Pensamiento Crítico y el Covid-19 | Eusebio Alonso

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El pensamiento crítico se define como la capacidad de analizar la información que se tiene sobre un tema, evaluando los detalles y finalmente creando un propio criterio lo más objetivo posible, evitando que aspectos externos intervengan en el resultado final.

Así pues, el pensamiento crítico permite analizar una información, catalogarla y contrastarla para determinar la validez de ésta. Este análisis es siempre posible, aunque no siempre se disponga a priori de un extenso conocimiento en la disciplina relacionada con la información bajo análisis. El pensamiento crítico busca evaluar la calidad de una información evaluando tanto los aspectos positivos como los negativos de ésta.

¿Qué utilidad nos ofrece en el día a día el pensamiento crítico? Se me ocurren muchas, pero quizá la más atractiva para mi sea la de separar la información veraz de aquella que no está adecuadamente argumentada y que, por sensatez, habría que descartar.

El pensamiento crítico se apoya en una serie de técnicas que se explican en muchos libros. Libros que se pueden encontrar sin dificultades en cualquier librería. Aquí solo pretendo dar unas pocas pinceladas y crear la inquietud en aquellos que, después de la lectura de este artículo, quieran profundizar en el tema.

Cuando se lee un texto o se escucha un discurso, el pensamiento crítico exige clasificar la información que se presenta en él. Es necesario separar las opiniones, los hechos, las interpretaciones de estos, las descripciones y explicaciones, las premisas, identificar la línea argumental, verificar la consistencia interna de la argumentación y, por último, verificar la coherencia de las conclusiones.

Hay que eliminar, como no válidas, aquellas suposiciones que se basan en ideas y creencias carentes de justificación en lugar de en hechos y evidencias.

Un argumento se basa en hechos y premisas que son teorías, creencias o suposiciones conocidas. Los argumentos permiten crear la línea argumental o razonamiento que lleva a obtener las conclusiones.

Un razonamiento puede adolecer de los siguientes problemas que intentaré ilustrar con algunos casos de actualidad:

  • Confusa relación causa-efecto. Por ejemplo, a cuenta de la saturación de UCIs durante la pandemia del COVID19 se acusa al PP de haber desatendido la sanidad durante su mandato. Creo que la aparición de la pandemia del COVID19 no era previsible hace dos años. Sin embargo, se obvia el efecto causado por no haber tomado medidas a tiempo una vez conocida la letalidad del virus y su vector de contagio en otros países.
  • Se hace una interpretación incorrecta o sesgada de los hechos en los que se apoya. Por ejemplo, se ha explicado que el número elevado de muertes de ancianos obedece al hecho de la gran longevidad que existe en España, ya que en otros países esos ancianos ya habrían fallecido por otras causas. Sin embargo, no se habla del más que posible triaje en hospitales con recursos saturados, ni de la insuficiente protección que este colectivo ha tenido en las residencias por falta de EPIs.
  • Se busca atacar a la persona en lugar presentar un razonamiento sólido en base a hechos y premisas. Un ejemplo puede ser el ataque que está sufriendo la presidenta de la comunidad de Madrid por repartir entre los madrileños mascarillas de alta protección a las que les falta alguna certificación europea. Resulta curioso que muy pocos municipios hayan repartido mascarillas a sus ciudadanos y se ataque a las personas que tienen la iniciativa de hacerlo.
  • Se usa un lenguaje emocional. Por ejemplo, todos hemos podido oír las amenazas, para evitar responder a las interpelaciones, que alguna formación política ha dedicado a alguna otra en el Congreso de los Diputados.
  • Se establecen falsas correlaciones. Por ejemplo, se ha intentado correlar el número de muertos por el COVID19 en Madrid con la supuesta mala gestión de la comunidad, obviando el repunte de los contagios surgidos tras las concentraciones de derechas e izquierdas que tuvieron lugar el pasado 8 de Marzo.
  • Se desvía la atención del lector asumiendo que algo se considera probado o que una tendencia es aceptada por todos. Por ejemplo, al principio de la pandemia del COVID19 se indicó que no era necesario el uso de mascarillas para aquellos no afectados por la enfermedad. Con ello se transmitió una falsa tranquilidad a los ciudadanos que muy posiblemente haya salido cara.
  • Se hace una interpretación incorrecta de los hechos o trivialización de estos. Por ejemplo, decir que Madrid es la tercera ciudad más letal en relación al coronavirus es hacer una interpretación incorrecta del concepto de letalidad ya que este concepto no corresponde al número de fallecidos, sino al porcentaje de fallecidos en relación al de afectados por la enfermedad.
  • Se omite información valiosa que no interesa presentar. Por ejemplo, estamos en el proceso de desconfinamiento por fases. Sin embargo, no se presentan los criterios objetivos que determinan el paso de fase, ni la evolución de los indicadores de cada comunidad autónoma. Esta información permitiría saber por qué unas comunidades pasan y otras no y cuán lejos se está de alcanzar los objetivos de paso de fase, evitando manipulaciones políticas no siempre bienintencionadas.

