La mejora del mercado laboral, con una tasa de paro en descenso y una creación de contratos indefinidos, tiene sus claroscuros. Uno de ellos es el subempleo, es decir, los ocupados contratados a tiempo parcial que desearían trabajar a jornada completa.
La proporción de los trabajadores a tiempo parcial que lo hacen de manera involuntaria se ha estancado por encima del 50%, aún veinte puntos por encima del nivel previo a la crisis de 2008. Esto se traduce en que hay un porcentaje elevado de empleados que se tienen que conformar con trabajar menos horas y, por consiguiente, con una remuneración inferior.
No ha bajado la parcialidad de los contratos
A falta de conocer los datos del segundo trimestre a finales del mes de julio, la Encuesta de Población Activa (EPA) publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) refleja que en el primer trimestre del año, cuando la reforma laboral comenzaba a dar sus frutos según el Gobierno, la incidencia del tiempo parcial se mantuvo en el 14% y la tasa de subempleo se situó en el 53%, ligeramente por encima de la registrada en el mismo periodo de 2019 (52%) y muy por encima de la del primer trimestre de 2008 (32%), en los albores de la Gran Recesión, según se desprende del último estudio elaborado por Instituto EY-Sagardoy, BBVA Research y Fedea sobre el mercado laboral.
Contratos indefinidos, pero menos horas
Los economistas también destacan que los contratos indefinidos se han disparado con una reducción sin precedentes de los temporales, pero los que más aumentan en términos relativos son los fijos discontinuos y los indefinidos a tiempo parcial. En ambos casos, los trabajadores acumulan menos horas de trabajo que en un contrato indefinido a tiempo completo. Sobre este asunto, también advierten que si bien la ocupación supera ya el dato registrado en 2019 tanto en la EPA, como en la afiliación a la Seguridad Social y en la Contabilidad Nacional (CNTR); las horas trabajadas reflejadas en la EPA y la CNTR no han recuperado todavía los niveles prepandemia y son un 7% y un 5,5% inferiores a las de 2008, respectivamente.
En el caso de los contratos fijos discontinuos, también «la principal incógnita es si la transformación de temporales en indefinidos conseguirá o no aumentar el tiempo efectivo de trabajo». En particular, «para las actividades de carácter intermitente, no está claro ex ante si los periodos de actividad tenderán a ser mayores, menores o iguales que los que se hubieran producido con la concatenación de contratos temporales antes de la reforma», añaden los expertos en el informe. «Para saber si se está produciendo un aumento de la parcialidad hay que tener más información«, sentencian.
Los fijos discontinuos desatan la polémica
El gran crecimiento que ha experimentado esta última modalidad, la de los fijos discontinuos, ha desatado la polémica en los últimos días. Estos contratos se consideran indefinidos en las estadísticas del Ministerio de Trabajo y, durante los periodos en los que los trabajadores están inactivos, se inscriben como demandantes de empleo y cobran una prestación, no se contabilizan como parados. Por esta razón, el Partido Popular (PP) ha acusado al Gobierno de «maquillar» los datos del paro.
Esto no es un cambio reciente del Gobierno, pero antes de la reforma laboral los fijos discontinuos eran un colectivo minoritario, con un peso testimonial tanto en la afiliación como, en caso de contabilizarse, en el paro. Sin embargo, ahora se han convertido en la fórmula más frecuente de la nueva contratación por la eliminación de los contratos de obra y servicio. De esta forma, los fijos discontinuos se han multiplicado por nueve respecto a 2019, creándose 600.000 nuevos contratos en apenas tres meses.
A diferencia del Ministerio de Trabajo, el INE sí contabiliza como parados a los fijos discontinuos que verifiquen que han estado en contacto con una oficina pública o privada de empleo con el fin de encontrar trabajo. Finalmente, a los que no busquen empleo y no estén disponibles para trabajar, los considera «inactivos». De esta forma, en unos meses podría producirse un choque entre ambas estadísticas, cuando los nuevos miles de trabajadores fijos discontinuos interrumpan su actividad y afloren como nuevos parados.
(Con información de VozPopuli)