Vox tendrá que convertir su fuerza territorial en opción real de Gobierno en el camino hacia La Moncloa sin renunciar a su esencia ni principios.
Vox puede llegar a La Moncloa, puede convertirse en una alternativa de gobierno. Esto ya no pertenece al terreno de la especulación. Vox se encuentra en un momento decisivo. Puede seguir como fuerza secundaria con un cierto poder territorial o puede dar el salto real hacia el Gobierno de España. Pero para ello tiene que solucionar una serie de desafíos internos y estratégicos de Vox para convertirse en alternativa de gobierno
Nunca acumuló tanto poder institucional y las próximas elecciones autonómicas lo confirmarán. Nunca influyó tanto sobre el Partido Popular. De hecho en algunos aspectos empieza a marcar la agenda pública. Sin embargo, nunca afrontó tantas contradicciones internas ni tantos frentes abiertos que ponen en riesgo su credibilidad.
La estrategia diseñada por Vox busca consolidar presencia autonómica, tensar al PP y proyectar imagen de partido imprescindible.
Vox tiene 4 problemas que debe resolver antes de afrontar con garantías su asalto al poder.
1. El Búnker: Abascal–Ariza–Méndez Monasterio
Dentro de Vox opera un aparato paralelo conocido como el búnker. El búnker dirige Vox desde la sombra. No ocupa cargos visibles. Se sitúa fuera de la estructura formal del partido. no obstante toma decisiones estratégicas que influyen en su dirección. Todo el mundo en el partido lo sabe. Dos nombres concentran ese poder: Kiko Méndez-Monasterio y Gabriel Ariza, hijo de Julio Ariza, presidente de El Toro TV. El eje.Santiago Abascal -Kiko Méndez-Monasterio y la familia Ariza lo controlan y lo dirigen todo.
Ese es uno de los grandes problemas que tiene para llegar a ser una alternativa de gobierno: Vox no puede funcionar con una dirección paralela sin control orgánico real. Eso sería una forma de tender a una deriva dictatorial como la de Pedro Sánchez.
Kiko Méndez-Monasterio actúa como asesor clave y mano derecha de Abascal. Es el gurú de Abascal. Recibe unos 26.700 euros mensuales a través de una sociedad limitada. Este dato genera malestar interno y erosiona la imagen de austeridad del partido.
Por su parte, la familia Ariza, propietaria de Intereconomía, Infovaticana y El Toro TV, aporta apoyo mediático constante. Sin ellos, Vox carecería de altavoces propios.
Este núcleo o bunker controla el mensaje, las listas y las purgas internas. Vox necesita estructuras sólidas, no un partido personalista. Lo constatan en Vox donde una fuente señala que, “sin estructura democrática interna, Vox nunca gobernará España.”
2. Falta de discurso social sólido
Otro de los grandes problemas de Vox para llegar a La Moncloa radica en su debilidad social. Vox domina el discurso identitario: España, inmigración, memoria histórica. Ha conseguido su nicho de mercado. Sin embargo, gobernar exige mucho más. Necesita tener un programa y un proyecto ideológico y social,
La clase media y trabajadora exige soluciones reales a problemas concretos como la vivienda, los impuestos, la familia, la vida, el modelo de Estado, la educación y el empleo. Estos asuntos deben ocupar el centro del discurso político si Vox aspira a gobernar.
Vox ha empezado a hablar de vivienda. En Madrid propuso liberalizar suelo, bajar impuestos y penalizar la okupación. Pero el problema no se limita solo a los okupas. Se trata de defender la propiedad privada como pilar esencial de la libertad individual.
Pero no basta con ello. Vox tiene que hablar claro, muy claro sobre la familia natural, la defensa de la vida o la lucha contra la ideología de género y trans. Vox debe tener un compromiso firme con la libertad educativa y religiosa. No quieren ingeniería doctrinal ni discursos vacíos, sino posiciones claras y coherentes. Eso es lo que tiene que ofrecer Vox si quiere ser alternativa de gobierno.
Además, Vox debe definir sin ambigüedades el modelo de Estado que propone para España. Tiene que decidir si seguirá respaldando el Estado de las Autonomías, un sistema que ha fragmentado la nación y ha generado ineficiencia, desigualdad y pérdida de soberanía.
Son muchos los ámbitos en los que se detectan carencias graves en el discurso programático de Vox. Cada vez más voces acusan al partido de reproducir la estrategia del PP: programas imprecisos para mantener las manos libres y hacer después lo que convenga. Con Vox, esa fórmula ya no funciona
Si Vox renuncia a su esencia para captar votos, se convertirá en otro PP. Ese camino ya fracasó. Vox debe defender sin complejos la familia, la cultura de la vida y la soberanía nacional si quiere ser algo más que una fuerza coyuntural, una alternativa de gobierno.
3. La sombra de Trump y la falsa soberanía
Abascal lidera la plataforma Patriotas por Europa. Se presenta como alternativa soberanista frente al globalismo de Bruselas. Sin embargo, la relación con Donald Trump genera dudas. Mientras líderes como Jordan Bardella o Alice Weidel critican medidas de Estados Unidos que perjudican a Europa, Vox guarda silencio. Washington impone decisiones que afectan directamente a España.
Abascal asegura que Vox solo responde a los intereses españoles, pero la realidad muestra una dependencia ideológica evidente de Estados Unidos. La admiración acrítica hacia determinados referentes norteamericanos, especialmente en el entorno de Trump, proyecta la imagen de un soberanismo importado, más simbólico que real. Mientras EEUU adopta decisiones que perjudican directamente a España en materia económica, energética o geopolítica, Vox guarda silencio o evita la confrontación. Esa actitud genera una contradicción difícil de sostener: no se puede predicar soberanía nacional mientras se asume sin matices el marco estratégico de otra potencia.
Vox debe aclarar de forma urgente qué posición mantiene respecto a la Unión Europea en las condiciones actuales. Tiene que decidir si apuesta por una Europa de las naciones, basada en la cooperación entre Estados soberanos, o si acepta la actual UE burocrática, centralista y sometida a agendas globalistas. No basta con criticar a Bruselas y sus políticas, en abstracto. Hay que concretar qué reformas propone, qué tratados cuestiona y hasta dónde está dispuesto a llegar para defender la soberanía política, económica y cultural de España dentro —o fuera— del actual proyecto europeo.
Vox debe elegir: liderar una soberanía real o actuar como satélite de EEUU y de la UE.
4. Purgas internas y el caso Ortega Smith
La disciplina interna siempre definió a Vox. Sin embargo, la defenestración de Javier Ortega Smith ha abierto grietas visibles. Ortega Smith pasó del núcleo duro al gallinero del Congreso. Vox lo apartó como candidato a la alcaldía de Madrid en 2027.
Es lógico que quien traicione principios se marche a otro partido, No se entiende que se purgue a personas por protagonismo o celos internos. Estas purgas transmiten una imagen autoritaria. Vox necesita unidad, no miedo interno.
En resumen, los problemas de Vox para llegar a La Moncloa no proceden de sus enemigos. Nacen dentro del propio partido. Tiene que solucionarlos si quiere ser una verdadera alternativa de gobierno.
Vox tiene base social, un cierto discurso claro y espacio electoral. Pero arrastra personalismo, dependencia mediática, dependencia en política exterior, falta de un claro programa social en defensa de la familia, la vida y la educación y una falta de concreción hacia el modelo de Estado que quiere.
Vox debe decidir si quiere ser instrumento histórico o simple plataforma de poder y un partido bisagra. La diferencia marcará su futuro… y el de España.
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