Ya no son baches, ahora ves socavones en la autopista. El 11,8% de la red, es decir, 3.122 kilómetros, presenta riesgo elevado o muy elevado.
España entra en una nueva fase de decadencia estructural. España en ruinas ya no es un eslogan político, sino una realidad medible: el riesgo de sufrir un accidente grave o mortal en autopistas y autovías aumenta por primera vez en 15 años. El país que presumía de infraestructuras modernas – ya sean ferroviaria o carreteras- ahora circula por vías deterioradas, mal mantenidas y peligrosas.
El último informe del RACC confirma lo que millones de conductores sufren cada día: el abandono del mantenimiento convierte las carreteras en una amenaza directa para la vida. El Estado deja de proteger a los ciudadanos y normaliza el deterioro como si fuera inevitable.
España en ruinas y el colapso de las infraestructuras
El índice de riesgo en autopistas y autovías de la Red de Carreteras del Estado (RCE) pasa de 6,1 a 6,4, según la 22ª edición del estudio iRAP (2022-2024).
El informe analiza 26.470 kilómetros de vías estatales y revela un dato demoledor: el 11,8% de la red, es decir, 3.122 kilómetros, presenta riesgo elevado o muy elevado. España no solo envejece demográficamente. También envejece físicamente.
El contraste que confirma el fracaso
Mientras las autopistas empeoran, las carreteras convencionales tienen un problema añadido: los 10 tramos más peligrosos de España se encuentran en carreteras de calzada única, con un solo carril por sentido.
Esto confirma una realidad incómoda: el Estado deja morir las infraestructuras secundarias, especialmente en zonas rurales.
España en ruinas por falta de mantenimiento
Los grandes episodios recientes confirman el mismo patrón:
- El accidente de Adamuz.
- La DANA que colapsó infraestructuras.
- El apagón eléctrico.
- El deterioro continuo de presas.
- Y ahora las carreteras.
Todo responde a una misma causa: el Estado renuncia al mantenimiento básico.
Se gasta más en propaganda que en seguridad
El presupuesto prioriza estructuras y chiringuitos ideológicos, gasto político, redes clientelares y burocracia. Mientras tanto, se reduce la inversión en conservación de firmes, señalización, iluminación, drenaje, y control de riesgos.
España no carece de dinero. Carece de prioridades.
El abandono institucional
Un Estado que no mantiene sus infraestructuras pierde su razón de ser. La seguridad vial no es un lujo, es una obligación básica.
La información oficial publicada en el Boletín Oficial del Estado refleja cada año un aumento del gasto improductivo y una reducción constante del mantenimiento real. Esto provoca: más accidentes, más muertes, más costes sanitarios, más desconfianza ciudadana.
Un país que no mantiene sus carreteras está renunciando a proteger la vida de sus ciudadanos.
España no se hunde por mala suerte. Se hunde por mala gestión política, por negligencia. Un Estado que deja morir sus carreteras deja morir también su credibilidad y a las personas. La seguridad vial o ferroviaria refleja el nivel real de un país, no los discursos vacíos y demagógicos oficiales.
Hoy España se parece más a un Estado que administra ruinas que a una nación moderna. Se protege más la ideología sectaria que la vida. Se financia más la propaganda que el asfalto.
La carretera es el espejo del sistema. Y lo que refleja es claro: España ya no avanza. España está en ruinas.
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