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El ataque del Gobierno al Cristo de Felanitx destapa un odio visceral a la fe católica
Las agendas de propaganda gubernamental y los delirios revisionistas, de venganza y de odio que intentan reescribir la historia suelen encontrar su límite cuando chocan de frente con la verdad cronológica y el sentir mayoritario de los ciudadanos. Bajo el pretexto de una nefasta y mal llamada memoria democrática, el Ejecutivo de Pedro Sánchez vuelve a instrumentalizar las instituciones del Estado para dar rienda suelta a un sectarismo ideológico que ya busca la persecución sistemática del patrimonio y la cultura cristiana en España. El Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática que dirige el filomasón Ángel Víctor Torres ha admitido a trámite una solicitud impulsada por seudocolectivos memorialistas de extrema izquierda de Mallorca para catalogar como símbolo contrario a la Memoria Democrática -y, por tanto, derribar- el monumental Cristo Rey de Sant Salvador, un emblema religioso y patrimonial que corona desde hace casi un siglo el municipio mallorquín de Felanitx.
Esta última maniobra gubernamental demuestra de manera inequívoca que la actual Ley de Memoria Democrática sirve como un mero escudo legal para camuflar lo que, en realidad, constituye un indisimulable odio a la fe católica. Amparándose en la normativa vigente, el ala socialista-comunista del Ejecutivo y sus terminales asociativas persiguen cualquier vestigio de devoción sacra con el fin de vaciar el espacio público de referencias espirituales, sin importar que la historia contradiga directamente sus obsesivas tesis políticas. No estamos ante un ejercicio de reparación de las víctimas ni de clarificación histórica; estamos ante una ofensiva sectaria que agrede los sentimientos más profundos de las comunidades locales y que sitúa los símbolos de la Iglesia en el centro de una cacería ideológica permanente.
Una tramitación exprés impulsada por el radicalismo ideológico
La petición, adelantada por el diario Úima Hora y confirmada por El Debate, está encabezada por la asociación Memòria de Mallorca y el investigador Bartomeu Mestre, apoyados por una serie de firmantes, entre lo que destacan el expresidente del Parlamento Baltasar Picornell. Este núcleo de extrema izquierda ha dirigido su ofensiva contra una obra de arte sacro que forma parte indisoluble de la identidad mallorquina.
La rapidez con la que las oficinas gubernamentales en Madrid han procesado esta denuncia desvela la sintonía absoluta entre las facciones más extremistas del radicalismo político y el propio aparato del Estado. La celeridad con la que el departamento ministerial ha aceptado a trámite la solicitud ha sorprendido a los propios peticionarios, que reconocen que el Gobierno respondió «en seis días» cuando tenía seis meses de plazo. Mientras los expedientes de miles de ciudadanos corrientes se pudren durante meses en las ventanillas de una administración colapsada, el ministerio de la memoria activa toda su maquinaria en menos de una semana para agilizar la posible destrucción de un monumento católico.
El anacronismo histórico: un monumento erigido en plena Segunda República
Para forzar la aplicación de la esta ley ideológica y aberrante, los colectivos denunciantes recurren a interpretaciones estéticas retorcidas que carecen del más mínimo rigor académico o documental y a pesar de que la estatua fue bendecida e inaugurada el 1 de julio de 1934, durante el periodo republicano y dos años antes del inicio de la Guerra Civil. El colectivo comunista que ha impulsado la revisión del Cristo Rey de Felanitx argumenta principalmente que el saludo romano está «considerado un símbolo fascista», por lo que ha presentado ante el Ejecutivo de Pedro Sánchez un dosier documental con una treintena de fotografías y documentos de la época para solicitar que se retire del mirador de Felanitx.
El sectarismo de los denunciantes obvia de forma deliberada el calendario político de la época con tal de justificar su fobia religiosa. Lo más insólito de este proceso administrativo recién abierto es que la reinterpretación de este símbolo de fe cristiana, erigido en plena Segunda República, queda fuera del periodo que abarca la Ley de Memoria Democrática española (Ley 20/2022), que comprende desde el 18 de julio de 1936 hasta la entrada en vigor de la Constitución Española de 1978. La propia legislación se autoimpone un marco temporal estricto que arranca en julio de 1936, y el Cristo es de 1934. Vincular una estatua inaugurada bajo el amparo de las autoridades republicanas con una apología del régimen franquista posterior supone un salto lógico tan aberrante que solo puede explicarse desde el prejuicio ideológico y el odio a la cruz.
Los historiadores descartan la apología del franquismo
Frente a la manipulación burda del dosier memorialista, los expertos en historia del arte y del patrimonio balear se han visto obligados a recordar la verdad de los hechos para frenar este atropello cultural. La posible demolición del emblemático Cristo Rey de Felanitx ha alertado a los defensores del patrimonio histórico-artístico de las Islas, que ven con profunda preocupación la aplicación de la normativa de memoria sobre una obra sacra con un hondo arraigo devocional y cultural entre los vecinos y los habitantes de la isla. «No hay intención falangista» en este Cristo ni «apología del franquismo», descartan historiadores consultados.
El rigor de los investigadores desmonta de manera absoluta la argumentación del ministerio y sus asociados, evidenciando el carácter puramente revanchista de la iniciativa. Las mismas fuentes recuerdan que la Ley de Memoria se ciñe a la apología del golpe de Estado y la ofensa a las víctimas, por lo que el monumento del mirador de Sant Salvador no encajaría en las pretensiones revisionistas de este colectivo. La iconografía del Cristo Rey responde a una encíclica papal de la época y a corrientes escultóricas tradicionales, pero el fanatismo y el odio anticatólico del Gobierno prefiere asimilar cualquier gesto de majestad divina con una supuesta ofensa civil.
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