Nos harán pedir perdón | José Antonio Ruiz de la Hermosa

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En 1967 un antiguo comisario político del Partido Comunista y capitán de “la Gloriosa”, es decir las Fuerzas Aéreas Republicanas, volvió a España, eso sí, con pasaporte francés por haber conseguido esa ciudadanía, además como su apellido era difícilmente pronunciable en el idioma galo, pues con la grafía del mismo cambiada, para que sonara de forma similar a su pronunciación en español.

El citado oficial, capitán del Cuerpo de Ingenieros Aeronáuticos de la República, y por más señas, proyectista de la más importante fábrica de aviones francesa, regresaba a su patria con el afán que todo español tiene de regresar por pequeño que haya sido el tiempo de separación de la tierra que le vio nacer. Nuestro protagonista venía con el clásico recelo y las oportunas prevenciones, de ahí su pasaporte de ciudadano francés, pero de quien no tiene del todo limpio su pasado. Pues cuando en 1939 huyó de España, lo hizo fundamentalmente por haber pertenecido al órgano represor de la República Española y, ciertamente, por haber estado en la vorágine de genocidios cometidos en nombre de la “Libertad Republicana”.

En aquellos aciagos días que van de 1936 a 1939, muchos hombres y mujeres, en su inmensa mayoría provenientes de una clase de campesinos o trabajadores manuales con enormes carencias culturales, en una España empobrecida desde 1898, que aunque vivió un cierto renacer con Primo de Rivera, acabó en un desastre republicano, en el que los que mandaban: fuesen de izquierdas, como republicanos o socialistas, o de derechas, como la CEDA, pensaban y actuaban de igual forma que los políticos de los partidos actuales.

Digamos pues que no es nuevo el empobrecimiento cultural de las ideológicas leyes de instrucción pública o educación, ni por otro lado la ideología de lucha de clases o su sustituta, la lucha de género para lavar el cerebro a las masas y, así enfrentar a hombres contra mujeres o, quizás enfrentar a unos ciudadanos contra otros. La propaganda hace mella en las mentes, con periódicos, radios o en la actualidad televisiones bien engrasadas económicamente. Aunque este no fuese el caso de uno de los primeros ingenieros aeronáuticos españoles.

Bien, pues en este impasse que suponía la reconstrucción de España, por los mismos que se habían enfrentado a muerte, apareció nuestro protagonista para comprobar si podía volver a ver su familia, a sus amigos, a todos aquellos que había echado de menos durante los años de exilio voluntario por la fuerza del destino. Y he aquí, que aquel hombre, con quizás las manos manchadas de sangre como casi el cien por cien de los comisarios políticos del partido comunista de entonces o los nuevos comunistas formados en las bandas de narcotraficantes de Colombia o Venezuela, encontró la respuesta única a sus múltiples cuitas: “lo pasado, pasado”.

Curiosa respuesta la de los que él consideraba “fascistas” y que estaban por un correr un tupido velo. Tan tupido, que la historia de uno de los guardas de las obras del Valle de los Caídos, conocido como “el mata-curas”, y no por casualidad, había hecho: que de seis condenas de muerte pasara a treinta años de reclusión, de ahí a cuatro años de trabajos y, finalmente, a un día de trabajo por cada dos de condena, por lo que debido a la duración de las obras, se convirtiese en guarda de las mismas, como trabajador libre por terminar su condena. Dura la represión de los delitos de sangre en España por lo que pueden ustedes apreciar.

Nuestro capitán ingeniero se volvió a su vida diaria en Francia, pero regresó sistemáticamente todos los años de vacaciones a su España, a su Almagro natal o al Puertollano de su infancia, así como a los nuevos emporios del turismo en las costas de España. Es más, cuando el partido creado por Adolfo Suárez pasó el relevo al PSOE, estaba en marcha una ley que reconocía a los funcionarios de la República Española sus derechos como tales. Nuestro capitán se encontró de repente, cuando se jubiló en su fábrica de aviones francesa, que en España era Coronel del Ejército del Aire, que le correspondía una paga de jubilación y atrasos económicos de cinco años.

Esto, quizás lo desconozca su “tovarich” (camarada) del Partido Comunista Enrique Santiago, que pretende entre otras cosas una Ley, en contra de cualquier jurisprudencia española o mundial, para juzgar y condenar lo que él llama crímenes del franquismo, es decir: a aquellos que habían dicho a nuestro protagonista: “¡Lo pasado, pasado!”. Y por hoy, ahí lo dejo…

Perdón, se me olvidaba decirles que el capitán republicano era el hermano mayor de mi padre, jefe de las JONS de su pueblo antes de 1936.

José Antonio Ruiz de la Hermosa | Escritor