“Los chicos de la gasolina de Vallecas”, como abejas en el panal, forman parte de la colmena.

ETA, después de casi 30 años de terrorismo, entendió que trasladar sus reivindicaciones a las calles permitía mediante el uso de acciones menores mantener una tensión continua con las Instituciones y evitaba “congelar la causa” entre sus simpatizantes. La kale borroka nace tras las detenciones del año ´92 en Bidart, Francia, y con la necesidad de restructurar la banda ya que los “comandos de legales” estaban muy acorralados por la Policía Nacional y la Guardia Civil.

La cúpula terrorista ideó la ‘lucha callejera’ no como una expresión más de violencia, sino como un terrorismo de baja intensidad con una relación calidad-precio insuperable. Años más tarde, y siempre buscando las similitudes y las alianzas obvias que existen entre el independentismo radical catalán y la izquierda abertzale, los Comités de la Defensa de la República (CDR) de Cataluña continuaron la “lluita de carrer” (lucha callejera).

El saqueo de comercios y tiendas despistó a la opinión pública que incluso hablaba de disturbios trasladando el problema hacia el ámbito de la inseguridad ciudadana. Pero los ataques orquestados y los objetivos concretos previamente seleccionados evidenciaban que estábamos ante movimientos terroristas.

Hace unos días en Vallecas se volvió a repetir un ejercicio más de violencia callejera perfectamente organizado y orquestado. La kale borroka en el País Vasco planificaba sus ataques en base a una estructura, es decir, si no formabas parte de los “cachorros de ETA” no podías participar, no había lugar para el espontáneo o para el ataque no elegido, todo estaba medido y controlado.

En este nuevo tipo de terrorismo callejero los ataques se estructuran en base a la idea, cualquiera que simpatice con las doctrinas puede participar, los objetivos y las formas, más allá de los predefinidos por los militantes de los grupos radicales de izquierda que están jerarquizados, entrenados y coordinados, pueden mutar en cualquier momento, no importa contra qué o quién lo haga, lo importante es derribar al adversario.

Un enemigo, creado artificialmente, culpable de una serie de necesidades sociales ficticias que previamente se han interiorizado como reales y que hay que defender.

“Los chicos de la gasolina de Vallecas”, como abejas en el panal, forman parte de la colmena, son gregarios sin derechos políticos cedidos voluntariamente a su Reina que gobierna con poder soberano a cambio de dirigirles en la cruzada. Este terrorismo de baja intensidad proyecta tres escenarios para intentar influir en las elecciones del 4 de mayo; o luchas conmigo, simpatizas con la causa o eres el enemigo. Anulando así toda alternativa válida fuera de su credo y polarizando el pensamiento. La “kale borroka” del País Vasco tenía ese sentimiento de pueblo que busca un fin en el terrorismo, mientras que la violencia de los radicales en Vallecas busca un fin en ese sentimiento terrorista.

Víctor Valentín Cotobal | Vicepresidente de la Asociación dignidad y Justicia. Autor del libro “Enaltecimiento del terrorismo”.

Por Redaccion

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