Otra tragedia perfectamente evitable. ¡Suma y sigue! | Eusebio Alonso

Otra tragedia perfectamente evitable

Mucho se ha escrito, y hablado ya, sobre el reciente accidente ferroviario de alta velocidad ocurrido en la localidad cordobesa de Adamuz el pasado 18 de enero. Transcurrida más de una semana de los hechos en los que se ha podido hacer balance definitivo de la catástrofe y recoger bastantes evidencias, ya tocaría, en cualquier Estado libre, momento de opinar sobre lo ocurrido a la luz de todo lo que se ha ido descubriendo y publicando, principalmente, por la prensa libre e independiente.

A la espera del informe oficial, que posiblemente se demore “sine die” como suele ocurrir con situaciones delicadas, creo que es momento de reclamar respuesta a no pocas preguntas que muchos nos hacemos. Entre ellas están las siguientes:

¿Cómo es posible que no se detectara, con antelación, la degradación del tramo de vía que hizo descarrilar al tren de Iryo?

¿Por qué motivo el tren Alvia no se monitorizó en el centro de control ferroviario ni se detectó su posterior colisión?

¿Cuánto tiempo transcurrió entre el descarrilamiento del Iryo y la colisión del tren Alvia? ¿Pudo evitarse la colisión si el centro de control ferroviario hubiera monitorizado el tren de Alvia y actuado con más diligencia?

¿Por qué tardó más de una hora en llegar la ayuda al tren de Alvia siniestrado?

¿Qué tipo de comprobaciones de seguridad y con qué periodicidad se realizan a las vías de alta velocidad?

¿Qué comprobaciones de seguridad se realizan en cada tren de alta velocidad antes de que comience un recorrido?

¿Por qué se hizo caso omiso de los continuados avisos de vibración presentados a ADIF por el sindicato de maquinistas?

¿Por qué se eliminó, en julio de 2025, la unidad de emergencias y prevención de accidentes?

¿Por qué el mantenimiento del servicio viario ya no lo hace ADIF y se subcontrata a empresas privadas?

¿Qué supervisión hace ADIF, responsable de la red viaria, a los trabajos subcontratados? ¿Se comprueba la realización de las tareas encargadas y la calidad y homologación de los materiales usados?

¿Son de fiar empresas encargadas del mantenimiento ferroviario como AZVI implicadas en la trama Koldo?

¿Cómo se explica la siniestralidad ferroviaria en España debido a descarrilamientos con la que existe en otros países como Italia y Francia que es considerablemente inferior?

¿Por qué, desde 2018, el esfuerzo dedicado a conservar cada millón de euros de red ferroviaria ha caído un 25% en términos reales?

¿Por qué se usan menos de la mitad de los trenes laboratorio disponibles en la verificación de la red ferroviaria? ¿Es por falta de personal capacitado? ¿Mal estado de los citados trenes? ¿Trámites de homologación pendientes? ¿Alto coste?

Estas son unas pocas preguntas de todas las que se nos pueden ocurrir y que el ministerio de transportes debería de contestar aportando evidencias que no requieran apoyarse en un acto de fe para creérselas.

Desde el día de la catástrofe se han hecho esfuerzos denodados por parte de los medios de comunicación públicos y algunas cadenas afines para exonerar al ministerio de transportes y al gobierno socialista de la nación de cualquier responsabilidad con la tragedia ferroviaria. Es verdad que no resulta elegante buscar responsabilidades de forma prematura cuando no se ha realizado una mínima recogida de evidencias, pero tras una semana de los hechos no podemos consentir que esa excusa siga sirviendo de cortina de humo para tapar responsabilidades. Yo me pregunto, ¿cuánto tiempo tardó el partido socialista en exigir conocer la autoría del atentado del 11M, movilizando de inmediato a su tropa ante las sedes del PP, para poder sacar rédito electoral en una jornada de reflexión?

