Alternativa soberanista ante la inmigración masiva e islamismo (II)

inmigración masiva e islamismo

Son muchas las personas que, tras leer el artículo «La estrategia de la alternativa soberanista: «Desplegar tácticas flexibles con fines estratégicos firmes», nos han señalado que el planteamiento estratégico resulta muy acertado, innovador y necesario, pero que adolece de una mayor concreción en el terreno práctico. La reflexión teórica convence, pero la política real exige ejemplos claros, decisiones reconocibles y líneas de actuación aplicables.

Por ese motivo, vamos a iniciar una serie de artículos en los que vamos a descender al terreno de los hechos, abordando casos concretos y propuestas operativas en los grandes ejes que hoy definen la batalla de la alternativa soberanista.

El objetivo es claro: señalar los posibles errores en los que puede caer la alternativa soberanista así como definir vías de actuación donde se puede avanzar, ganar posiciones y marcar agenda sin renunciar a la esencia, sin diluir los principios y sin caer en el cortoplacismo, ofreciendo herramientas útiles para instituciones y partidos que aspiran a defender la nación, la soberanía y el bien común con coherencia y firmeza. Es obvio que se debe considerar como una primera aproximación a partir de la cuál hay que trabajar

Inmigración masiva e islamismo

El primero los temas es el el de la inmigración masiva que se ha convertido en uno de los principales desafíos políticos, sociales, religiosos y culturales de España, y de Europa. Para el movimiento soberanista, este fenómeno no constituye solo un problema de gestión, sino una cuestión de supervivencia nacional. Sin embargo, demasiadas veces se repite el mismo error: confundir la flexibilidad táctica con la renuncia estratégica, diluyendo el discurso hasta hacerlo irrelevante.

Parar la inmigración masiva, y de forma particular la inmigración masiva islamista, exige una estrategia clara, firme y no negociable. Las tácticas pueden variar según el contexto político, mediático o electoral. La estrategia no. Cuando se pierde esa distinción, el soberanismo se convierte en gestor del desastre que dice combatir.

El principio irrenunciable: soberanía, seguridad y continuidad cultural

El punto de partida resulta innegociable: ningún Estado soberano puede aceptar flujos migratorios masivos e incontrolados que alteren su cohesión social, su seguridad y su identidad cultural y católica que forman parte de su esencia e identidad. Menos aún cuando una parte significativa de esa inmigración procede de entornos donde el islam político impregna la vida social, jurídica y religiosa.

Aceptar la inmigración masiva islamista como un fenómeno inevitable supone asumir la sustitución demográfica, la pérdida de la esencia e identidad española, la fragmentación social y el aumento de conflictos culturales. Aquí no cabe ambigüedad estratégica. La soberanía implica decidir quién entra, en qué condiciones y con qué límites.

Presentamos ocho casos representativos, -no son los únicos- que se pueden dar dentro de la alternativa soberanista, tanto en partidos como en la sociedad civil. Cada uno de estos ejemplos incluye propuestas concretas de actuación..

Caso 1: aceptar la inmigración ilegal como “hecho consumado”

Un error frecuente aparece cuando los partidos soberanistas e instituciones asumen que la inmigración ilegal ya presente debe regularizarse “por humanidad” o “por pragmatismo”. Es la lógica de diversas instituciones sociales y eclesiales. Esta lógica convierte la ilegalidad en incentivo.

Cada regularización masiva actúa como llamada. Cada concesión debilita la autoridad del Estado. El supuesto éxito táctico genera un efecto dominó multiplicador devastador.

Ante esto una alternativa soberanista viable sería la de separar claramente la ayuda humanitaria del estatus legal. Se puede atender a personas en situación de necesidad sin conceder residencia ni derechos políticos. Son cuestiones distintas. La repatriación efectiva, rápida y sistemática debe formar parte del discurso y de la práctica. No como castigo, sino como justicia y defensa del orden jurídico nacional.

Caso 2: suavizar el discurso para “no parecer radical”

Muchos partidos e incluso soberanistas y agentes sociales han optado por edulcorar su mensaje. Sustituyen términos claros por eufemismos técnicos. Hablan de “mejor integración”, «multiculturalismo» o “ordenar flujos” sin mencionar el problema real: la inmigración masiva ilegal y la incompatibilidad cultural del islam político con los valores occidentales.

El resultado siempre es el mismo. No convencen al votante de izquierda y desmovilizan a su electorado natural. Además, permiten que el adversario imponga el marco moral del debate. Ya han ganado la batalla del relato.

