Sánchez ‘vendió humo’ contra el fuego: La verdad sobre los Airbus A400M que anunció para este verano

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Pedro Sánchez anunció una capacidad que solo existía sobre el papel de los discursos.

La demagogia de Pedro Sánchez calcina la realidad de los montes españoles

El márketing político de La Moncloa choca frontalmente con la cruda realidad de la gestión de las emergencias en España. El pasado 21 de mayo, durante la presentación del dispositivo estatal en la Base Aérea de Torrejón de Ardoz, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, compareció ante los medios de comunicación con una puesta en escena perfectamente calculada. Rodeado de vehículos de emergencia y uniformes oficiales, el líder del Ejecutivo central aseguró que España contaría con una flota de quince aviones anfibios, junto con nuevos helicópteros, drones de última generación, vehículos terrestres y los imponentes gigantes militares Airbus A400M con kit antiincendios. Todos estos recursos fueron presentados como parte del despliegue con el que el país afrontaría la temporada de mayor riesgo de incendios forestales en el territorio nacional. Aquella comparecencia pretendía transmitir una sensación de absoluta seguridad ante la inminente llegada del verano.

La propaganda gubernamental se desmoronó por completo en apenas dos meses, destapando un engaño planificado a sabiendas de su inviabilidad técnica. Mientras el fuego devoraba de manera simultánea miles de hectáreas con Madrid, Ávila y Toledo bajo emergencia nacional, España tuvo que pedir ayuda a otros países. Los aviones prometidos por Pedro Sánchez continuaban sin capacidad operativa dentro del operativo antiincendios. Los A400M seguían sin estar preparados para combatir el fuego dentro de los hangares oficiales. No tenían instalados los kits antiincendios, tampoco se había completado el proceso de certificación necesario y las tripulaciones no habían recibido toda la formación específica requerida para desarrollar una operación de estas características. El Gobierno vendió humo a los ciudadanos mientras los medios enviados desde el extranjero se incorporaban a las labores de extinción para frenar el avance de las llamas sobre núcleos de población desprotegidos.

Los motivos técnicos que destapan el engaño de los Airbus A400M

La distancia entre la declaración política ante las cámaras y la realidad de los hangares responde a una temeridad y negligencia técnica inexcusable para cualquier gobernante responsable. Convertir un avión concebido estrictamente para el transporte militar de tropas y material pesado en una aeronave útil para la extinción de incendios forestales exige un proceso técnico complejo. El problema va mucho más allá de un depósito que no llegó a instalarse a tiempo en las bodegas. Convertir un avión militar de transporte en una aeronave capaz de lanzar veinte mil litros de agua exige pruebas, certificaciones, procedimientos operativos, formación de pilotos y modificaciones en los programas de mantenimiento. Los expertos del sector aeronáutico consideran que la distancia entre el anuncio y la realidad no se limitaba a la ausencia física de los kits antiincendios.

Un proceso de esta envergadura técnica no podía completarse en absoluto entre el mes de mayo y el inicio del verano. Cuando Pedro Sánchez presentó los nuevos medios contra incendios, quedaban apenas unas semanas para que comenzara el periodo de mayor riesgo del año. El kit apagafuegos para los A400M apareció entonces como una de las principales novedades de la campaña, aunque dentro de los talleres todavía faltaba prácticamente todo lo necesario para que esta nueva función pudiera utilizarse durante una emergencia real. Las promesas que se hacen por parte de los políticos a veces olvidan por completo las exigencias de los profesionales y de las certificaciones oficiales. Una vez recibidos los materiales, había que instalarlos en los aviones, comprobar su correcta integración, realizar pruebas en tierra y en vuelo, obtener las certificaciones, adaptar los programas de mantenimiento y preparar a las tripulaciones encargadas de realizar las descargas.

La irresponsabilidad de anunciar aeronaves experimentales como recursos listos

Los especialistas cuestionan abiertamente que una tecnología todavía pendiente de desarrollo técnico y operativo fuera presentada como parte activa del dispositivo de extinción. No se puede vender a la ciudadanía que mañana tenemos operativos unos recursos que no existen. Disponer físicamente de los aviones no sustituía en ningún caso las pruebas, las autorizaciones ni la preparación de los profesionales encargados de utilizarlos. Aunque los aparatos hubieran llegado a Torrejón de Ardoz inmediatamente después del anuncio presidencial, tampoco habrían podido dirigirse hacia los incendios activos. Si no tienes la capacidad certificada y las tripulaciones preparadas, no puedes operar con ellos en misiones reales de emergencia. El periodista Javier Lebrón señala en un reportaje varios fallos críticos de este anuncio demagogo de Sánchez.

El kit del A400M: veinte mil litros y una certificación de seguridad pendiente

Los A400M son grandes aviones militares de transporte, concebidos originariamente para trasladar tropas, vehículos, material pesado y ayuda humanitaria en misiones internacionales. Para combatir incendios forestales necesitan incorporar un módulo desmontable en la bodega de carga que permite transportar alrededor de veinte mil litros de agua o líquido retardante. El líquido se libera por la parte trasera del aparato en cuestión de segundos y puede cubrir varios centenares de metros sobre la línea de fuego. Después de la misión, el sistema puede retirarse para que el avión recupere su configuración de transporte habitual. A diferencia de los Canadair, el A400M no puede amerizar ni recoger agua directamente de un embalse, por lo que tras cada lanzamiento debe regresar a una pista, rellenar el depósito y volver a despegar.

