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La gestión institucional de la invasión de Ceuta por marroquíes exige una firmeza y una inmediatez que la Corona no ha sabido demostrar. Las declaraciones de Felipe VI durante la cena de gala con motivo de la visita de Estado del presidente francés, Emmanuel Macron, evidencian una preocupante desconexión con los acontecimientos y con la realidad de los ciudadanos ceutíes. El pronunciamiento oficial del monarca llega con un retraso injustificable respecto a los momentos más críticos vividos en Ceuta…y, sobre todo, con cobardía, eludiendo las responsabilidades.
Un silencio institucional de dos meses
Durante el encuentro bilateral con el mandatario galo, Felipe VI señaló la invasión de más de 80.000 marroquíes a finales de julio en Ceuta desde Marruecos «violando la frontera española, que es, también, una frontera europea, es inaceptable». Lo ocurrido, ha añadido el Rey durante la cena de gala con motivo de la visita de Estado de Macron, plantea también «un desafío mayúsculo, desde el punto de vista de seguridad y orden público y humanitario».
Romper el silencio dos meses después de la invasión de Ceuta por marroquíes —acontecida los días 30 y 31 de julio— resta toda la credibilidad al mensaje de la Corona. Mientras la población de la ciudad autónoma sufría la invasión con atracos, violaciones, robos, altercados y la incertidumbre en sus propias calles, el monarca disfrutaba de su periodo vacacional estival sin alterar su agenda ni emitir ningún comunicado de apoyo inmediato. Esta reacción tardía transmite una preocupante falta de sensibilidad hacia una parte fundamental del territorio nacional que requería un respaldo visible del jefe del Estado desde el primer minuto.
La elusión de la responsabilidad militar frente a Europa
El contenido del discurso real agrava la decepción institucional al desviar el foco de las obligaciones propias de España hacia la comunidad internacional. Felipe VI defendió que la entrada masiva de inmigrantes ilegales constituye una violación de la frontera española y por añadidura europea, sosteniendo que por tanto es «responsabilidad de todos» en la UE hacer frente a este «desafío mayúsculo». Esta insistencia en diluir la crisis dentro de las competencias de la Unión Europea supone un intento de esquivar y eludir la responsabilidad de la defensa de la soberanía nacional en un asunto de seguridad máxima.
La estrategia diplomática de trasladar la carga a Bruselas resulta inaceptable para la figura del monarca. Felipe VI ostenta el empleo de capitán general de los Ejércitos y el máximo rango militar en España según el ordenamiento legal. Que la máxima autoridad militar del país evite cualquier mención al despliegue, la capacidad o la acción del Ejército español en la defensa de sus fronteras legítimas constituye un desprecio a las Fuerzas Armadas y una burla hacia los ciudadanos que esperan la protección del Estado. Un capitán general debe respaldar de forma explícita a sus tropas en lugar de delegar la defensa de su suelo en la solidaridad de los socios extranjeros.
En definitiva, la respuesta de Felipe VI ante la invasión de Ceuta ha sido tarde, mala y cobarde. ¿Para esto está la monarquía? Quizás sea mejor que se vuelva a su veraneo. Así no molesta.
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