China domina el mercado actual basándose en una estrategia histórica: generar dependencia comercial para conquistar Europa sin usar la fuerza.
Cada día vemos más productos chinos en nuestro día a día. Primero fueron productos un tanto inútiles y rocambolescos de bazar de todo a 100. Después, ropa, restaurantes, tiendas de todo tipo y móviles. Y ahora, coches. China comprendió hace 2.500 años que no siempre hace falta invadir a un rival. De hecho, su cultura no es tan fuerte en cuestiones de colonización, ya sea mediante la cultura, al estilo romano o hispano, o con foco en los recursos, al estilo anglosajón o centroeuropeo. China siempre ha preferido ‘conquistar’ mediante el comercio. Y su forma más eficaz para garantizarse esa supremacía sobre otros basada en el comercio consiste en hacerlo dependiente.
La lección de la historia: La estrategia del reino de Yue
Para entender mejor esta premisa es muy interesante estudiar algo de la historia de China, algo que en Occidente nunca se hace en las escuelas.
A finales del siglo V a. C., en la época en que en Grecia se vivía el siglo de Pericles y Leónidas libraba la famosa batalla de las Termópilas, popularizada por la película 300, en la incipiente China, dividida en varios reinos que no ocupaban más de una décima parte de su territorio actual, el gran reino del sur, Yue, buscaba derrotar al reino central de Wu, ubicado donde hoy está Pekín. Goujian, rey de Yue, no utilizó la fuerza para vencer, sino una estrategia muy distinta: con mucha paciencia, el reino de Yue acordó enviar todo el grano que necesitaban los ciudadanos de Wu para ser abastecidos —eso sí, hervido, para que no pudiera ser sembrado—, así como todos los artículos y herramientas que pudieran necesitar.
El colapso del Estado de Wu por sumisión comercial
Y así siguieron varias décadas, de manera que los artesanos de Wu olvidaron sus oficios, los campos del reino de Wu, abandonados, se llenaron de malas hierbas, y el pueblo de Wu se acostumbró a un nivel de vida que no era capaz de sostener por sí mismo. En menos de dos generaciones, sus artesanos olvidaron los oficios de sus padres y abuelos; los campos se volvieron infértiles; el ejército se fue reduciendo; sus gobernantes se volvieron vagos, inútiles y caprichosos. Y así, en el año 473 a. C., Yue se anexionó sin resistencia alguna el Estado de Wu, poniendo fin al período de Primaveras y Otoños y dando comienzo a lo que hoy es China como país.
El paralelismo actual: La sumisión industrial de Europa
Si se hace un paralelismo entre la conquista de Yue a Wu y la relación entre China y Europa actualmente, observamos bastantes coincidencias: nos inundan con sus productos, resuelven nuestros retos técnicos, fabrican nuestros paneles solares, proporcionan las tierras raras necesarias para nuestra economía ‘sostenible’, nos permiten comprar más barato y así elevar nuestro nivel de vida. Quizás la única diferencia es que nuestros gobernantes no sean vagos, inútiles ni caprichosos, ¿no?
Y así, Europa ha dejado de fabricar lo esencial y ha terminado necesitando a otro para mantener su industria, su energía, su movilidad, su tecnología y sus políticas verdes, azules y del color de moda que toque en Bruselas.
El diagnóstico tardío de las instituciones europeas
El Consejo de la UE aprobó en 2024 el Reglamento de Materias Primas Fundamentales precisamente porque la demanda europea de metales, materiales para baterías y tierras raras crecerá exponencialmente con la ‘transición energética’. El objetivo declarado es diversificar los suministros, reforzar el reciclaje y fortalecer la autonomía estratégica europea.
La energía verde tampoco escapa a esta dependencia. El Instituto de Estudios de Seguridad de la UE ha advertido de que China está integrada en las cadenas globales de suministro de energías renovables, dispositivos conectados y operadores del sistema energético europeo. En 2023 controlaba el 98 % de la producción mundial de obleas solares y alrededor del 85 % de la producción de paneles solares, según ese análisis.
Conclusión: El fin de la soberanía productiva
Estos números, emitidos por las propias instituciones europeas, no evidencian otra cosa sino que ya es tarde: nos acabamos de levantar somnolientos de una borrachera de productos chinos que nos han llevado a ser el pueblo más vago, irreverente e irresponsable en muchos siglos. Si en su círculo no conoce a nadie que trabaje fabricando móviles, coches eléctricos, maquinaria industrial o cables de alta tensión, ahí tiene usted la respuesta: si le preguntamos a cualquier chino, él sí conoce; probablemente a más de uno
Antonio Flores (subtítulos nuestros)
Tags: China, Europa, dependencia comercial, tierras raras, industria europea, geopolítica, transición energética




