Hacia un país de pobres

España de Sánchez más pobre

Sánchez no solo nos hace más pobres, es que nos quiere más pobres.

Se dispara la pobreza en la España de Sánchez: el número de beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital creció casi un 20% en 2025.

La España de Sánchez nos hace cada vez más pobres, No surge por accidente ni por una crisis inevitable. Responde a una estrategia política clara que apuesta por ampliar la dependencia del ciudadano respecto al Estado. Es un hecho.

Pedro Sánchez no solo empobrece a la clase media con inflación, impuestos y precariedad. Lo hace deliberadamente. Además, construye un sistema donde millones dependen de una paga pública para sobrevivir.

Este modelo no busca prosperidad ni movilidad social. Busca control político y sumisión electoral. El Gobierno no pretende aumentar el bienestar real, sino crear una red de dependencia permanente.

La izquierda ya experimentó este sistema en Andalucía con el PER. Ahora extiende el mismo esquema a escala nacional mediante el Ingreso Mínimo Vital (IMV). La España de Sánchez se convierte así en un país donde trabajar, ahorrar y emprender pierde sentido frente a la subvención. Nos convierte en un país de dependientes, de subvencionados,… de esclavos.

El Ingreso Mínimo Vital se dispara en 2025

Los datos oficiales confirman esta deriva. El número de beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital (IMV) creció en 393.892 personas durante 2025, hasta alcanzar 2,44 millones, lo que supone un 19% más que en 2024, según la Seguridad Social.

El IMV, diseñado para hogares vulnerables sin ingresos suficientes, para prevenir el riesgo de pobreza y exclusión socia resulta compatible con rentas laborales siempre que no superen un umbral mínimo. Este diseño desincentiva el esfuerzo y penaliza el ascenso social.

A cierre de diciembre de 2025, 799.553 familias recibían esta prestación, 125.800 más que el año anterior. Más de dos tercios de esos hogares incluyen menores de edad. Casi un millón de beneficiarios son niños y adolescentes. Esta realidad revela una tragedia social profunda: el Estado normaliza que familias enteras crezcan bajo subsidio permanente.

La España de Sánchez más pobre educa así a nuevas generaciones en la dependencia institucional, no en la cultura del trabajo, la responsabilidad y el esfuerzo.

Millones en gasto público para sostener la dependencia

La cuantía media del Ingreso Mínimo Vital alcanza 483,1 euros al mes. Esta cifra no saca a nadie de la pobreza, pero sí garantiza la fidelidad al sistema. Es lo que quieran. Te quieren dependientes y subvencionados.

El Gobierno destina miles de millones -supone un desembolso anual cercano a 5.000 millones de euros– a subsidios estructurales mientras castiga a autónomos, familias y empresas con impuestos crecientes y burocracia asfixiante.

La España de Sánchez más pobre no invierte en empleo estable ni en políticas familiares eficaces. Invierte en dependencia crónica y control social. Este modelo erosiona la dignidad personal, debilita la familia natural y destruye la cultura del mérito que sostiene cualquier nación próspera.

Un país de ciudadanos dependientes y un Estado cada vez más poderoso

El crecimiento del IMV no refleja una mejora social. Refleja un fracaso político y económico de enormes dimensiones. Cada nuevo beneficiario confirma que el sistema no genera oportunidades reales. Genera sumisión y miedo a perder la ayuda. Una España de Sánchez cada vez más pobre que avanza hacia una sociedad dividida entre una minoría productiva asfixiada y una mayoría dependiente del presupuesto público.

Este modelo recuerda a los experimentos de las dictaduras socialistas de Hispanoamérica, donde el subsidio sustituyó al salario y la propaganda ocultó la miseria. La pobreza se convierte en herramienta política. El Gobierno compra paz social a corto plazo a costa de hipotecar el futuro nacional.

Romper el círculo de pobreza y dependencia

La España de Sánchez cada vez más pobre no resulta inevitable. Resulta la consecuencia directa de decisiones ideológicas que desprecian el esfuerzo y la libertad económica. España necesita empleo digno, apoyo real a las familias y políticas que premien el trabajo, no la dependencia.

Romper este círculo exige denunciar el modelo, defender la dignidad del trabajador y recuperar una cultura de responsabilidad y libertad. El futuro de España no puede construirse sobre subsidios permanentes, sino sobre familias fuertes, empleo estable y una nación soberana.

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