La aparente sencillez del sistema desaparece cuando el depósito entra en el avión, ya que no se puede montar un kit en una aeronave para tener una descarga de agua operativa si eso no se ha hecho convenientemente. El aparato despegaría con cerca de veinte toneladas adicionales y tendría que desprenderse de ellas en pocos segundos. Esta pérdida brusca de peso altera su equilibrio aerodinámico y obliga a estudiar cómo responde antes, durante y después del lanzamiento del agua. Los técnicos tienen que comprobar la estabilidad del avión, la distribución del agua dentro del depósito, el desplazamiento del centro de gravedad, la velocidad y la altura adecuadas para efectuar la descarga y la reacción de la aeronave cuando libera toda la carga. También deben prever qué ocurre si la compuerta no se abre completamente, el sistema expulsa solo una parte del agua o la tripulación se ve obligada a abortar la maniobra cuando ya se encuentra cerca del fuego.

Hay que certificar el equipamiento, pero también la operatividad completa del aparato, por lo que no se puede colocar un depósito y enviarlo directamente hacia un incendio forestal. Si el kit no se había instalado antes en un A400M español, la instalación tenía que pasar por un proceso de certificación estricto. Sin esa certificación oficial no se puede operar como si se tratara de una modificación cualquiera en un vehículo militar. Los expertos sitúan al Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) dentro del proceso necesario para comprobar la seguridad del sistema y de su integración en los aviones militares. La certificación no constituye un simple trámite administrativo de oficina, ya que debe garantizar que la nueva configuración no pone en riesgo al aparato, a la tripulación, a los equipos terrestres ni a las poblaciones próximas a la descarga.

La falta de cualificación de los pilotos militares ante el fuego forestal

La preparación técnica de los aparatos representaba únicamente una parte del problema logístico ocultado por La Moncloa. Incluso con los kits instalados y certificados, todavía era necesario formar a las tripulaciones encargadas de operar los A400M durante los incendios. Los pilotos conocen el avión y están capacitados para desarrollar sus misiones habituales de transporte militar, pero atacar un fuego exige aproximarse a baja altura, volar sobre terrenos montañosos, atravesar zonas cubiertas por humo y coordinarse con otros medios aéreos y con los efectivos desplegados sobre el terreno. Tiene que ser la tripulación del A400M, que está calificada para ese tipo de avión, la que haga un curso específico para operar con el kit antiincendios. No bastaba con trasladar a un piloto acostumbrado a operar un Canadair tradicional.

Cada aeronave tiene sus propios sistemas, dimensiones, limitaciones y procedimientos, por lo que la tripulación debía dominar el A400M y recibir además una preparación específica para acercarse al incendio y realizar la descarga con seguridad. La descarga exige calcular la velocidad del viento, la colocación de la carga, la densidad del humo y el punto exacto en el que tiene que soltarse el agua sobre el terreno. El lanzamiento tampoco depende únicamente de lo que observa el piloto desde la cabina, ya que debe estar coordinado con los responsables de extinción, conocer la posición de los bomberos y de otros aviones y ajustar la maniobra a la evolución del incendio. Una descarga mal ejecutada puede caer lejos de la zona prevista, golpear viviendas, afectar a infraestructuras o alcanzar a los profesionales que combaten las llamas desde tierra. El A400M libera cerca de veinte toneladas de agua en pocos segundos y a baja altura, por lo que estos señores pueden soltar el agua y reventar un pueblo si cometen un error de cálculo.

La formación de los pilotos exigía diseñar cursos desde cero, realizar prácticas constantes y completar vuelos de prueba con el sistema instalado en las aeronaves. También era necesario contar con varias tripulaciones para garantizar los relevos durante emergencias que pueden prolongarse durante varios días seguidos. Los aviones pueden estar preparados físicamente, pero si no tienes las tripulaciones formadas y certificadas, siguen sin servir para la misión. Es exactamente como comprar los vehículos de emergencia y no tener a nadie autorizado para conducirlos en una situación crítica.

Los manuales de aeronavegabilidad y los fallos en la cadena de suministros

La nueva adaptación obligaba además a modificar por completo los programas de mantenimiento y aeronavegabilidad de los A400M. El depósito, las tuberías, las sujeciones y los mecanismos de descarga están sometidos a fuertes vibraciones, humedad, variaciones de peso y fuertes tensiones mecánicas. Todos estos elementos requieren procedimientos específicos de montaje, desmontaje, inspección, limpieza y reparación por parte de los mecánicos. Los programas de mantenimiento del avión también están afectados en su totalidad. La organización que gestiona la aeronavegabilidad tiene que modificar el manual operativo para poder mantener esos kits y las modificaciones necesarias en condiciones óptimas de seguridad.

