(Continuamos con la segunda parte del artículo «La Alternativa soberanista y la Unión Europea». La primera parte puede verla aquí)
Principios fundamentales de la Europa de las Naciones ante la Unión Europea
La alternativa soberanista se articula sobre una visión coherente que se fundamenta en los siguientes principios:
- Derecho natural y dignidad humana como marco superior.
- Soberanía como condición de libertad real.
- La soberanía no se delega, se ejerce.
- Identidad cultural como base de Europa.
- Democracia real frente a tecnocracia.
- Comunidad política por encima del mercado global.
Veámoslo más detenidamente
1. Marco común basado en el derecho natural y la dignidad de la persona humana
Existe un principio superior a cualquier tratado: el derecho natural. El fundamento último de esta visión no es ideológico, sino antropológico. El ser humano posee una dignidad inherente. Ese derecho recuerda que el ser humano posee una dignidad previa al Estado. No depende de tratados ni de consensos parlamentarios. No depende de ideologías ni de consensos artificiales. Procede de su propia naturaleza y de su origen trascendente.
Cuando la Unión Europea legisla sobre vida, familia, educación o conciencia, invade un terreno que no le pertenece. Sustituye la moral objetiva por ingeniería social. Cambia principios universales por dogmas ideológicos. La Unión Europea actual ha sustituido ese marco por ingeniería social. Promueve leyes que atacan la familia, banalizan la vida y restringen la libertad religiosa. Actúa como un poder normativo que legisla desde la abstracción y desprecia la realidad social.
La Europa de las naciones propone recuperar ese marco común: derechos fundamentales basados en la dignidad de la persona, no en la agenda de lobbies internacionales. Una Europa que protege la vida, respeta la libertad religiosa y defiende la familia natural.
2. Soberanía como condición de libertad
La Europa de las naciones entiende que sin soberanía no existe libertad. Un país que no controla sus fronteras, su legislación y su política social deja de ser una nación. Se convierte en una región administrativa.
La UE actual legisla, entre otras muchas materias, sobre inmigración, energía, fiscalidad y educación. Impone cuotas. Ahora quiere hacerlo sobre la defensa,. Fija sanciones. Bloquea decisiones democráticas. Todo ello sin rendir cuentas a nadie. Este modelo destruye el principio básico de la política: el gobierno de los gobernados. La soberanía nacional no es un capricho. Es la garantía de que los ciudadanos deciden su propio destino. La Europa de las naciones defiende una Europa fuerte, pero no centralizada. Una Europa unida, pero no sometida ni subordinada. Somos naciones libres, no vasallos. Una Europa que coopera, pero no se disuelve
3. La soberanía nacional no se delega
La Europa de las naciones parte de una premisa innegociable: la soberanía nacional no se delega, se ejerce. Ninguna estructura supranacional puede situarse por encima de la voluntad de los pueblos europeos. Europa no debe caminar hacia un Estado único. Debe articularse como una comunidad de naciones libres que cooperan sin renunciar a su identidad política, cultural y moral.
La Europa de las naciones rechaza frontalmente la idea de un Estado europeo único. No se necesita una constitución europea. Cada nación ya posee la suya. Cada pueblo tiene su historia, su lengua y su identidad política. El intento de crear un superestado europeo supone una usurpación de soberanía. Sustituye parlamentos nacionales por órganos opacos. Convierte decisiones vitales en simples trámites administrativos.
Europa no necesita uniformidad. Necesita respeto mutuo y tratados de cooperación y de solidaridad, no estructuras de dominación. Si necesita mercados comunes, no gobiernos comunes. Necesita acuerdos entre iguales, no jerarquías impuestas.
La Europa de las naciones se basa en colaboración voluntaria, no en centralismo obligatorio. Los Estados cooperan en defensa, comercio o investigación. Mantienen su independencia política. Protegen su capacidad de decidir. La Europa de las naciones defiende cooperación, no absorción. Defiende tratados, no imposiciones. Defiende fronteras, no disolución.
