La Junta de la Paz, promovida por Donald Trump, emerge como una coalición internacional con poder ejecutivo real y cuestiona el papel actual de la ONU.
El liderazgo directo de Estados Unidos
La Junta de la Paz nace bajo el liderazgo directo de Donald Trump. Y como tal, Estados Unidos invitó formalmente, entre otros, a Vladimir Putin a participar. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, confirmó la invitación.
Trump preside este grupo respaldado por el Consejo de Seguridad de la ONU, aunque su carta constitutiva no menciona Gaza. Ese detalle refuerza una tesis clara. Trump concibe la Junta de la Paz como una estructura con alcance global creciente.
Poder absoluto
El diseño,tal como señala el analista Andrés Korybko, otorga al presidente un poder absoluto. Trump invita miembros, expulsa países y valida decisiones finales. También nombra la Junta Ejecutiva y controla las entidades subsidiarias. Incluso puede vetar decisiones ya aplicadas. Además, el presidente designa a su sucesor. El relevo se produce de forma automática al finalizar su mandato.
Trump dirige la Junta de la Paz como gestiona sus empresas. Centraliza el poder y asume la responsabilidad total.
Ante el fracaso crónico de la ONU nace un organismo eficaz pero sumiso
La ONU acumula décadas de resoluciones inútiles. Es un organismo inepto y fracasado al servicio de las élites globalistas, Los conflictos se prolongan y la burocracia paraliza decisiones. No sirve para nada, Y lo saben.
La Junta de la Paz de Trump ofrece un modelo distinto. Trump prioriza resultados tangibles y plazos concretos. Trump ejecuta, corrige y decide sin dilaciones. Ese estilo puede lograr avances reales en Gaza. La reconstrucción exige liderazgo firme y recursos inmediatos. Sin embargo, y en contrapartida, el modelo exige sumisión política. Todos los miembros deben aceptar el liderazgo de Trump sin rechistar. Es el rey del nuevo orden.
Algunos países considerarán humillante y de sumisión ese esquema. Otros lo aceptarán por pragmatismo y conveniencia estratégica. La Junta de la Paz establece una membresía limitada. Los invitados sirven gratis durante tres años. Tras ese plazo, solo permanecen como miembros permanentes quienes aporten mil millones de dólares. Ese dinero financia directamente la reconstrucción de Gaza. Trump puede modificar la cifra con su aprobación.
La membresía permanente compra influencia, no garantías. Trump escucha, pero decide según su criterio.
Una coalición de voluntarios, no un reemplazo automático
La Junta de la Paz no sustituye formalmente a la ONU. No de iure, pero sí de facto. Funciona como una coalición de voluntarios. Su fuerza reside en la voluntad política. Estados Unidos lidera y los aliados cooperan de forma flexible.
Este modelo permite actuar donde la ONU fracasa. Reduce vetos cruzados y bloqueos ideológicos.
Rusia
La coalición podría ampliar su radio de acción. Otros conflictos podrían entrar en su agenda futura. Los países con disputas abiertas valorarán esa vía. Mantener acceso directo a EEUU resulta clave. La posible participación de Rusia encaja en ese cálculo. Moscú evita provocar a Trump y conserva influencia. Putin también protege sus intereses estratégicos. Rechazar la invitación podría tensar la relación bilateral.
Además, Rusia asegura presencia si la Junta de la Paz asume funciones hoy atribuidas a la ONU.
Riesgos políticos y futuro incierto
El futuro de la Junta de la Paz depende del poder presidencial estadounidense. Si los republicanos pierden la Casa Blanca, el grupo perderá influencia directa. Sin acceso al presidente, la Junta quedaría como foro diplomático más. Sería papel mojado. Aun así, mantendría canales de diálogo. Eso no equivale a moldear la política estadounidense.
Por eso, Trump lo sabe y acelera resultados. Busca dejar una estructura operativa antes del final de su mandato. La Junta de la Paz refleja una visión soberanista. Estados fuertes toman decisiones sin ceder poder a burócratas. Es el modelo del nuevo orden mundial.
Ese enfoque choca con el globalismo institucional. Y la ONU representa ese modelo agotado.
Soberanía, poder real y nueva diplomacia
La Junta de la Paz simboliza un cambio profundo en la gobernanza internacional. Trump apuesta por liderazgo, soberanía y eficacia frente al inmovilismo globalista.
Este modelo no reemplaza automáticamente a la ONU. La cuestiona con hechos y resultados. Los países que busquen influencia real mirarán hacia esta coalición.
La Junta de la Paz marca una nueva etapa. El poder vuelve a manos de los Estados fuertes. Es el fin del globalismo.