Aquí hay una alternativa viable: mantener una posición firme en los principios, pero ganar el relato. El debate de las ideas es fundamental. Hay que construir una narrativa nueva que diga de otra forma las mismas cosas, No se puede renunciar a decir las cosas por su nombre pero logrando que el relato cale en la sociedad. La estrategia permanece: frenar la inmigración masiva y defender la identidad nacional. La táctica adapta el relato, no el contenido.

Caso 3: renunciar a señalar el problema islamista

Muchos actores soberanistas hablan de inmigración en abstracto y evitan mencionar el islamismo por miedo a acusaciones de “islamofobia”. Este silencio constituye una renuncia estratégica. Es cobardía.

Los datos muestran una sobrerrepresentación de comunidades islamizadas en delitos graves, radicalización, imposición de normas paralelas y rechazo a la integración. Negar esta realidad impide cualquier solución eficaz.

La alternativa viable es la de centrar el debate en hechos, no en etiquetas. Analizar indicadores de integración, respeto a la ley, libertad religiosa y derechos de la mujer. Exigir adhesión explícita al marco constitucional y sancionar cualquier intento de imponer la sharía o normas culturales incompatibles.

Caso 4: confiar la solución a Bruselas

Algunos partidos soberanistas aceptan el marco migratorio de la Unión Europea y prometen “reformarlo desde dentro”. En la práctica, eso implica aceptar cuotas, repartos obligatorios y pérdida de control fronterizo.

Alternativa viable: recuperar competencias nacionales. Aceptar el control de Bruselas equivale a perder soberanía. La soberanía no se delega. Se ejerce. Ante ello, es fundamental el control de fronteras, acuerdos bilaterales con países de origen y tránsito, suspensión de tratados que impidan expulsiones efectivas.

Caso 5: reducir la política migratoria a una cuestión económica

Otro error consiste en justificar la inmigración masiva por necesidades laborales o demográficas. Este enfoque mercantiliza la nación y reduce a las personas a piezas intercambiables.

Alternativa viable: priorizar la natalidad, la familia y el empleo nacional. La natalidad española asegura el futuro de la sociedad. La inmigración no debe sustituir políticas de apoyo a la familia ni servir para abaratar salarios. Defender fronteras también protege al trabajador nacional.

Caso 6: abandonar la batalla cultural, religiosa y educativa

La inmigración islamista no solo plantea retos de seguridad, sino culturales y religiosos. Muchos partidos evitan este terreno y se limitan a propuestas policiales o administrativas.

Alternativa viable: una estrategia cultural y religiosa clara. Defensa de la cultura y católica nacional frente al islam político, de la igualdad entre hombres y mujeres y de la libertad religiosa frente a imposiciones comunitarias. Estamos orgullosos de formar una España católica que es el origen de nuestra Patria. Quien no acepte estas bases no puede formar parte del proyecto nacional.

Caso 7: miedo al conflicto mediático y judicial

El adversario utilizará tribunales, medios y ONG para frenar cualquier política firme. Muchos partidos e instituciones retroceden ante la presión.

Alternativa viable: anticiparse. Blindar jurídicamente las medidas, preparar argumentarios sólidos y asumir el conflicto como parte del proceso. La imprevisibilidad táctica confunde al rival, pero la estrategia permanece.

Caso 8: separar inmigración y seguridad

Negar la relación entre inmigración masiva islamista y seguridad constituye otro grave error recurrente. Se hace la política del avestruz. Si no la vinculo parece que no existe, pero la evidencia en barrios españoles y europeos resulta abrumadora.

Alternativa viable: tolerancia cero con la delincuencia extranjera. Expulsión automática tras condena. Fin de la protección administrativa a reincidentes. Seguridad ciudadana como eje soberanista.

Sin fronteras no hay nación

La inmigración masiva, y en particular la islamista, representa una prueba decisiva para la alterativa soberanista. Evitar el conflicto no garantiza estabilidad; la pospone y la agrava.

Parar la inmigración masiva exige estrategia firme, objetivos claros y tácticas flexibles. Exige decir la verdad, asumir costes y mantener coherencia. Un soberanismo que renuncia a controlar sus fronteras ya ha perdido la batalla antes de empezarla.

Solo desde la claridad estratégica, la presión acumulativa y la defensa sin complejos de la soberanía, la seguridad y la identidad cultural y religiosa, podrá el movimiento soberanista marcar agenda y ofrecer una alternativa real al suicidio político y demográfico que hoy se impone desde el globalismo.

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