4. Identidad cultural y raíces históricas como base de Europa
La Europa de las naciones reconoce que no existe proyecto político sin identidad cultural. Europa no es un espacio administrativo neutro. Es una civilización concreta, con raíces grecolatinas, cristianas y humanistas que han configurado su concepto de persona, de ley y de comunidad. Y estamos orgullos de los que somos y de lo que hemos aportado a la humanidad,.
La Unión Europea actual intenta construir una identidad artificial, vacía de referencias históricas, basada en valores abstractos como “diversidad”, “inclusión” o “neutralidad cultural”. En la práctica, ese discurso sirve para borrar las raíces reales de Europa y sustituirlas por un multiculturalismo ideológico que diluye las naciones y destruye los vínculos históricos.
La Europa de las naciones defiende que cada pueblo tiene derecho a preservar su lengua, su historia, sus tradiciones, su religión y su memoria colectiva. La identidad no es un obstáculo para la convivencia. Es su condición. Sin identidad no existe integración, solo fragmentación.
Una Europa sin raíces se convierte en un mercado sin alma. Una Europa que reniega de su herencia cristiana, de su derecho romano y de su pensamiento clásico deja de ser Europa. Se convierte en un espacio geográfico sin proyecto civilizatorio.
La alternativa soberanista no propone un nacionalismo excluyente, sino un patriotismo europeo auténtico: naciones fuertes, conscientes de su historia, capaces de cooperar sin renunciar a lo que son.
5. Representación real frente a tecnocracia globalista burocrática
La Europa de las naciones sostiene que la legitimidad política solo puede nacer de la sociedad. No de comisiones, no de agencias, ni de tribunales ideológicos. La democracia no consiste en votar cada cinco años mientras una élite no elegida toma las decisiones importantes.
La UE actual funciona como una estructura globalista tecnocrática. La Comisión Europea legisla sin mandato popular. El Banco Central Europeo decide políticas económicas sin control. El Tribunal de Justicia de la UE impone interpretaciones que anulan decisiones nacionales.
Este modelo rompe el principio básico de una sociedad sana: quien decide debe rendir cuentas ante los ciudadanos. En la práctica, Bruselas actúa como un gobierno sin pueblo y sin responsabilidad política.
La Europa de las naciones exige control real. Los parlamentos nacionales deben recuperar su capacidad legislativa plena. Las grandes decisiones deben someterse a referendos vinculantes. Ninguna cesión de soberanía puede producirse sin consentimiento explícito de los ciudadanos.
La democracia no puede delegarse en burócratas. O es popular, o no es democracia. Todo lo demás es administración autoritaria y dictatorial con lenguaje técnico.
6. Primacía de la comunidad política frente al mercado global
La Europa de las naciones rechaza la reducción de la política a economía. La UE actual funciona como un proyecto esencialmente mercantil. Prioriza el libre mercado, la movilidad ilimitada y los intereses financieros por encima del bien común de las naciones.
El resultado es una Europa sometida a los grandes fondos, a intereses de terceros, a las multinacionales y a los lobbies económicos. Se destruye la industria nacional y se precariza el trabajo. Se deslocaliza la producción y se debilita la soberanía económica.
La alternativa soberanista de la Europa de las Naciones afirma que la economía debe estar al servicio de la comunidad política y de la persona, no al revés. El mercado no puede dictar la política migratoria. El capital no puede decidir la legislación laboral. Los intereses financieros no pueden sustituir al interés nacional.
Cada nación debe poder proteger sus sectores estratégicos, su agricultura, su industria y su empleo. Debe poder regular su economía según sus necesidades sociales, demográficas y culturales.
Sin soberanía económica no existe soberanía política. Un país que no controla su producción, su energía y su moneda acaba dependiendo de actores externos. Pierde capacidad de decisión. Se convierte en una colonia financiera.
La Europa de las naciones defiende economías fuertes, productivas y arraigadas al territorio. No economías especulativas dirigidas desde despachos internacionales.
