De la felicidad a la mentira | José Antonio Ruiz de la Hermosa

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Algunas personas que nos hemos criado en España en los años sesenta y setenta, es decir: esa época tan denostada por lo políticos de mayor edad, que fraguaron sus carreras a base de eso, de denostar y, tan atacada por otros políticos más jóvenes, que nacieron hace más o menos cuarenta años; no conseguimos dar crédito a lo que vemos.

En estos días del final de año, que si bien igual que ahora eran grises de luz y fríos de temperatura, los niños éramos felices y la felicidad nos venía de todas partes. Nosotros teníamos esa candidez de la infancia y esa chispa en los ojos de los niños que disfrutan de cada minuto, que se acuestan temprano y que temprano el “Día de Reyes” se despiertan para recoger los regalos que les han dejado los Magos de Oriente.

Pero las cosas han cambiado. Observo a mi alrededor a los pocos niños españoles que hay, que están sujetos casi a la condición de objetos, que si bien madrugan para ir a clase, ya no lo hacían, cuando sus padres todavía no habían entrado en ERTE o teletrabajan, era llevados envueltos como paquetes a casa de sus padres o a la guardería de pago más próxima. Y eso marca, tanto como la otra guardería, la tablet, el teléfono móvil o la tv, frente a las que se les situaba para que no molestaran a sus mayores.

En esos años en los que yo era adolescente un padre de familia trabajaba muchas horas al día, quizás en dos o incluso tres trabajos, el pluriempleo estaba a la orden del día, pueden verlo recreado en alguna película de Paco Martínez Soria, pero a los hijos no se les empaquetaba para llevarlos a algún sitio para que padre y madre fuesen mientras a trabajar. Y hablo por experiencia propia y colectiva, y no es que mi padre fuese un potentado, sino que durante muchos años fue de esos hombres que tenían un trabajo principal un segundo para apoyar económicamente en una casa y pagar las letras.

Porque las letras eran el “leiv motiv” de la cuestión. Cualquier español, mientras ascendía a esa clase media que quería el denostado dictador para estabilizar la Nación, trabajaba para obtenerlo y a pesar de esa multiplicidad de puestos de trabajo en cada persona, el paro oscilaba entorno o, por por debajo, del 5%, lo que ahora llaman paro técnico y que según los técnicos, no se debe tener en cuenta. ¿Qué me dice? Y entonces, ¿Los pobres emigrantes en Alemania?. Pues la respuesta también se la puede dar el cine español, el de verdad, no el de Almodóvar y sus travestidos personajes.

Un claro ejemplo es la película de Alfredo Landa: “Vente a Alemania Pepe”. En ella se cuentan varias historias de emigrantes que fueron a ganarse sus buenos marcos alemanes, pero no porque no tuvieran trabajo aquí, ¡no!, sino porque allí podían ganar mas dinero y a su vuelta invertirlo en ascender en la escala social. Pasen y vean esa y, otras películas de Landa o Martínez Soria, ninguno de los cuales, eran precisamente adoradores del Régimen. Pero que si supieron retratar su momento de vida.

Y ahí volvemos a las letras: el piso, el televisor, el coche. Éramos un país donde los hombres trabajaban de sol a sol, para poder tener un piso en propiedad en unos diez años y llenarlo de múltiples cachivaches que les metían en la primera sociedad de consumos. ¡Diez años!¿Que me dice?. Hoy son treinta y no siempre. Pues si, solo firmando letras, sin hipotecas de bancos en la mayoría de los casos. Doy fe de ello, pues así compraron su primer piso mis padres. Pero claro, no había declaración de la Renta, ni IVA, ni muchos otros impuestos que hoy tenemos. La presión fiscal era inferior al 10%, hoy supera el 55% en la mayoría de los casos. Ventajas de estar en Europa .

