El gusto de envejecer | Albert Mesa Rey

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¡Feliz año nuevo amable lector!

Mi artículo semanal en esta revista esta vez va a ser un poco distinto. La temática no será la ciencia, ni la historia, ni la técnica. De hecho, cuando tú lo leas ya habrá echado a andar el 2022. Hoy serán los pensamientos, los sentimientos y los recuerdos evocados.

Esta madrugada, mientras la oscuridad de la noche va disolviéndose y nuestro Sol va despuntando majestuosamente en el horizonte, en el silencio de mi buhardilla, quisiera compartir contigo algunos pensamientos.

Hoy la manida frase “Año nuevo, vida nueva” cobra un significado distinto y trascendente para mí. Después de una larga trayectoria profesional, alcancé la jubilación en septiembre de 2020. Sin embargo, la que hasta entonces fue mi empresa me propuso continuar como asesor externo. Después de una sosegada reflexión, hoy ya me jubilo completamente.

Te preguntarás amable lector porque te estoy contando todo esto. La jubilación es una etapa compleja que necesita de una reflexión amplia y profunda para ser vivida con la plenitud que se merece. Es una época en que la tristeza, el sentimiento de inutilidad y la soledad pueden aparecer y hay que procurar evitar. No soy psiquiatra ni psicólogo, pero si mis reflexiones te pueden ayudar, si estás en esta situación, me daré por satisfecho. Si no lo estás, sientes algo parecido a lo que yo siento y como lo vivo, lo celebraré y ojalá pudiera escuchar también tus vivencias y sensaciones.

Hago un repaso de lo que ha sido mi vida y me doy cuenta de que he tenido una vida larga y plena. Como muchos de nuestra generación, comenzamos a trabajar cuando aún éramos unos niños. Solamente tenía 14 años, próximo a cumplir 15, cuando ingresé en el mundo del trabajo como aprendiz.

Como muchos de nosotros, con trabajo duro, estudios nocturnos y horas robadas al sueño fuimos ascendiendo en nuestra carrera profesional y a pesar de todo, también tuvimos tiempo de ser jóvenes y disfrutar de nuestra juventud como quisimos o pudimos. Repasando este pasado, me doy cuenta que he sido afortunado y doy por ello gracias a Dios. He sido bendecido en poder trabajar en aquello que estudié y libremente escogí. Fui ascendiendo en mi carrera en responsabilidades, también en sueldo y prácticamente no he conocido el paro.

Los de nuestra generación fuimos llamados a filas y cumplimos con nuestro deber para con la Patria. Muchos de nosotros al volver formamos una familia con la novia de toda la vida y vinieron los hijos. Yo he visto nacer a mis dos hijos. Te aseguro amable lector, que si cierro los ojos aun veo y siento las emociones que viví entonces en el paritorio viéndolos asomar sus cabecitas al mundo.

Ellos han crecido y ya son adultos. Ya viven sus vidas y vuelan solos, como debe ser. Son hijos del tiempo que les ha tocado vivir y un buen día van y te dicen que vas a ser ¡ABUELO!

¿Abuelo habéis dicho? ¿Abuelo? Y te das cuenta de que ha comenzado una nueva etapa en tu vida. A veces tienes el tiempo para esos adorables locos bajitos, los nietos, que no tuviste para con tus hijos y les toleras aquello que a tus hijos no toleraste.

Cuando miras atrás y ves todo lo que has vivido, te das cuenta de todo lo que la vida te ha dado. Que, pese a los achaques, sinsabores, desilusiones y dificultades del largo camino recorrido, eres un afortunado. Por el camino han quedado quizás familiares, amigos y conocidos que no tuvieron tu misma suerte que tú de llegar hasta aquí.

Vivo con la mujer de mis sueños. Ella es mi compañera, mi confidente, mi soporte cuando desfallezco, mi amante. Es mi mujer. Su risa es mi risa, sus ojos mi luz. Quisiera muchas veces prestarle mis ojos para que pudiera verse tal como yo la veo.

Me encanta cumplir años. Junto con todos los que habitamos en el “Planeta Azul”, he dado otra vuelta alrededor del Sol. Pienso que hace un lapso de lo que venimos a llamar “un año”, estábamos en este mismo lugar del Cosmos. Me gusta recibir las felicitaciones de las personas a les que les importo, pero en algún momento del día, necesito unos instantes de soledad para recordar a todos los que ya partieron.

Vivimos en un mundo dominado por el márquetin que tiene sus objetivos propios y en el que los medios de comunicación son sus más eficaces voceros. Los anuncios, los que sistemáticamente nos bombardean se encargan de potenciar aquellos productos que “venden” y la vejez no vende. Por tanto, se esfuerzan mucho en vendernos una “juventud” imposible. Digo imposible porque el tiempo pasa rápido, inexorablemente y no retrocede. A la vejez muchas veces se le quiere dar un término peyorativo. Yo la reivindico y exijo que se la valore tal y como se merece.