En relación con las evidencias que soportan un argumento, convendría estar pendiente de los siguientes aspectos:

  • Fiabilidad y autenticidad de las fuentes que aportan las evidencias, identificando si se trata de fuentes primarias o secundarias. Evidentemente las primarias ofrecen más credibilidad. Por ejemplo, sería de poco valor hablar en boca de unos expertos sin que sean estos los que en primera persona presenten sus opiniones. Si ni siquiera se menciona la identidad de los expertos en los que se apoya la argumentación, la premisa pierde validez porque con toda probabilidad se trate de una falacia.
  • Validez temporal de la evidencia y relevancia de ésta. El paso del tiempo puede hacer que una evidencia pierda valor. Supongamos, por ejemplo, una prueba en una investigación criminal que haya sido desatendida durante algún tiempo y no haya tenido asegurada su cadena de custodia. La prueba podría estar contaminada y carecería de valor alguno.
  • Discutir la validez de los testimonios en base a su precisión, distancia temporal de los hechos, triangulación y corroboración de declaraciones si hay varios testigos. Por ejemplo, un testimonio corroborado tiene más valor que el de una sola persona. El paso del tiempo puede afectar a la precisión de una declaración.

La línea de razonamiento debe ser clara, precisa, lógica, estructurada y sus argumentos deben ser consistentes entre sí. Esta línea de razonamiento va a permitir construir correctamente la conclusión final.

Nuestro genial Ortega y Gasset resumía su visión sobre el pensamiento crítico con las siguientes 4 reglas:

  1. “No hacer caso de lo que la gente opina porque nunca sabe por qué lo dice y sus opiniones, surgen de la pasión y no de la razón”.
  2. “No contagiarse de opiniones ajenas. El alma que piensa por contagio es un alma vil sin vigor propio”.
  3. “El valor verdadero se eleva sobre el pensar y sentir vulgares. Hay que pensar que lo más valioso suele parecer al principio extraño, difícil, insólito y hasta enojoso”. Es decir, hay que escuchar incluso a aquellos que opinan de forma diferente, siempre que se apoyen en la razón y no en las emociones.
  4. “En una lucha de ideas o de sentimientos, cuando veáis que de una parte combaten muchos y de la otra pocos, sospechad que la razón está en estos últimos. Prestad auxilio a los que son menos contra los que son más”.

Finalmente, Ortega apostilla en su discurso:

“Los españoles que ahora forman nuestra sociedad no saben distinguir entre hombres y, acaso de buena fe, creen que son inteligentes los que son más necios, que son buenos los que son más farsantes. Ya sabéis que hay enfermos de la visión que ven grises los objetos azules. Una cosa parecida acontece hoy a los españoles: padecemos una perversión del juicio sobre personas. Se juzga inteligentes a esos vanos charladores que llaman políticos. Se cree que es buen poeta, buen novelista, buen profesor el que mejor halaga al público repitiendo tonterías que pensaba hace veinte años. En tanto que los mejores, los que verdaderamente valen son poco conocidos, nadie les hace caso, tal vez, se les combate en todas formas”.

En mi opinión, considero que el pensamiento crítico es una habilidad que debería desarrollarse y tener un espacio curricular en la enseñanza de los jóvenes. No solo para que la sociedad futura sea menos manipulable, sino para enseñarles a pensar con seriedad y rigor. Es evidente que este objetivo dista mucho de ser prioritario para nuestros gobernantes. Es por eso que el esfuerzo lo tendremos que hacer por nuestra cuenta educándonos a nosotros mismos y a nuestros hijos mientras se nos permita, e incluso más allá.

Eusebio Alonso