Cómo nos expresamos | Miguel Ángel Pérez Ruiz

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Diariamente estamos recibiendo informaciones y mensajes que se emiten por los medios de comunicación a los que solemos prestar más atención, principalmente la radio, la prensa escrita y la televisión. Quizá más por este último medio.

Sentarse ante el televisor para ver el contenido que emiten las distintas cadenas suele ser un hábito relativamente usual, sobre todo a ciertas horas del día en que las obligaciones laborales, familiares o de otro tipo no nos exigen que les prestemos mucha atención.  En este sentido, asistimos a una exposición de informaciones, opiniones, comentarios y/o interpretaciones de hechos que han sucedido o que pueden  suceder.

Lo usual es que dichos mensajes se expresen en la lengua oficial que utilizamos para comunicarnos: la lengua española. A este tipo de comunicación, la expresión por palabras, es al que prestamos más atención.

Sin embargo, en la transmisión de esos mensajes se combinan otra serie de códigos de expresión, no solo el uso de las palabras, conocido como código verbal.

Voy a tratar de exponer algunas reflexiones básicas sobre su existencia y leve enumeración de algunos de dichos lenguajes. Suelen pasar desapercibidos  pero contribuyen a que los mensajes se transmitan con mayor precisión. Es decir, que su expresión sea más completa e inteligible por parte de los receptores de los mismos aunque en la mayoría de las ocasiones no se les preste mucha atención.

Me refiero a los gestos que se hacen con las manos, la cabeza, el cuerpo, en general, y especialmente la cara, por enumerar los que suelen ser más percibidos por la mayoría de las personas que reciben esa comunicación.

Para entender mejor este objetivo propongo un experimento muy sencillo pero que le va a resultar probablemente novedoso y muy ilustrativo a quien lo lleve a cabo: la próxima vez que se siente ante el televisor baje el volumen hasta que no se oigan las palabras pronunciadas y trate de entender lo que están intentando comunicar quienes intervienen en esas imágenes.

Observará cómo esas personas adoptan distintas posturas, inciden de varias formas y con distinta intensidad en el significado de lo que quieren comunicar y, lo más común, realizan una serie de gestos con las manos, de manera más o menos ampulosa, que pretenden completar el significado de lo que intentan transmitir. Pero, ¿realmente completan ese significado o, en cierto modo, lo matizan e incluso pueden llegar a contradecirlo? Porque hay ciertos gestos que no parecen estar muy acordes con las palabras.

Otro de los canales de comunicación a tener en cuenta desde este punto de vista son los diarios impresos, los periódicos. Por un motivo especial: las fotografías de personas que aparecen completando la información escrita. Resultan muy ilustrativas y más sencillas de interpretar que las imágenes emitidas por televisión porque toda la información se concentra en una sola imagen.  Las personas fotografiadas también exhiben gestos y posturas, generalmente sin que sean muy conscientes de que iban a ser  fotografiados y decidiesen adoptar una u otra postura.

No es así en las fotos con objetivos comerciales, sobre todo en mensajes publicitarios, en los que abundan las posturas adoptadas como más vendedoras o favorecedoras del producto o servicio que se anuncia, sobre todo si se trata de anuncios de productos de belleza.  

En ese tipo de informaciones gráficas de los diarios, los fotógrafos suelen centrar su cámara en las caras de los protagonistas. Inevitablemente, aparecen algunos elementos que aportan significados bastante precisos sobre el estado emocional del sujeto en cuestión y que se perciben fundamentalmente en  la expresión de sus ojos. Lo más usual es que reflejen un sentimiento de atención, indiferencia, ira, paciencia, supuesta felicidad o cualquier otra emoción, que traduce en cierto modo el estado interior de esa persona.

Una expresión clásica de malestar suele aparecer reflejada mediante una toma muy lateral de la cara con los ojos muy abiertos y orientados hacia esa dirección desde la que se ha tomado la foto. La apertura mayor de los ojos y la dirección igualmente muy pronunciada del sentido de la mirada reflejará la intensidad de la emoción, desde una gran atención y/o expectación hasta un notable enfado.  

Inevitablemente, a la postura de los ojos suele ir unida la de las cejas, manifestada generalmente de manera más o  menos recta y elevada en las  expresiones de malestar e ira, o curvadas, si se trata de una emoción que no requiere el acompañamiento de una de las dos aludidas.

Otra toma fotográfica muy común suele llevarse a cabo desde una situación frontal, delante del fotografiado. Inicialmente, los puntos de la información más destacados se centran también en los ojos y las cejas aunque suelen ir acompañados por la expresión de las manos, elemento indispensable también en este tipo de tomas fotográficas.

En cualquier caso, es común encontrar un elemento polarizador de la atención, más destacado: los fotografiados casi siempre muestran una sonrisa muy notable, en un intento de aparentar un evidente estado de felicidad interior. Si  su estado es de cierta tranquilidad el gesto más común es posar con los brazos cruzados o las manos juntas en reposo, delante de su cintura.

A veces se les presenta manipulando un bolígrafo o lápiz, con fin de mantener las manos ocupadas, sin expresar con ellas gestos que capten especialmente la atención de la persona que recibe esa información, evitando así el objetivo principal que no es otro que la transmisión de un mensaje principal.

Este suele ser un truco muy empleado en las informaciones cursadas por medios audiovisuales, en los que se trata de  centrar  la atención del espectador en el mensaje que refleja la cara del locutor o locutora que expresa la información, aunque generalmente suelen ir acompañados de imágenes que complementan el mensaje principal. 

Naturalmente, toda esta transmisión de imágenes, sean fijas o audiovisuales, tienen un soporte significativo que acompaña al sujeto que las protagoniza: el vestuario. Este es un elemento muy personal, íntimamente ligado a la forma de ser, cultura y cualidades del sujeto en cuestión, así como al objetivo de la información. El vestuario es un elemento muy cuidado que añade significados a la personalidad del comunicador y que inevitablemente matiza el sentido de sus palabras. No es un secreto que dichas personas pasan por un despacho donde se les practican los retoques faciales y de vestimenta necesarios antes de su aparición presencial en púbico o ante una cámara de televisión para que su aspecto se adecúe a los fines de dicha comunicación e incluso los complete, objetivos todos de la comunicación que se pretenden con su presencia. 

Miguel Ángel Pérez Ruiz


Tags: Comunicación, Gestos, Televisión, Prensa, Fotografía, Imagen, Psicología

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