La Organización Mundial de la Salud (OMS) se encuentra hoy en medio de una crisis de credibilidad sin precedentes, una herida autoinfligida por su propia arrogancia y su evidente agenda de control global a través de las mentiras, falacias y la manipulación. Lo que antes se percibía como una entidad técnica de coordinación sanitaria se ha quitado la máscara, revelándose como el brazo ejecutor de una dictadura globalista con apariencia médica que busca desmantelar la soberanía de las naciones. Este asalto a la libertad individual y nacional es una estrategia ejecutada por etapas que comenzó con el experimento social del COVID-19 y que ahora intenta reciclarse desesperadamente a través de supuestas nuevas amenazas como el hantavirus y el ébola.
El despertar tras la arrogancia del COVID-19
El gran falos de los globalistas durante la era del COVID fue el exceso de confianza. Creyeron que lo tenían todo totalmente controlado y embriagados por el poder repentino que les daba la farsa del Covid, figuras del Foro Económico Mundial y la propia OMS cometieron el error de mostrar su euforia ante las cámaras. Alardearon de un «Gran Reinicio» y de una «Nueva Normalidad» mientras a las poblaciones las hacían permanecer encerradas en sus casas, aterrorizadas por un virus que, según las propias estadísticas, presentaba una tasa de supervivencia promedio del 99,8%.
Esa brecha entre la letalidad real y la tiranía impuesta fue lo que despertó a millones de personas. Lo que ellos llamaron «teorías de la conspiración» resultó ser, simplemente, la observación lógica de un asalto a los derechos fundamentales bajo el pretexto de la seguridad. Hoy, la capacidad de la élite para sumergir a la población en una nueva farsa pandémica se ha reducido drásticamente tras este despertar masivo.
Crisis financiera y el fin de la confianza pública
Tras el fracaso de los intentos por imponer un tratado de pandemias que cedería el mando sanitario de cada país a las oficinas de la OMS, y la salida de Estados Unidos -que cortó el 20% de su financiación- dejó al descubierto la fragilidad de una estructura que depende del dinero de las potencias y de grandes globalistas privados como Gates con agendas propias.
Ante esta situación de debilidad, la OMS ha activado su maquinaria de propaganda para fabricar una sensación de crisis perpetua. Ya nadie les cree. Incluso ante una amenaza biológica legítima, la sociedad difícilmente confiaría en una organización que ha demostrado depender y priorizar la agenda política globalista sobre la salud pública real.
El hantavirus: Un intento fallido de alarma social
El reciente intento de generar pánico con el hantavirus es el ejemplo más nítido de este fracaso comunicativo. Intentaron vender una narrativa de terror sobre un virus que, en realidad, tiene mecanismos de transmisión sumamente ineficientes para causar una pandemia global. El contagio de persona a persona es extremadamente raro y se limita casi exclusivamente a la cepa andina mediante contacto prolongado con fluidos corporales.
Sin embargo, la OMS intentó presentarlo como el próximo apocalipsis sanitario. El resultado fue la indiferencia total de un público que ya ha desarrollado inmunidad psicológica contra el alarmismo oficial de los organismos supranacionales globalistas. Al ver que la historia del hantavirus se desvanecía sin lograr los titulares ni el miedo deseado, la cúpula de la organización ha tenido que buscar un nuevo enemigo.
El recurso del ébola: retórica conocida para viejos problemas
Ante el fracaso del hantavirus, la OMS ha vuelto a un viejo conocido: el ébola. El director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha retomado el podio mediático para anunciar este domingo un brote en la República Democrática del Congo y Uganda y ha emitido una declaración de «emergencia de salud pública de importancia internacional. La retórica es idéntica a la de 2020: se apela a la «solidaridad global», a la «unidad» y, por supuesto, a la necesidad de más fondos.
Pero un análisis histórico rápido desmonta la maniobra. Desde la década de 1970, el Congo ha sufrido al menos 17 brotes de ébola, y ninguno de ellos se convirtió en una amenaza pandémica mundial. La naturaleza del virus —que es tan letal y rápido que tiende a «quemarse» en las comunidades locales antes de expandirse masivamente— hace que la retórica de una «plaga mortal a la vuelta de la esquina» sea meramente sensacionalista.
La salud como herramienta de chantaje geopolítico
Lo que estamos presenciando es el uso de la salud pública como una herramienta de chantaje geopolítico. La OMS necesita ser percibida como indispensable para justificar su existencia y sus ansias de liderazgo mundial. Cada vez que su influencia mengua, aparece convenientemente una nueva «amenaza inminente» en los medios de comunicación subvencionados, que actúan como su departamento de relaciones públicas. No es que los brotes no existan, es que se manipula enormemente su escala para avanzar en una agenda de centralización del poder.
El objetivo final de esta dictadura médica es la eliminación de la soberanía nacional. Si la OMS logra que los tratados de pandemias sean vinculantes, un burócrata globalista no electo en Ginebra tendría el poder de cerrar fronteras, imponer confinamientos o dictar protocolos médicos en cualquier país, por encima de sus constituciones y de la voluntad de sus ciudadanos.
El fin del hechizo globalista
En definitiva, existe, por un lado, una élite globalista desesperada por recuperar el control a través del miedo sanitario; por el otro, una población cada vez más escéptica que exige recuperar su autonomía. El COVID fue el ensayo general; el hantavirus y el ébola son los intentos de mantener viva la hoguera del miedo para que las naciones entreguen voluntariamente sus llaves.
Sin embargo, el despertar parece irreversible. La gente ha comprendido que la salud es la excusa perfecta para el control totalitario porque apela al instinto de supervivencia más primario. La soberanía no se negocia, y la salud no puede ser el precio de nuestra libertad. La OMS, en su intento de erigirse como líder mundial, solo ha logrado confirmar su naturaleza depredadora frente a las democracias del mundo. La OMS ha cavado su propia tumba.
José María Romero | escritor
Tags: OMS, soberanía nacional, globalismo, ébola, hantavirus, control social, geopolítica sanitaria




