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Las negociaciones de última hora definen el mapa político de España. El plazo para registrar coaliciones de cara a las elecciones generales del 29 de noviembre (29-N) venció ayer viernes 16 de octubre a medianoche, exactamente a las 00:00 horas, ante la Junta Electoral Central. Este hito del calendario electoral desató intensos movimientos estratégicos en los despachos, donde la necesidad de maximizar el rendimiento de los votos obliga a los partidos a dejar de lado sus diferencias o, por el contrario, a asumir el riesgo de la fragmentación en las urnas. La política contemporánea demuestra de manera recurrente que las coaliciones electorales ya no constituyen una opción secundaria, sino la herramienta indispensable para articular cualquier mayoría parlamentaria viable en el Congreso de los Diputados.
La extrema izquierda dividida: Podemos rompe la baraja
La atención de los analistas políticos se concentró prioritariamente en el espacio situado en la extrema izquierda donde se libró una batalla contrarreloj por la unificación del voto comunista. El proyecto electoral del Frente Amplio, que integra por ahora a Más Madrid, Catalunya en Comú, Movimiento Sumar e Izquierda Unida, agotó los minutos para intentar incorporar a Podemos que al final irá por libre. Las tensiones internas y los vetos cruzados del pasado dificultan el entendimiento, aunque los líderes de la confluencia mantienen la presión pública para evitar la dispersión del voto en las circunscripciones clave. Esta división le viene muy bien a Pedro Sánchez que ganará un buen nicho de votos.
El factor territorial y el veto de Izquierda Unida
La complejidad del acuerdo aumenta por la estrategia de alianzas que Podemos desarrolla en Cataluña. En la actualidad, el partido liderado por la comunista Irene Montero mantiene una alianza de alcance federal con Esquerra Republicana, liderado por Gabriel Rufián, uno de los principales referentes de la izquierda catalana. Esta entente periférica añade un elemento de fricción en las negociaciones estatales. El diputado catalán mantiene su estrategia vinculada al pacto con la formación comunista.
De forma paralela al escenario catalán, Podemos intenta tejer alianzas parciales para asegurar su supervivencia institucional en el resto del territorio español. La formación comunista planteó a Izquierda Unida (IU) acuerdos de cooperación en una decena de comunidades autónomas: Galicia, Asturias, Cantabria, Euskadi, Navarra, Castilla y León, Castilla-La Mancha, la Región de Murcia, Extremadura y Andalucía. La dirección morada busca recuperar en esos territorios fórmulas similares a las de la antigua Unidas Podemos, lo que podría facilitar un acercamiento con Frente Amplio. Sin embargo, esta estrategia fragmentaria choca frontalmente con la postura de la dirección central de IU. El coordinador federal de Izquierda Unida, el máximo dirigente del PCE, Antonio Maíllo, rechazó de manera tajante entablar negociaciones bilaterales o «troceadas» al margen del marco global de la coalición, exigiendo un pacto único, estatal y simétrico.
Acuerdos regionales
Mientras la extrema izquierda dirime sus diferencias estructurales, el mapa de coaliciones territoriales avanza con dinámicas propias en el resto de España. En Navarra, el Partido Popular (PP) y Unión del Pueblo Navarro (UPN) acordaron concurrir juntos a las urnas para unificar el voto del centro-derecha foral, aunque por el momento las formaciones no anuncian públicamente quién encabezará la lista conjunta. Por su parte, el archipiélago canario ofrece el ejemplo inverso de confluencia total en el espectro comunista. Las fuerzas de la extrema izquierda de las islas registraron la marca Unidad del Pueblo Canario (UPC), tal como señala El Cierre Digital, una coalición que agrupa a Nueva Canarias (NC), Movimiento Sumar, Izquierda Unida y Podemos. Ayoze Corujo, secretario de Organización de NC, calificó esta alianza de «histórica», al permitir concentrar en una única papeleta a la izquierda nacionalista y confederal.
El regreso del centrismo
El panorama electoral de estas elecciones generales del 29-N incluye también una reconfiguración del espacio centrista. La principal novedad la protagoniza Ciudadanos, que concurrirá a las elecciones del 29-N integrado en el proyecto Democracia 21, junto a la Unión de Ciudadanos Independientes (UCIN), bajo la denominación Democracia para el Siglo XXI. La candidatura, que cuenta con el respaldo de antiguos cargos de UPyD, estará encabezada por la abogada Miriam González Durántez. Esta formación se presenta como una alternativa liberal, centrista y reformista, orientada a la regeneración institucional, la lucha contra la corrupción y la modernización de las administraciones públicas. Esta formación restará algunos votos al PSOE pero, sobre todo, al PP, ya que le sale un contrincante por el centro.
La coalición PP-Vox
En el bloque de la derecha, el escenario nacional muestra una definición mucho más nítida en cuanto a la oferta electoral, renunciando a las listas conjuntas pero consolidando una sólida alianza de gobernabilidad. Aunque el PP y Vox rechazan integrarse en listas comunes y concurrirán por separado para maximizar sus respectivos perfiles ideológicos, la sintonía estratégica entre ambas formaciones resulta evidente. Diversos analistas coinciden en señalar la «existencia de un acuerdo estratégico entre PP y Vox, orientado a formar un Gobierno conjunto tras el 29-N con el objetivo de ‘desalojar’ a Pedro Sánchez de Moncloa».
Esta alianza táctica no escrita busca optimizar los resultados parlamentarios y garantizar una investidura rápida si la suma de ambos bloques alcanza la mayoría absoluta. El cambio de tono en la dirección de los populares facilita enormemente este entendimiento previo a la campaña electoral. Las recientes declaraciones de Alberto Núñez Feijóo, quien aseguró que «Vox no es nuestro enemigo ni nuestro adversario» y situó al Gobierno de Pedro Sánchez como el principal objetivo a batir, marcan de forma definitiva la hoja de ruta de la derecha de cara a la campaña. El pragmatismo se impone así en el bloque conservador, estableciendo un pacto de no agresión que simplifica el camino hacia un Ejecutivo de coalición tras el escrutinio del 29-N. ¿Le aplicará el PP a Vox el abrazo del oso?
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