Los mecánicos debían recibir formación para revisar el sistema antes y después de cada operación y aprender a detectar fugas, daños en las sujeciones, problemas en las tuberías o fallos en los mecanismos encargados de liberar el agua. Antes de que los aviones pudieran participar en un incendio, también debían completarse el diseño de las interfaces en el avión, la certificación del kit, el diseño del entrenamiento, la formación de las tripulaciones, los vuelos de prueba y el mantenimiento diario. La conclusión de los ingenieros consultados es contundente al respecto, pues todo eso no se hace en dos meses, resulta totalmente imposible. Los Airbus no quedaron fuera del operativo por una avería inesperada ni por un problema surgido durante los incendios. Cuando el Gobierno realizó el anuncio en mayo, los trabajos todavía pendientes ya convertían en prácticamente imposible que pudieran estar preparados para el verano.

A las certificaciones, las pruebas y la formación de los pilotos se sumaba una carencia todavía más elemental dentro del entramado, ya que los A400M no tenían instalados los kits antiincendios. Los aviones conservaban su configuración habitual de transporte militar y carecían del módulo necesario para realizar las descargas de agua. Lo que falta en Airbus son los kits de incendio propiamente dichos. Se descarta además que esta situación esté relacionada con la huelga desarrollada en varias instalaciones españolas de la compañía. Los aviones estaban fabricados antes del comienzo del conflicto laboral y los problemas relacionados con la capacidad antiincendios serían muy anteriores en el tiempo. Entre las posibles explicaciones aparece un retraso notable en la cadena de suministro global de piezas. Algunos componentes del sistema procederían de proveedores externos y podrían haberse visto afectados por una incidencia en alguna de las empresas subcontratadas. Es probable que alguna subcontratación haya fallado en el último momento. Al ser piezas de importación, pueden tardar en llegar o puede haber surgido algún problema con un proveedor internacional.

La hipótesis todavía no ha sido confirmada oficialmente por el Ministerio de Defensa. Tampoco existe información pública suficiente para conocer cuándo se encargaron exactamente los kits, qué fecha de entrega se había acordado o qué fase del proyecto debía estar completada al comienzo de la campaña. Los aviones estaban hechos, lo que no se había revisado o preparado era todo lo relacionado con el kit de incendios. Los A400M se terminan y ensamblan en la planta de San Pablo, en Sevilla, mientras que Getafe concentra diferentes trabajos relacionados con los aviones militares y su mantenimiento ordinario. La demora estaría relacionada con la llegada de los componentes y no con la fabricación de las aeronaves. Los aviones se van entregando según se terminan en la línea de montaje. Aquí no ha faltado stock de aparatos militares, lo que faltaba era la capacidad para convertirlos en aviones contra incendios. Aunque terminara confirmándose el retraso de una empresa subcontratada, la explicación no eliminaría la responsabilidad política del presidente del Gobierno. La Administración tenía que conocer el estado de los pedidos, el calendario de entrega y el tiempo necesario para instalar, certificar y poner en funcionamiento los equipos antes de incluirlos en la presentación oficial de la campaña estival.

El balance de una mentira gubernamental pagada con hectáreas quemadas

Pedro Sánchez anunció una capacidad que solo existía sobre el papel de los discursos. Airbus debía desarrollar y entregar los sistemas en los términos acordados con el ministerio. Los organismos técnicos tenían que comprobar que la adaptación cumplía las condiciones de seguridad en vuelo. Al Ejército del Aire y del Espacio le correspondía preparar las tripulaciones, establecer los procedimientos y garantizar el mantenimiento operativo. Al Gobierno le correspondía conocer el estado real del proyecto antes de anunciarlo de forma pomposa ante los medios de comunicación. Moncloa debía saber cuántos kits estaban disponibles, cuándo serían entregados, qué pruebas faltaban, cuántas tripulaciones estaban preparadas y en qué fecha podría utilizarse realmente el nuevo sistema en los montes. Al presidente le presentan que va a tener unos recursos, pero el problema es que esos aviones no pueden operar si no tienes las licencias, los certificados y la gente preparada para utilizarlos.

El anuncio político se adelantó a los kits, las certificaciones, las pruebas y la formación de las tripulaciones. Aunque los aparatos hubieran aparecido al día siguiente en la Base Aérea de Torrejón, habrían continuado sin poder combatir las llamas de los incendios forestales. Esto tenía que haberse hecho con carácter previo a la temporada. No puedes empezar a preparar los aviones cuando ya estás entrando en la temporada de incendios y el país comienza a arder por los cuatro costados. La voluntad de incorporar una nueva tecnología podía resultar positiva para el futuro, pero los expertos cuestionan que se trasladara a la ciudadanía un recurso que todavía estaba muy lejos de poder emplearse de forma real en una emergencia. Existe una clara voluntad política de propaganda, pero después llega la cruda realidad del terreno y los montes de España terminan pagando las consecuencias de la demagogia gubernamental con miles de hectáreas calcinadas por el fuego.


Tags: Pedro Sánchez, Incendios forestales, Airbus A400M, Demagogia, Gestión de emergencias, Engaño político, Campaña contra incendios

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