La generosidad, una cualidad tan necesaria como escasa | Francisco Alonso-Graña

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“La generosidad es el hábito de dar o compartir con los demás sin recibir nada a cambio. Se compara a menudo con la caridad como virtud y se acepta como hábito deseable.” (DRAE, WIKIPEDIA, lenguaje común, etc). También podemos leer en las mismas fuentes que generosidad “es la cualidad de generoso” y “generoso es el que obra con magnanimidad y nobleza de ánimo.”

 Con ruego de disculpas por mi parte por el largo y quizá innecesario preámbulo, paso a compartir mis ideas con los posibles lectores sobre un tema candente e inquietante en relación a nuestra política y, en concreto a la preocupación de lo que podremos llamar derecha española, debida principalmente a las posturas, manifestaciones y expresiones públicas traducidas a planes para un futuro próximo de algunos elementos de un partido, PP, que se supone debe ser el paradigma de la citada tendencia política aunque alguno de los suyos pretenda disimularlo de forma vergonzante. Es evidente que derecha e izquierda son hoy día conceptos desfasados (siempre mantengo esta idea) pero es necesario aceptarlos para entendernos al menos medianamente.

Hace ya bastantes días hemos podido leer el el diario Dignidad Digital, dos acertadísimos escritos de los Sres. Sánchez Saus y J. Contreras que reflejan con meridiana claridad esta preocupación al tiempo que expresan la importancia de un partido, VOX, como formación que mantiene con valentía unos valores que reflejan la identidad española que se va perdiendo.

“VOX está siendo la canalización política del instinto de conservación nacional.”  Esta frase del sr. J. Contreras, dentro de la magistral intervención que reproduce, es de una precisión tan contundente, que merecería ser enmarcada como lema básico por los ideólogos del partido citado. Así es de necesario en España un movimiento, pensamiento o sentimiento que luche por mantener esta identidad que hoy camina por senderos erráticos hacia el destino de ser engullida por las nubes o mejor por los nubarrones del tiempo, víctima de lo que hoy tan desgraciadamente conocemos como corrección política o lo políticamente correcto.

Cerró recientemente en Valencia el Partido Popular su Convención Nacional. No puedo permitirme hablar de ella con total conocimiento de causa pues la verdad es que le he dedicado poca atención, cosa que acostumbro a hacer en torno a este partido desde la (para mí) deriva de su presidente, sr. Casado hacia la inanidad, rematada con insensata obstinación en la moción de censura contra el gobierno de Pedro Sánchez que él convirtió con deleznable oportunismo en moción de censura contra VOX y su presidente Santiago Abascal. Este hombre, Casado, que en su día nos pareció el líder que necesitaba el PP para hacernos olvidar los tiempos de tibieza por que deambuló perdiendo una tras otra todas las ocasiones de enderezar todo lo que había torcido el PSOE de la mano también insensata de aquel insufrible contador de nubes, está decepcionando más que ilusionando a muchos de sus posibles electores con decisiones que no dejan de sorprender y que dan la impresión de que él quiere monopolizar en su persona y sin sombras, el protagonismo y liderazgo del partido con sus corifeos de ocasión.

El indiscutible, brillante y rotundo triunfo de Isabel Díaz Ayuso en la capital, parece haber despertado demasiadas envidias tanto externas como, desgraciadamente, internas. Su sencillez, unida a una sobresaliente valentía parece que no sientan bien entre parte de los suyos más cercanos, que hasta quieren anular su más que justo propósito de aspirar a la presidencia de su partido en Madrid.

El PP de Madrid es el único partido cuyo presidente o candidato autonómico [a la presidencia] no es el presidente [de la organización]”. Son palabras de Ayuso que refuerzan con toda lógica sus razonables intenciones, merecedoras de una generosa respuesta por parte de las altas esferas “peperas”. Suficientes cualidades ha demostrado esta mujer, que está acaparando día tras día las simpatías de muchos ciudadanos que ven en ella el reflejo de muchos deseos y pretensiones. Sus intervenciones públicas colmadas de serenidad, templanza y contundencia ante los ataque de sus opositores, la están convirtiendo en una heroína nacional, moviendo al aplauso una y otra vez.

Aunque este final de artículo vaya a parecer como algo cogido por los pelos, desafortunadamente y salvo alguna honrosa excepción, opino que no se ve en el PP actual una decidida, sólida y firme actitud de aclarar ideas al estilo y maneras de nuestra protagonista en torno muy especialmente, al embuste ya tan establecido por la izquierda de adjudicarse la primacía en la moral, en la cultura y en todos los bienes que desearse puedan. Siempre es, y ahora en especial, ocasión de claridades y firmeza y es evidente que en la senda de lo positivo y pragmático está presente el ejercicio de unas altas dosis de generosidad, pero parece que ésta hoy está lejos de aquellos en los que debía ser esencial y para los que la nobleza de ánimo parece que no pasa de ser un conjunto de bellas palabras.

Pero como la esperanza debe ser lo último que se pierde, terminaré acudiendo a esta  virtud pensando que algún día acabará imponiéndose algo que igualmente debe estar entre lo primordial, esto es, la lógica, que hoy también parece que se encuentra en momentos bajos. ¡Una pena! Que ella, el señor Balmes (don Jaime) y el sentido común sean con nosotros. Amén.

Francisco Alonso-Graña | Escritor