Hemos oído excusas exculpatorias de todo tipo por parte del ministro de transporte y de su cohorte periodística de opinión «sincronizada»:

  • Primero se quiso crear la sospecha de que el tren de Iryo pudiese arrastrar una carga que hubiese deteriorado las vías por las que circulaba.
  • Luego las sospechas se desviaron al estado de las ruedas del Iryo que tal vez pudiesen provocar una fatiga excesiva en las vías. ¿Recuerdan a aquella señora que se explicaba tal mal, y que hablaba de las ruedas cuadradas para referirse al mecanismo de ajuste a la vía?
  • Se dijo que el tramo viario afectado por la catástrofe se había renovado completamente en mayo de 2025, por lo que necesariamente debía de estar nuevo, cuando en realidad la renovación fue solo parcial, manteniendo tramos de 1992, fecha en la que se inauguró la linea AVE Madrid-Sevilla.
  • Se ha intentado menospreciar los avisos de vibración detectados y comunicados por diferentes maquinistas y las alarmas recogidas por los trenes laboratorio encargados de vigilar el estado de las vías, porque supuestamente los registros no superaban los umbrales de peligrosidad establecidos. ¿Nadie se ha parado a pensar que tal vez esos umbrales de peligrosidad tan «incuestionables» pueden ser inadecuados? Por otra parte, resulta obvio que las vibraciones pueden ser una manifestación de algún desajuste como puede ser una mala nivelación del terreno. Si la frecuencia de vibración produjera un fenómeno de resonancia en la vía, sería muy probable que las soldaduras de las vías rompiesen con facilidad.

Ya solo falta que le intenten cargar la culpa de la fatídica colisión a algún fallecido que no pueda defenderse. Algo así como lo que bien pudo pasar con los moritos del 11M convenientemente «inmolados», todos ellos, en Leganés. Los políticos sin escrúpulos pueden hacer cualquier cosa antes de aceptar una responsabilidad que les ponga en entredicho. La culpa siempre la tendrán aquellos que les permitan conformar el relato más provechoso.

Tras una catástrofe, las prioridades sensatas deberían establecerse como sigue…

  1. El primer objetivo de las autoridades debería ser proporcionar un rápido y adecuado socorro de las víctimas, búsqueda de desaparecidos y atención a sus familiares.
  2. Recoger todos los elementos que permitan analizar de forma rigurosa la causa de la tragedia, proporcionando transparencia al proceso.
  3. Identificar las circunstancias que hicieron posible la catástrofe y derivar responsabilidades si las hubiera.
  4. Hacer una reflexión rigurosa y plasmarla en un documento de lecciones aprendidas que permita, por ejemplo, mejorar el sistema de detección y prevención de anomalías, creando nuevos mecanismos y procedimientos, para impedir que algo parecido se vuelva a repetir.

La ley de Murphy en positivo.

La mayoría de las personas que pudieran ser consultadas dirían que la ley de Murphy es una manifestación de lo inevitable. De la perversidad de la Naturaleza ante lo que nada se puede hacer. Sin embargo, estoy seguro de que esa no era la pretensión real de Murphy. Todos conocemos el enunciado de que “si se te cae una tostada al suelo, esta caerá con toda probabilidad sobre el lado untado de mantequilla”. En mi opinión, este enunciado plantea un enfoque totalmente inadecuado. El enunciado correcto es que “si algo tiene alguna probabilidad de salir mal, saldrá mal”. La moraleja del enunciado correcto es que: hay que reducir la probabilidad de que algo pueda salir mal, tanto como sea posible.

Edward Murphy existió y era un ingeniero que trabajaba para la fuerza aérea americana. Llegó a la conclusión, antes citada, tras descubrir un grave error de cableado cometido por uno de sus colaboradores, que pudo haber producido una tragedia. De esa experiencia nació su preocupación obsesiva por evitar errores resultado de la inadecuada interpretación de las órdenes transmitidas. Desde entonces, se esforzó en dar un cuidado exquisito a sus procedimientos y comprobaciones para evitar que no quedase ningún cabo suelto que pudiese provocar un error de consecuencias imprevisibles. Es inevitable que personal inexperto, o descuidado, pueda cometer errores. Para evitarlo, especialmente en trabajos de riesgo, o que pueden tener graves consecuencias, es necesario realizar cuidadosos procedimientos y una supervisión exhaustiva. Y eso, claro está, cuesta dinero. ¿Cuántas vidas se habrán ahorrado gracias a la maravillosa obsesión de Murphy?

Parece que, actualmente, ADIF subcontrata la comprobación del estado de la infraestructura viaria y el mantenimiento de ésta. No por ello debería quedar eximida de la responsabilidad de supervisión de que los trabajos subcontratados se realizan correctamente. Supervisar unos trabajos de mantenimiento viario no se reduce a pasar el trámite de firmar, sin más, su aceptación. Lo profesional es supervisar el material, los procedimientos y también personarse en las comprobaciones pertinentes, para no dejar ningún cabo suelto que permitiera a la ley de Murphy pasarnos una onerosa factura.