Y ¿Por qué no habla usted de las mujeres?. No se preocupe, ya llega el turno. Todo eso, lo anterior, no hubiese sido posible sin la entrega abnegada de las mujeres de esa época y de todas las épocas. La base de cualquier “Sociedad” es siempre la familia, lo ha sido desde tiempos inmemoriales. No solo en los humanos, también en los animales, sobretodo en los mamíferos, no tiene más que observar esa naturaleza, que tanto gusta y preocupa a las gentes, a esos que son tan naturalistas y tan ecologistas, pero que cuando van al campo hacen paellas, que provocan incendios y cuando se marchan dejan un vertedero a su paso.

Las mujeres de 1960, trabajaban en sus casas, sin más reconocimiento que el suyo propio y a veces el de su propia familia. Esas mujeres eran el pegamento de la familia. Y tenían sus hijos, cuidaban de ellos, los llevaban al colegio, les tenían su comida y su ropa a tiempo y se preocupaban muchas veces de ejercer de padre y madre por la ausencia horaria de muchos maridos. Esas mujeres entregaban su vida a la familia y al final la familia tendría que reconocerlo. Pero…

Los tiempos cambian, el proletariado ya es clase media y se mete en gastos y necesidades innecesarias, lo cual significa el triunfo del “marxismo”. Porque si ustedes leen a Marx y a Engels, así como a los demás teóricos, observan que la cuestión está en la igualdad, pero por abajo. La mujer estudia, también lo hacían antes, pero no fanfarroneaban de ello. Y que consigue el capitalismo, pues esas necesidades y la súper cantidad de mano de obra al no repartir los puestos que la naturaleza reparte. De como resultado dos cosas: más paro y bajada proporcional en la obtención de ingresos. En definitiva: el triunfo del marxismo.

Por eso cuando hace un par de años veía a esos niños a las siete de la mañana de casa de sus padres a la de sus abuelos, no entendía porque se entraba en el juego de la destrucción de la familia, algo que había supuesto el éxito de la Sociedad en los miles de años que llevamos de Historia. Sin embargo, hoy me daría con un canto en los dientes para que, no ya volviésemos a cuando la gente era feliz en los años sesenta, sino para ver a esos niños a las siete de la mañana. Ahora lo que veo es el siguiente paso de la destrucción de la Sociedad, en el cual, una nueva vuelta de tuerca nos lleva a bajar un escalón más desde la clase media, el ideal de cualquier padre de la Patria, hacia el proletariado y una vuelta atrás a 1984.

Porque ese es el objetivo de los archimillonarios, curiosamente coincidente con el de los “Sátrapas” que mandan en los Países Occidentales y con los representantes de la lucha del proletariado, que ahora son los representantes de la lucha de género o de cualquier otra que les signifique un beneficio económico o la mariscada de cada día en el restaurante de lujo. Porque siento desilusionar a mis compañeros de la facultad cuando se corría delante de los grises, pero los que querían la lucha de clases, para elevar dignamente a los trabajadores, han conseguido su objetivo, que no es otro, que una buena mariscada y la subvención nuestra de cada día.

Casi seguro que no están de acuerdo conmigo. Yo seguramente tampoco lo estaría, pero tengo buena memoria y cuando teníamos ansias de libertad, igualdad y fraternidad, no sabíamos que la situación actual consiste en que los hombres no tienen presunción de inocencia frente a las mujeres. No sabíamos que nos iban a restringir el poder salir a la calle, porque nos podemos poner malitos. O porque podemos poner malitos a los demás. Tampoco sabíamos, que las mentiras eran tan importantes, que había personajes que nos mentirían dos veces en la misma frase y de forma contraria, y que de paso, se lo llevarían crudo. Que asistimos a una sociedad muerta de miedo, solo por las mentiras de la prensa libre. No sabíamos, que era más fácil ser borrego, que luchador. Y ¡OJO! con el comisariado del pueblo para asuntos internos, algo que empieza a estar muy cerca.

¡Por favor, abran los ojos!. Y ahí lo dejo…

José Antonio Ruiz de la Hermosa | Escritor