Tras estos meses de gestión profundamente mala, en la que todavía no hemos tocado fondo, pero en la que sabemos (aunque no lo digan) que hemos perdido por lo menos a cuarenta y tres mil compatriotas de más, por fin la hiprogresía ha descubierto quien tiene la culpa de todo esto y qué es lo más urgente que hay que solucionar: Los conguitos son una chuche racista. Problemón. Incluso los conguitos de chocolate blanco, que ya es decir.

A quién le importa que perdamos el 12% de nuestro PIB, que haya gente sin cobrar desde marzo, que el paro vaya a alcanzar cotas nunca vistas, que los negocios se ven abocados al cierre, que estamos en la peor recesión y con la deuda más alta de nuestra Historia, o a quién le importa… que la gente se muera. Lo importante, amigos, es que los conguitos refuerzan un estereotipo racista. Del Colacao y de eso de “Yo soy aquél negrito del África tropical” mejor ni hablamos. Eso es fascismo puro.

No digo que no haya que combatir el racismo donde lo haya, pero ver en un paquete de cacahuetes bañados en chocolate un “símbolo” de racismo es tener la mente tan, pero tan sucia, como sólo pueden tenerla estos ofendiditos adalides de la hiprogresía que siempre señalan las pajas en nuestros ojos sin ver las vigas en los suyos propios.

Toda esta suma de postverdades busca simplemente convertir la Historia en un relato y la realidad en un enfrentamiento entre supuestos ofendiditos y el resto del mundo. La ministra de igual da, aquella de la que sabemos por qué llegó a ministra, pero desconocemos cómo llegó a cajera, lo ha dicho: “Hay que hacer una reflexión y una mirada crítica de nuestra Historia”.

Hombre feministra, para empezar, deberías conocer nuestra Historia y para eso más que mirarla, hay que leerla. Por otra parte, los políticos no deberían hablar de Historia, ni intentar reescribirla, como hacéis los comunistas de boquilla, como hacéis las feministas de boquilla, que ven bien que se ataque a mujeres, siempre que no sean de vuestra cuerda, ¿verdad feministra?, que no importa que limpien con lejía donde pisan políticas de derechas, pero que no te toquen un pelo (virtualmente hablando), ni que se manifieste una mujer delante de tu casoplón, que la denuncias. Toma feminismo, morena (Jo, tía).

Ahora, como ya no hay alarma, toca Orgullo. Del 8 M al Orgullo y tiro porque me toca. En vez de ministerio de igual da, debería llamarse ministerio de apropiarse de movimientos inanes carentes de contenido pero que capitalizamos y financiamos desde el gobierno. O ministerio del postureo, porque en verdad, para la igualdad, lo que es para la igualdad, no hace nada de nada. Como mucho, dice que hace, pero luego se le va la vida (superfuerte tía) en fotos, entrevistas, críticas a la oposición y saraos variados. Es que la verdad no les importa, les importa sólo el relato, los likes, los retweets… Tantos chiringuitos que subvencionar requieren mucho trabajo. Impulsaremos todo lo que sea improductivo. Pronto veremos a la feministra enarbolando la bandera del antirracismo, creando otro problema que no existe, para luego no solucionarlo tampoco.

Francamente, me encanta que luchemos todos por la igualdad de la mujer, pero también creo que la mujer en España y no gracias a estos, disfruta de más igualdad que hace 40 años, por ejemplo. En cambio no goza de más libertad que en los 80. Pues no, porque hoy está constreñida, como todos, por la maldita y falsa corrección política. ¿Y los gays? ¿Les falta algún derecho? En España no, porque España no es ni un país islámico ni un país comunista. Entonces, ¿qué hace el feministerio por impulsar la igualdad de la mujer en los ámbitos comunistas e islámicos del mundo? Ah, que no hace nada, ¿no? es que protestar donde no hace falta, es más fácil, claro. A moro muerto, gran lanzada (con perdón por el refrán racista, patriarcal y testoterónico, claro).

La culpa es de los conguitos. Una infancia de chuches racistas nos ha hecho como somos, personas normales que no entendemos que alguien se ofenda por las “escenas de maltrato animal” de las pinturas de Altamira o de la utilización de la mujer como objeto que supone la “Maja Desnuda”. De hecho, para la hiprogresía, todo el arte es ofensivo. Dignos herederos del censor más perverso, la hiprogresía si se lo permitimos, cambiará nuestra Historia, nuestras calles y nuestros museos, para llenarlos de… nada. Porue detrás de tanto odio, no hay nada más que destrucción.

El otro día recordaba una escena de una de las pelis clásicas de “El Planeta de los simios” en la que estos monos destruían una galería de estatuas de humanos. Estamos más cerca de esa realidad distópica de lo que pensamos. Malditos conguitos racistas…

Jo tía, ¿y qué vamos a hacer con el Black Friday?, ahí va… pues también a derribarlo… por racista. Igual que el Black Label, el Black Jack, el Black Mirror y el Black and Decker. A la porra con todo. Nos acercamos al fin de nuestra civilización andando con paso firme hasta el abismo y más allá. La propaganda omnipresente del correctismo político progre nos llevará con nuestro bozal a no saber qué leer, qué película ver, que música está permitido escuchar, qué podemos comer o hacer, para no ofender a nadie, pobres minorías oprimidas durante tantos siglos de Historia en la que nadie, ni Atila, ni los bárbaros, ni el Cid, ni los almohades, ni los nazis, ni los jevys han reconocido los derechos de las minorías, ni de los gays, ni de las mujeres, ni siquiera de los conguitos negros. Demasiado azúcar.

Pero no os preocupéis por los muertos, ni por la ruina de país que tendremos este otoño plagado de impuestos, lo importante es respetar a los ofendiditos, para que no se ofendan. La culpa de todo lo malo que nos pasa es amigos, de los conguitos.

Paco Álvarez | Escritor

Por Redaccion

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