La máxima de cualquier profesional serio debe ser que: aunque el trabajo pueda delegarse, la responsabilidad nunca se puede delegar. Por otra parte, también resulta imprescindible vigilar la eficiencia de la inversión realizada en el mantenimiento de las tareas que se subcontratan. Esta vigilancia no consiste solo en comprobar si lo que se invierte es lo adecuado para garantizar la seguridad y el confort en el transporte, sino también si todo este dinero va al destino correcto y no se desvía, de forma encubierta, a alimentar alguna estructura clientelar o algún capítulo de corrupción política y empresarial. No sería la primera vez que esas cosas pasan. ¿Verdad?

Si no somos capaces de extraer ningún aprendizaje de una tragedia así, habremos desaprovechado una oportunidad de aprender como sociedad. Oportunidad que algunos han pagado con el altísimo precio de su propia vida.

Sinceramente, no soy demasiado optimista acerca de que nuestros políticos tengan interés en aprender nada que pueda beneficiar a la población. A la vista está que ha habido catástrofes recientes de las que no hemos conseguido aprender nada:

  • Los dramáticos efectos de la Dana de Valencia de octubre de 2024, es obvio que pudieron haberse evitado si se hubieran construido infraestructuras como la presa de Cheste, anunciada en 2004 como parte del plan Hidrológico Nacional, que fue derogado por Zapatero. De haber existido esta presa, habría contenido las riadas producidas en la cuenca del Poyo y protegido hasta 16 pueblos de la zona entre los que estarían todos los pueblos más afectados por la mencionada Dana. Esta presa no se construyó simplemente por razones ideológicas. Ante la citada Dana de 2024, tampoco quiso actuar el gobierno central, por razones que alguna vez deberían aclarar, con la suficiente diligencia para buscar desaparecidos y atender a los damnificados.
  • El apagón eléctrico producido en España a finales de abril de 2025. Apagón que, aunque se haya intentado silenciar su impacto mediáticamente, también produjo muertes y unos daños sociales y materiales importantes. Al día de hoy nadie ha admitido responsabilidades ni se ha dado una explicación oficial de su causa. La explicación más plausible, a juicio de los expertos, es que se optó por un «mix» arriesgado de elementos de producción de energía, haciendo primar la elección de fuentes renovables, más inestables en frecuencia que las fuentes de producción tradicionales como son las centrales térmicas y las nucleares.

No podemos esperar que las cosas dejen de suceder cuando no se quiere hacer nada nuevo para intentar evitarlas. Si yo estuviera en la piel de los familiares de las víctimas del desastre de Adamuz, exigiría con todas mis fuerzas transparencia informativa en la investigación y la participación de analistas independientes que no estuvieran contaminados por intereses políticos.

Volviendo al título del presente artículo… ¿Fue una tragedia inevitable lo que ocurrió en Adamuz? Si pretendiéramos admitir que esta hipótesis fuese cierta, habría que explicar, primero, ¿por qué otros países con redes de alta velocidad parecidas tienen mucha menos siniestralidad ferroviaria que España? Segundo, llegaríamos finalmente a la conclusión, por el método de reducción al absurdo, de que un servicio “inevitablemente” tan inseguro como demostraría ser la alta velocidad en España, no merecería tener ningún futuro. La ley de la oferta y la demanda nos dará la respuesta ciudadana a la gestión de esta catástrofe.

Empiezo a barruntarme que alguien debe sacar rédito de todos estos desastres y que se trata sistemáticamente a los ciudadanos con el máximo desprecio intelectual. Tal vez porque nos embaulamos todo lo que nos cuentan sin rechistar. Mientras la ineptitud y la mala fe sigan canalizando alguna intención de voto para determinadas opciones políticas y la población no desarrolle un adecuado espíritu crítico, tengan por seguro que nada cambiará para mejor. ¡Amigos, apriétense el cinturón que vienen curvas!

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1 comentario en «Otra tragedia perfectamente evitable. ¡Suma y sigue! | Eusebio Alonso»

  1. Suscribo todo lo dicho. El servicio ferroviario en España. va de mal en peor.
    A lo mejor las palabras de Puente de que «atraviesa su mejor momento», es por el mejor momento de su partido y sus amiguetes.
    Lo que no entiendo es qué demonios hace la ministra EL PRIMERA PLANA. Ahí NO PINTA NADA (o sí, diciendo: mira lo que hemos hecho…)

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