cuyo eufemismo institucional —“proceso de paz”— escondía concesiones a una banda que aún asesinaba. Suyo fue el latiguillo célebre, lanzado en 2006, según el cual “el vuelo de las togas de los fiscales no eludirá el contacto con el polvo del camino”. Traducción libre: la Fiscalía se acoplaba a las órdenes de Moncloa. Bajo su mando, el Ministerio Público suavizó posturas penales con los etarras, miró hacia otro lado en episodios tan turbios como el chivatazo del Faisán y dejó la institución dócil, militante y desprestigiada.
El Constitucional bajo el control del PSOE
Aquel Conde-Pumpido nunca se fue. Solo cambió de toga. Aterrizó en el Constitucional en 2017 y, como presidente desde enero de 2023, ha pilotado el aval a la Ley de Amnistía, ha despejado vías al Gobierno en cada conflicto institucional y ha convertido al Pleno en una sucursal jurídica del PSOE. El tribunal que debe contener al poder se ha transformado en el departamento jurídico del poder.
Y mientras él vela porque nada incomode a Sánchez, el expresidente que lo nombró está imputado en la Audiencia Nacional por organización criminal, tráfico de influencias, blanqueo y falsedad documental en el caso Plus Ultra. “Núcleo decisor” de la trama, según el auto del juez Calama. Es decir: el Fiscal General de Zapatero preside el Constitucional mientras Zapatero declara como investigado. Casualidades que solo se dan bajo el sanchismo.
El círculo perfecto: El caso de Álvaro García Ortiz
La estampa no acaba ahí. El actual Fiscal General, Álvaro García Ortiz, es el primero de la historia condenado por el Tribunal Supremo: dos años de inhabilitación por revelar datos reservados del novio de Ayuso para tratar de salvar a Moncloa de un bulo propio. Un fiscal general convicto. Y, lejos de dimitir, ha recurrido al Constitucional. ¿A qué Constitucional? Al de Pumpido, claro. Al juez que ha de revisar al sujeto que sirvió al partido que coloca al juez. El círculo perfecto.
La colonización institucional y el futuro del Estado de Derecho
Imaginen, llegado el momento —y todo apunta a que llegará—, al futuro presidente del Gobierno del PSOE jurando el cargo. Y, junto a él, presidiendo el Tribunal Constitucional, el condenado Álvaro García Ortiz. No es distopía: es la trayectoria natural de un partido que ha colonizado las togas como antes colonizó la Fiscalía. Hoy Pumpido. Mañana, García Ortiz. Pasado, lo siguiente.
Si todavía alguien se pregunta por qué España ya no es plenamente un Estado de Derecho, mire la silla presidencial del Constitucional. Allí está la respuesta.
Alfonso P. Sanz | Jurista y escritor
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