Soluciones soberanistas reales
La Europa de las naciones no se limita a criticar el modelo burocrático de Bruselas. Ni mucho menos. Propone una vía política concreta que devuelve el poder a las naciones y a los ciudadanos. Frente al federalismo tecnocrático, el soberanismo plantea un marco de cooperación entre países libres.
Primero: recuperación de competencias nacionales. Inmigración, familia, educación, defensa, política exterior y fronteras deben volver al control estatal.
Las naciones deben recuperar el control efectivo de las políticas clave. Inmigración, familia, educación, defensa, política exterior y fronteras no pueden seguir en manos de instituciones alejadas de los ciudadanos. Cada nación conoce mejor su realidad social, cultural y económica. Sin soberanía en estas áreas, no existe democracia real. La cesión masiva de competencias ha vaciado de contenido a los parlamentos nacionales y ha convertido a muchos gobiernos en simples ejecutores de órdenes externas.
Segundo: tratados de cooperación flexible. Alianzas bilaterales entre Estados soberanos, no estructuras permanentes de poder.
Europa necesita acuerdos entre naciones soberanas, no una estructura permanente de poder supranacional. Los tratados deben basarse en la cooperación voluntaria, en función de intereses concretos y revisables. Alianzas bilaterales o multilaterales permiten coordinar políticas sin renunciar a la independencia. El modelo actual impone normas uniformes a países con realidades distintas, lo que genera conflictos, ineficiencias y pérdida de legitimidad política.
Tercero: primacía constitucional. Ninguna norma ni legislación europea debe situarse por encima de la Constitución nacional.
Ninguna norma europea debe situarse por encima de la Constitución y las leyes nacionales. La soberanía nacional reside en el pueblo de cada país, no en tratados firmados hace décadas. Cuando el derecho europeo se impone sobre las constituciones, se rompe el principio básico de representación social. La primacía constitucional y las leyes propias garantizan que las decisiones fundamentales se tomen dentro del marco jurídico propio, respetando la historia, la identidad y el orden institucional de cada nación.
Cuarto: control democrático real. Referendos vinculantes sobre cesión de competencias.
Cualquier cesión de competencias debe someterse a referendos vinculantes. Los ciudadanos tienen derecho a decidir si quieren transferir poder político a instancias externas. El sistema actual funciona al margen de la voluntad popular. Las élites firman tratados sin consultar a la población y luego los presentan como hechos consumados. Sin participación directa, la integración europea pierde legitimidad democrática y se convierte en un proyecto impuesto desde arriba.
Quinto: ruptura con la ideología globalista. Derogación de directivas que atacan vida, familia y libertad religiosa.
Europa debe derogar las directivas que atacan la vida, la familia y la libertad religiosa y salirse de aquellos organismos supranacionales que las impulsen. La Unión Europea ha adoptado una agenda ideológica que impone políticas contrarias a las raíces culturales y morales de muchas naciones. El soberanismo defiende una Europa que respete la identidad de los pueblos, no que promueva ingeniería social, ideología de género o modelos familiares ajenos a la tradición europea. Sin este cambio cultural, cualquier reforma institucional resulta insuficiente.
Europa debe volver a sus raíces: dignidad humana, libertad, soberanía y cooperación entre pueblos. Sin superestados ni gobiernos únicos. Sin imposiciones culturales.
La Europa de las naciones propone una Europa fuerte desde abajo, no impuesta desde arriba. Una Europa de pueblos, no de burócratas. Representa la única vía para salvar el proyecto europeo. No se trata de romper Europa. Se trata de rescatarla del globalismo, del centralismo y de la ideología.
La Europa de las naciones exige valentía política. No basta con discursos patrióticos. Hace falta recuperar soberanía real, romper dependencias y reconstruir Europa sobre dignidad humana y libertad.
O Europa recupera su esencia y vuelve a ser una alianza de naciones libres, o se convertirá en un simple experimento globalista tecnocrático sin alma, sin naciones y sin futuro. Será el fin de Europa.




