Los días 17 y 18 de abril de 2026, Barcelona acogerá la primera Global Progressive Mobilisation (GPM), un macroevento organizado por el Partido de los Socialistas Europeos (PES) con Pedro Sánchez y Stefan Löfven al frente y el respaldo explícito de Lula da Silva. Más de 3.000 asistentes, 116 ponentes de 40 países y ocho jefes de Estado o de Gobierno se darán cita en la Fira de Barcelona – Gran Via. Se vende como un “espacio independiente” para unir a la izquierda frente a la “extrema derecha” y Trump. Pero basta rascar un poco para descubrir que bajo la alfombra roja se esconde una red de influencias millonarias, opacidad financiera y un currículum judicial que avergonzaría a cualquier demócrata.
El propio Sánchez quiere erigirse como el gran referente de la izquierda mundial y eje de la oposición al presidente estadounidense. Sin embargo, la lista de ponentes revela algo muy distinto: altos cargos de las Open Society Foundations de George Soros y de la Fundación Bill y Melinda Gates, junto a presidentes y ex presidentes con expedientes repletos de corrupción y, en varios casos, vínculos directos o indirectos con el narcotráfico.
Dinero público a espuertas y cero transparencia
Según la web oficial del evento, el Parlamento Europeo financia directamente la plataforma, aunque “toda la responsabilidad recae en el PES”. El PSOE es el anfitrión principal y cuenta con el apoyo de la Fundación Friedrich Ebert, la Foundation for European Progressive Studies (FEPS), la Internacional Socialista y la Alianza Progresista. El PES recibe cada año entre 9 y 10 millones de euros del presupuesto europeo, el segundo partido más subvencionado después del PP Europeo. En 2024, los partidos políticos europeos se repartieron 50 millones de dinero público. Las donaciones privadas al PES en 15 años suman… 2.280 euros.
Curiosamente, la FEPS —coorganizadora— fue sancionada en enero de 2025 por la Autoridad de Partidos Políticos Europeos por financiar indirectamente al Partido Laborista británico. Y ahora, una entidad multada por irregularidades financieras organiza un evento de millones de euros sin publicar ni un solo sponsor privado ni un presupuesto desglosado. Ni rastro de cuánto cuesta la seguridad, las salas o los 3.000 asistentes. Transparencia cero para quien predica regeneración democrática.
Soros y Gates entran por la puerta grande
Entre los ponentes figuran Pedro Abramovay, vicepresidente de Programas de Open Society Foundations para América Latina, y Joe Cerrell, director ejecutivo de Política Global de la Fundación Gates para Europa, Oriente Medio y Este de Asia. Ninguna de las dos fundaciones aparece como patrocinadora oficial, pero sus altos directivos sí estarán en el escenario. La presencia no es casual: es la confirmación de que esta cumbre forma parte de la red global que Soros y Gates llevan décadas tejiendo.
Los ponentes: un quién es quién de los escándalos
En España
En España, el propio Pedro Sánchez inaugura la cumbre mientras su esposa Begoña Gómez va a ser procesada por cuatro delitos (tráfico de influencias, corrupción, apropiación indebida e intrusismo). El caso Koldo, con José Luis Ábalos y Koldo García en el banquillo del Supremo por la trama de las mascarillas, arrancó el juicio oral el 7 de abril… diez días antes de que Sánchez dé la bienvenida a los “progresistas”.
José Luis Rodríguez Zapatero, otro ponente estrella, arrastra el mayor caso de corrupción de la democracia (ERE de Andalucía: 680 millones de euros) y una querella presentada en enero de 2026 ante la Audiencia Nacional por presunta colaboración con la estructura criminal de Nicolás Maduro, narcotráfico y blanqueo. Koldo García lo dijo sin rodeos: “Zapatero se ha hecho millonario a costa de Venezuela”.
Francina Armengol declarará como testigo en el mismo juicio del caso mascarillas: su Govern compró 1,5 millones de unidades defectuosas por 3,7 millones de euros.
Teresa Ribera, ahora comisaria europea, sigue bajo fuego por su gestión de la DANA de Valencia (229 muertos). Y Ana Redondo acumula 177 casos de presunta malversación de fondos contra la violencia de género… destinados a zumba, tacones y talleres de maquillaje.
En Iberoamérica
En Iberamérica el cuadro es aún más grave. Gustavo Petro, presidente de Colombia, sancionado en octubre de 2025 por el Departamento del Tesoro de EE.UU. por participar en el “comercio ilícito global de drogas”. La DEA lo ha designado “objetivo prioritario”. Lula da Silva, impulsor del evento, fue condenado a 26 años por Lava Jato, pasó 580 días en prisión y solo salió por cuestiones procesales. Ernesto Samper vio cómo su campaña de 1994 fue financiada con millones del Cartel de Cali, según las famosas “narcocasetes”.
A esto hay que sumar a António Costa (investigado en la Operação Influencer), Cyril Ramaphosa (escándalo Phala Phala con encubrimiento policial) y Yamandú Orsi, cuyo Gobierno uruguayo ya acumula dimisiones por irregularidades en sus primeros meses.
La Global Progressive Mobilisation no es un congreso: es el escaparate de una élite que predica moralidad mientras arrastra un equipaje judicial impresentable. Todo pagado con dinero público europeo y sin rendir cuentas. Merecemos saber quién financia realmente este circo, cuánto cuesta y por qué se sientan a la misma mesa presidentes sancionados por narcotráfico y líderes con causas abiertas por corrupción. Con estos socialistas, parece que la transparencia solo se exige cuando conviene.
José María Romero | escritor
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