España: la hora de los cobardes, la hora de los valientes | Jesús Aguilar Marina

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El que cree que en el mundo los diablos nunca andan sin cuernos y los locos sin cascabeles, será siempre víctima o juguete de ellos. (Schopenhauer)

Bueno es el nombre de la paz, sus frutos gustosos y saludables, pero advertid que so color de paz no nos hagamos esclavos. (Juan de Mariana)

Esforcémonos de modo que cada uno de nosotros pueda considerarse a sí mismo como artífice de la victoria. (Jenofonte, Anábasis)

España se halla bajo la bota de un régimen político dirigido por el PSOE y aceptado por una casta partidocrática abominable. Para ellos la patria es una idea odiosa y su Estado un instrumento idóneo para el enriquecimiento personal y partidista. De facto, el régimen político desarrollado bajo la Farsa del 78 ha dejado paulatinamente de ser una monarquía parlamentaria para constituirse en partidocracia absolutista, dirigida por el socialcomunismo y sustentada por el Gran Capital y por los grupos antiespañoles o apátridas que aglutinan el nuevo frente popular.

Gracias a su corrompida Administración y a la trayectoria seguida por sus intereses, los acontecimientos acaecidos durante la Farsa del 78 —siempre espectaculares por sus consecuencias sociopolíticas degradantes y sobre todo por su impunidad— han ido adquiriendo sucesivamente resultados demoledores para la vida social y política española. El último y revelador suceso de traición institucional, poniendo a la españolísima ciudad de Ceuta de rodillas ante la barbarie inmigratoria, así lo manifiesta.

En el timón de la nave española se halla un hombre sin conciencia moral. Recae en él uno de los mayores pecados de que puede acusarse a un ser humano: el de ser desleal y traidor al viejo solar de sus mayores, y a su patria nativa. Tanto él como quienes lo apoyan van contra el derecho natural, contra el derecho divino y contra las costumbres y hábitos de la humanidad. Y, especialmente, contra España.

Que estamos gobernados por traidores es evidente. Ahora lo apremiante es conocer la profundidad de la traición, saber hasta dónde llega la degeneración del tejido institucional, hasta donde se ha deteriorado la honorabilidad de sus representantes. Con quién se puede contar para la imperiosa regeneración de la patria y de quién se debe prescindir y, en su caso, acusar y condenar. Usar con determinación y destreza el bisturí es ya ineludible. Y para los jabalíes, su cueva.

España no necesita héroes en esta hora de oscuridad y vulgaridad sociopolítica, sólo personas responsables juramentadas para actuar de acuerdo con la legalidad y la legitimidad. Y los españoles de bien quieren pensar que aún éstas existen en los estamentos del poder, que no todo el mundo destinado en las altas instancias ha vendido su honor al oro o al enemigo. O a la cobardía.

Los últimos acontecimientos corroboran lo que todos sabíamos: que a la puerta del furor y de la codicia están prestos los actuales gobernantes marroquíes y españoles; sólo nos falta saber quiénes lo están a las puertas del valor, del saber y de la prudencia. Y si tienen algo que decir contra las agitaciones injustas y violentas, y contra las demencias y delirios de los furiosos.

Para recuperar el honor de la patria y su prestigio internacional, resulta imperativo enfrentarse al despotismo sociopolítico y cultural que gobierna España, nucleado por el socialcomunismo y sustentado por el Nuevo Orden Esclavista. Es ya tiempo de que la nación sacuda el intolerable yugo de quienes con su deslealtad la están destruyendo y rindiendo a sus enemigos. Tiempo de desalojar del poder a un Gobierno oligofrénico y corrupto que la deshonra.

España no puede seguir soportando impávidamente las amenazas y provocaciones del Estado marroquí, ni sus delirantes reivindicaciones contra nuestro territorio. Tampoco es de recibo contemplar impertérritos la indiferencia despreciativa de Occidente ante nuestra debilidad y deshonor. España no puede continuar desangrándose en su prestigio ni en su honra. Nadie puede hacer que te sientas inferior sin tu consentimiento.

Alguien tiene que dar un paso para impedir esa sensación de afrenta y de inferioridad. No hay disparo más poderoso que el de alguien que se ha cargado de razón. Corona, Justicia y Fuerzas Armadas están ahí para algo. Ellas (al unísono) tienen que poner pies en pared contra el desorden. Lo dice explícitamente la Carta Magna. Acatar las decisiones de un mandatario psicópata, desleal y sospechoso de corrupción no es ni razonable ni objetivo, tampoco digno ni legal. La resignación, en esta hora terrible, es un suicidio cotidiano.

Cuando dirige la nave un piloto enloquecido en su propia maldad, dispuesto a arrojarla contra los escollos, la lógica dice que debe ser apartado del timón de inmediato, antes de que barco y ocupantes sufran un desastre fatal que pudo y debió ser evitado. No es que el timonel y sus colegas próximos no sepan lo que hacen. Saben muy bien que hacen mal. Pero lo siguen haciendo con premeditación y traición y, hasta la fecha, también con ventaja.

Y esta actitud malevolente se debe en parte a que su índole y su venalidad así se lo pide, y en parte por apoyos ocultos y por instinto de supervivencia, porque ya les es complicado descabalgar el tigre sin ser devorados. La historia del poder político español en esta hora no puede quedar sólo como la de la delincuencia nacional e internacional y del asesinato en masa. Alguien debe restablecer el sentido común, la legalidad y la legitimidad. La meta es partir. ¡Ya!

Jesús Aguilar Marina  | Poeta, crítico, articulista y narrador


Tags: España, Política, Instituciones, PSOE, Gobierno, Regeneración, Constitución.

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