Yo amable lector ya soy un VIEJO y estoy encantado de serlo. En una etapa lejana de mi vida fui joven. Afortunadamente la sobreviví y superé con éxito esa etapa. Hoy soy viejo y han cambiado mis perspectivas. Ahora miro la vida de otra forma. Menos activa, más reflexiva y sosegada, aunque muchas veces, demasiadas, aun me indigno ante lo que nos está tocando vivir. Me indigno y deploro lo que estamos viviendo por nuestros hijos y nietos, pero esto sería tema para otro artículo.

Hace unas semanas, en una reunión de amigos en “Alto y Claro TV” donde había muchas “canas peinadas”, alguien dijo que para vivir una jubilación plena habría que tener tres actividades: Una cultural-intelectual, una artística y una física. De pronto vino a mi mente mi padre. Vivió la etapa de su jubilación hasta el final de sus días de forma plena, porque había ejercicio esos tres tipos de actividades junto a la mujer de su vida, mi madre. ¡Gracias por tu ejemplo, Papá! Yo también ya estoy en ello.

Ser viejo no ha de significar abandono, significa en muchos casos dejar de ser aquello que creíamos que era nuestro “yo”: abogado, gerente, electricista, arquitecto, médico, … y que en realidad no lo era. Alguien dijo una vez, no recuerdo quien, (¡Saludos Dr. Alzheimer!”) que todo eso no eran más que “juegos de monos”. Ahora uno puede volver a ser uno mismo, lo que es, lo que en realidad siempre fue y que es lo realmente importante en la vida: Individuo, esposo, padre, abuelo, amigo, pariente… Si encaramos positivamente esta nueva etapa, podremos darnos cuenta de su riqueza y las posibilidades que tiene de un nuevo crecimiento personal. Decía la “Desiderata” en una de sus estrofas: “Acata dócilmente el consejo de los años, abandonado con donaire las cosas de la juventud

No quisiera ponerme de ejemplo y discúlpame amable lector por estar haciéndolo. Hoy sigo estudiando por el placer de hacerlo, sin la presión de obtener un título, por el simple placer y curiosidad del saber por el saber. En mi juventud fui alpinista y escalador. Coroné cumbres altas y ascendí por paredes verticales. Hoy soy un senderista que goza del camino, que mira con cariño y sin envidia a los jóvenes que escalan altos picos o paredes imposibles. Un día yo también lo hice. Quizás ahora tenga tiempo de escuchar la música que no he tenido tiempo de escuchar. Leer los libros que tengo pendientes. Mejorar mis habilidades como fotógrafo y que sé yo que más se me ocurrirá.

Mi corolario es:

La vida me ha regalado el privilegio de envejecer, de ver crecer a mis hijos y comenzar a delegar, de haber podido ver a mis nietos y volver a ser un poco niño, casi libre de la responsabilidad de educar.

De acumular recuerdos y dejar atrás ambiciones, de mantener otras ilusiones y maravillarse de lo que la ciencia y la tecnología ha avanzado desde mi ya lejana niñez.

De ver a mi compañera con los ojos del cariño y manteniendo la pasión por ella.

A pesar de las «goteras» que mi físico va teniendo, no quiero quejarme. Cada arruga que cruza mi rostro es una experiencia vivida. Sí, ya voy siendo viejo y me encanta haber envejecido. Es un privilegio que desgraciadamente no todo el mundo tiene.

Cuido mi cuerpo comiendo sano y haciendo ejercicio. Es el vehículo con el que he transitado la vida hasta ahora y que me tiene que durar hasta el final. No tiene recambio.

Trato de cuidar mi mente con pensamientos positivos. Ha sido lo que lo me ha guiado hasta hoy y deseo que siga haciéndolo bien como hasta ahora.

El fragmento final de la Desiderata nos dice:

Cultiva la firmeza del espíritu para que te proteja de las adversidades repentinas, mas no te agotes con pensamientos oscuros, muchos temores nacen de la fatiga y la soledad.

Más allá de una sana disciplina, se benigno contigo mismo. Tú eres una criatura del universo, no menos que los árboles y las estrellas, tienes derecho a existir y sea que te resulte claro o no, indudablemente el universo marcha como debiera.

Por eso debes estar en paz con Dios, cualquiera que sea tu idea de Él. Y sean cualesquiera tus trabajos y aspiraciones, conserva la paz con tu alma en la bulliciosa confusión de la vida.

Aún con todas sus farsas, penalidades y sueños fallidos, el mundo es todavía hermoso.
Sé alegre. Esfuérzate por ser feliz

Albert Mesa Rey | Escritor