La Campiña Segoviana, ese paisaje de horizontes infinitos donde el cereal se funde con el azul del cielo, se ha convertido en el kilómetro cero de una de las batallas ambientales y sociales más intensas de la última década en España. Tal como hemos señalado en Adelante España, en el centro de la diana está el Proyecto Otero, una mega-infraestructura fotovoltaica de 505 megavatios (MW) promovida por Iberdrola que pretende alicatar con paneles solares más de 1.200 hectáreas de terreno agrícola y forestal.
Frente a la apisonadora de las grandes eléctricas, un frente común compuesto por plataformas vecinales y colectivos ecologistas han levantado un muro de resistencia que combina la movilización a pie de calle con una ofensiva jurídica sin precedentes.
La batalla contra el Proyecto Otero se ha convertido en el símbolo de la resistencia del mundo rural frente al despliegue masivo de renovables sin planificación territorial
Los protagonistas de la resistencia: El frente civil
La lucha no tiene un solo rostro, sino una red de organizaciones que han sabido coordinar sus esfuerzos.
El músculo social lo pone SOS Campiña Segoviana, una plataforma ciudadana nacida de la indignación de los vecinos de municipios como Marazuela, Marazoleja y Anaya. Esta asociación ha logrado lo que parecía imposible: unir a agricultores, propietarios de tierras y residentes en una causa común contra lo que califican como un «colonialismo energético» que extrae la riqueza del territorio dejando a cambio un paisaje industrializado y yermo.
A la cabeza de la oposición técnica se encuentra Ecologistas en Acción Segovia, cuyos expertos han diseccionado cada página de los miles de folios que componen el proyecto para encontrar las fisuras legales que vulneran la normativa ambiental.
Junto a ellos, la vertiente conservacionista está liderada por SEO/BirdLife, la organización decana en la protección de las aves en España, que ha puesto el foco en el daño irreversible que el Proyecto Otero causaría a especies protegidas que habitan estas tierras de secano.
Éxitos conseguidos: El histórico «no» de 2022
La batalla ha tenido momentos de auténtica victoria épica. El mayor éxito del movimiento ecologista hasta la fecha se produjo en 2022, cuando el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) emitió una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) desfavorable. Fue un jarro de agua fría para Iberdrola y un espaldarazo para la sociedad civil.
En aquel momento, el Ministerio dio la razón a las alegaciones presentadas por Ecologistas en Acción y SEO/BirdLife, reconociendo que la planta, por su gigantismo, suponía una amenaza inasumible para la biodiversidad. El informe técnico fue demoledor: el Proyecto Otero afectaría de forma crítica a las poblaciones de aves esteparias, como la avutarda y el aguilucho cenizo, especies que encuentran en esta zona uno de sus últimos refugios. Este freno administrativo no fue un regalo, sino el resultado de años de presión, concentraciones frente a las sedes gubernamentales y una labor pedagógica que caló en la opinión pública.
El modelo en disputa: ¿Renovables para quién?
Los colectivos denuncian que proyectos como Otero responden a un modelo de «macroplantas» diseñado para el beneficio de las grandes compañías eléctricas, en este caso Iberdrola, ignorando las necesidades del mundo rural.
Lejos de oponerse a las energías renovables per se, las plataformas como SOS Campiña Segoviana defienden un modelo alternativo basado en tres pilares:
- Fomento del autoconsumo: Renovables SÍ, pero NO así: Exigen que la transición energética se realice mediante el autoconsumo y plantas de pequeña escala instaladas en suelos degradados o cerca de los centros industriales de consumo, en lugar de ocupar suelo agrícola de alta productividad.
- Protección de la soberanía alimentaria: Denuncian que proyectos como Otero —que afecta a los términos de Marazuela, Marazoleja y Anaya— condenan el futuro agrícola de la zona al transformar tierras de cultivo en infraestructuras industriales. Por ello, proponen que se prohíba por ley la instalación de macroproyectos en suelos agrícolas de alta productividad o en zonas de especial interés paisajístico.
- Planificación territorial: Alertan de que convertir la campiña en un polígono industrial energético pone en peligro el relevo generacional en la agricultura, la principal actividad económica de la comarca. Solicitan que la Junta de Castilla y León y el Gobierno central definan «zonas de exclusión» para proteger paisajes de alto valor ecológico y evitar que el mundo rural se convierta en una zona de sacrificio energético.
Próximas acciones: Un calendario de movilizaciones
El movimiento ecologista segoviano no piensa dar un paso atrás. El calendario para los próximos meses está marcado por la intensidad:
- Ofensiva en el Registro: Se están coordinando nuevas campañas de alegaciones masivas ante cada nueva modificación que la empresa presenta en el área de Industria y Energía.
- Presión en las instituciones: Los colectivos están manteniendo reuniones con los grupos políticos en las Cortes de Castilla y León para exigir una moratoria a los macroproyectos fotovoltaicos hasta que exista una ordenación del territorio real.
- Acciones de visibilización: Bajo el paraguas de la Coordinadora Estatal Stop Ganadería Industrial y Macro-Renovables, se preparan marchas y concentraciones en Segovia capital para llevar el clamor del campo a las puertas de la Delegación del Gobierno.
La batalla por el Proyecto Otero se ha convertido en una cuestión de dignidad rural. Como señalan desde la plataforma, no solo se están defendiendo unas parcelas de tierra; se está defendiendo un modo de vida y el derecho de los pueblos a decidir su propio futuro. En la Campiña Segoviana, el sol ya no es solo una fuente de energía, es la llama que alimenta una resistencia que promete no apagarse hasta que el «mar de cristal» desaparezca del horizonte.
… continuará …
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