Felipe VI, el Rey vasallo de Sánchez

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La capitulación de la Corona: Sánchez utiliza a un dócil Felipe VI para tapar la humillación fronteriza en Ceuta y Melilla

La degradación institucional de España ha alcanzado su cota más alarmante en las últimas horas. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, actúa ya de manera indisimulada como un tirano que dicta los movimientos del Rey, reduciendo la figura del monarca a la de un simple peón a su servicio. El anuncio de Sánchez de la próxima visita de Felipe VI a Ceuta y Melilla no emana de una iniciativa valiente de la Casa Real, sino de una orden directa de Pedro Sánchez. Durante su tardía comparecencia parlamentaria – más de 1 mes de tardanza- por la invasión marroquí de Ceuta, el presidente del Gobierno ha anunciado este jueves que su vasallo Felipe VI visitará Ceuta y Melilla «en las próximas semanas».

Esta puesta en escena retrata la debilidad de un rey que ha aceptado el papel de peón apagafuegos de un Ejecutivo acorralado. Según ha explicado Sánchez, la presencia del Rey pretende trasladar el «compromiso absoluto del Estado» con ambas ciudades españolas. Sin embargo, este despliegue de retórica institucional lo que transmite es el que el Rey irá a Ceuta cuando Sánchez quiera.

Dos décadas de un abandono cómplice e injustificable

El significado histórico de este viaje destapa una realidad vergonzosa para la propia Corona. Será la primera vez que Felipe VI viaje oficialmente a Ceuta y Melilla como jefe del Estado. No ha ido nunca, ni como príncipe ni como rey. Esta ausencia prolongada no constituye un despiste de agenda, sino una decisión consciente de sumisión ante los dictados de Rabat. Tanto la Moncloa como la Zarzuela han preferido mantener a los borbones alejados de las ciudades autónomas para no incomodar al dictador Mohamed VI, consolidando un abandono total a estas ciudades españolas que los ciudadanos de ambos lados del estrecho han tenido que soportar con resignación.

El desplazamiento del monarca llegará además después de más de un mes tras la invasión de más de 80.000 marroquíes el pasado 30 de julio. El Ejecutivo central permaneció paralizado permitiendo que las fronteras españolas colapsaban, y ahora pretende simular firmeza enviando al monarca semanas después de consumarse la humillación nacional. Felipe VI acude a la zona no a ejercer una defensa firme de la integridad territorial, sino a validar el relato de normalidad que la factoría propagandística de la Moncloa necesita desesperadamente imponer en los informativos.

El contraste con el pasado y el miedo a la reacción de Marruecos

La memoria histórica del parqué diplomático demuestra que la soberanía nacional requiere valentía, una cualidad que brilla por su ausencia en el panorama político actual tanto en el gobierno de Sánchez como en la Corona. El último viaje de un monarca español a ambas ciudades se produjo en 2007. Entonces, Juan Carlos I y la Reina Sofía realizaron una visita oficial a Ceuta y Melilla. Aquel desplazamiento provocó una reacción inmediata de Marruecos. Marruecos mostró su rechazo y llamó a consultas a su embajador en Madrid.

Casi dos décadas después, Felipe VI viajará- cuando lo determine su amo Sánchez- a las dos ciudades en un contexto nuevamente condicionado por las relaciones entre España y Marruecos. La gran incógnita reside en saber si el Palacio Real marroquí ya ha dado su visto bueno a este viaje a las ciudades españolas o si la Moncloa sufrirá un nuevo desplante de su supuesto socio prioritario. El silencio de la Zarzuela ante las continuas provocaciones norteafricanas evidencia que la Corona ha asumido la doctrina de la claudicación que caracteriza el mandato de Pedro Sánchez.

Una Corona sometida a los caprichos del presidente

Por el momento, Sánchez no ha concretado las fechas exactas del desplazamiento y únicamente ha señalado que se producirá «en las próximas semanas». Esta falta de concreción demuestra que la agenda del jefe del Estado depende exclusivamente de los intereses partidistas del presidente, quien maneja los tiempos de la Corona a su antojo. El sanchismo utiliza los símbolos nacionales como un escudo protector para esquivar el control parlamentario y la indignación de una sociedad harta de cesiones unilaterales.

La soberanía de un país se defiende con hechos, presupuestos y firmeza militar, no con visitas coreografiadas a remolque de las crisis. Ceuta y Melilla merecen el respeto de un Estado que las proteja de forma constante, y no la utilización oportunista de un monarca que acude al flanco sur obligado por las urgencias de un Gobierno acorralado. Esta claudicación conjunta de Sánchez y Felipe VI ante las presiones exteriores quedará grabada como uno de los episodios más tristes de la historia española.


Tags: Rey, Borbones, Moncloa, Frontera, Soberanía, Ceuta, Melilla

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